Comentario al evangelio del domingo 15 de noviembre de 2026
Mt 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y les dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco». Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor». Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo: «Señor, dos talentos me diste; mira, he ganado otros dos». Si señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor». Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento en la tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que, al volver, yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes»”.
LA TRAMPA DEL CUMPLIMIENTO
Entendida en su literalidad, esta parábola —que me resisto a creer que provenga del propio Jesús, ya que va en contra de una de las claves fundamentales de su mensaje: la gratuidad— resulta peligrosa y, más radicalmente aún, engañosa.
Es peligrosa porque fácilmente introduce en la dinámica del mérito/recompensa, con los efectos perniciosos que tal dinámica conlleva: fortalecimiento del yo, apropiación de la propia acción, búsqueda egocéntrica de recompensa, fomento del yo ideal, orgullo, comparación y confrontación con los otros…
Es engañosa porque gira en torno a un error de base, no explicitado, pero dado por supuesto: la identificación con el yo. Se dirige a un yo, al que se le insta a “cumplir” en busca a obtener beneficios.
Esa es, justamente, la trampa del cumplimiento, al promover una mirada estrecha sobre el ser humano, al basarse en una antropología individualista que promueve la meritocracia y considera, erróneamente, que todo se ventila en la libertad y la voluntad del individuo.
Para un conocedor del evangelio, esta sería una parábola que podría haber sido pronunciada por un maestro fariseo, ya que eran justamente ellos quienes promovían ese modo de posicionarse, tanto en el mundo religioso como, más ampliamente, en el social. Sin embargo, de manera significativa, ese planteamiento era el que Jesús rebatía continuamente, hasta el punto de constituir el foco de discusión más agudo con fariseos y maestros de la Ley. Justamente ese posicionamiento habría de acarrearle, finalmente, la muerte en cruz.
La verdad no pasa por el “cumplimiento”, sino por la gratuidad, que nace de la comprensión ajustada de lo que somos. Ni Dios puede ser un empresario que buscara rentabilidad, ni todo es cuestión de voluntad —más aún, sabiendo que el llamado libre albedrío es solo una creencia—. Todo es vida desplegándose por doquier y nosotros somos, también, esa misma Vida. Si vivimos en esa comprensión, todo lo demás —ahora sí, en palabras de Jesús— “se nos da por añadidura” (Mt 6,33).
