EL PODER TRANSFORMADOR DE LA GRATITUD

Comentario al evangelio del domingo 5 de julio de 2026

Mt 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre; y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis agobiados y cansados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

EL PODER TRANSFORMADOR DE LA GRATITUD

“La palabra «gracias» —escribió Eric Rolf— tiene una vibración alta; es una de las más importantes expresiones de amor. Permítete estar vivo. ¿Qué agradeces hoy en tu vida?”.

“La disciplina de la gratitud —en palabras ahora de Henri Nouwen— es un esfuerzo explícito de reconocer que todo lo que soy y recibo es un regalo de amor, un regalo que debe ser celebrado con alegría”.

La gratitud es el antídoto más eficaz frente a la queja, el lamento y el victimismo, que nos parasitan y envenenan las relaciones. La gratitud nos libera de todo ello porque nos conecta con la totalidad y nos hace trascender la identificación con el yo y su mirada miope.

El yo solo puede dar gracias cuando se cumplen sus expectativas o cuando recibe algo que le agrada. La gratitud, sin embargo, es incondicional. Porque no es “algo” que podemos o no vivir. Al comprendernos, descubrimos que somos gratitud. Por ello, brota con facilidad en el momento mismo en que vivimos en conexión con nuestra identidad profunda. Ciertamente, mirado desde ese lugar, donde somos uno con la vida, todo es regalo, incluso en aquellas situaciones en que el yo vive adversidad, dolor, pérdida o amenaza. Puede no resultarnos fácil tomar distancia de él. Sin embargo, apenas lo hacemos, se percibe que todo es Gracia. Y la Gracia activa la gratitud.

Al ponernos en contacto con nuestra identidad profunda, la gratitud opera un doble milagro, transformándose en paz y en gozo. Compruebas que, al vivir la gratitud, tus preocupaciones terminan. Y que, cuanto más agradecido eres, más feliz te sientes. Cuando teniendo todas las razones para quejarme, empecé a agradecer, me di cuenta de que realmente estaba sanando.

PERDER Y ENCONTRAR LA VIDA

Comentario al evangelio del domingo 28 de junio de 2026

Mt 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta, y quien reciba a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Y todo aquel que dé de beber tan solo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa”.

PERDER Y ENCONTRAR LA VIDA

Mateo parece recoger, en este texto, una serie de aforismos, no tanto provenientes de Jesús, cuanto creados por su propia comunidad. Entre ellos, llama especialmente la atención la paradoja que plantea acerca de perder/encontrar la vida.

En una forma escueta, podría explicarse de este modo: perdemos la Vida cuando nos identificamos con —y nos reducimos a— la vida, es decir, cuando confundimos nuestra personalidad con nuestra identidad, cuando absolutizamos el yo, ignorando nuestra verdad profunda.

Justamente en eso consiste nuestra ignorancia primera y radical: la ignorancia original a la que se refería el reconocido antropólogo Claude Lévi-Strauss cuando escribía: “El ser humano se piensa separado. Este es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción”. Otro modo de expresar nuestra paradoja: la identificación con el yo conduce a nuestra autodestrucción; encontramos la Vida en la medida en que somos capaces de ver más allá del yo.

La Vida no es algo que tenemos; es lo que somos. Lo que “tenemos” es únicamente una forma concreta, temporal e impermanente, en la que la Vida que somos se expresa y despliega. La existencia pasa; la Vida permanece. En el camino para reconocer y vivir el paso de una a la otra, contamos con la luz de nuestro Anhelo profundo, la guía certera que nos trae a la verdad de lo que somos.

CONFIAR SIEMPRE

Comentario al evangelio del domingo 21 de junio de 2026

Mt 10, 26-33

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: “No tengáis miedo a los hombres porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”. 

CONFIAR SIEMPRE

Las grandes tradiciones sapienciales o espirituales invitan de manera constante a vivir en confianza. El motivo, según ellas, no es otro que la naturaleza plena y benéfica del Fondo de lo real. Como si dijeran: “Confía, porque estás en buenas manos”.

Lo opuesto a la confianza es el miedo, que los humanos, necesitados y vulnerables, conocemos de primera mano. “El día que yo nací —escribía el filósofo Thomas Hobbes— mi madre parió gemelos: yo y mi miedo”. El miedo es la otra cara de la necesidad; se comprende que sea nuestro compañero de viaje.

La invitación que nos llega de las personas sabias —como Jesús en el texto que leemos hoy— consiste en dirigir nuestra mirada más allá de la mera superficie, para alcanzar el Fondo de lo real. Nuestra forma concreta —persona—, necesitada y frágil, es expresión y despliegue de un Fondo —nuestra identidad— que es Plenitud estable.

Y no se trata de una creencia. Es algo que podemos experimentar cuando, gracias al entrenamiento, aprendemos a silenciar la mente y, en ese silencio, permanecemos en la Espaciosidad de la presencia.

Descubrimos entonces, de primera mano, que, con mucha frecuencia, el miedo es hijo de la mente que, en virtud de sus experiencias pasadas —en modo de trauma—, sigue creando, de manera constante, escenarios atemorizadores. En cuanto hijo de la mente —cuando no es solo una señal inteligente de alarma—, el miedo puede ser atravesado y superado —trascendido— en el momento en que aprendemos a observar los pensamientos y dejamos de creer en ellos.

HECHOS Y OPINIONES: LA FILOSOFÍA DE MARCO AURELIO // Celia Pérez León

Qué quería decir Marco Aurelio cuando afirmó: «Todo lo que escuchas en realidad es una opinión, no un hecho. Y todo lo que ves es una perspectiva, no la verdad».

Celia Pérez León, en CuerpoMente, 27 de septiembre de 2025.
https://www.cuerpomente.com/psicologia/marco-aurelio-todo-que-escuchas-realidad-es-opinion-no-hecho-y-todo-que-ves-es-perspectiva-no-verdad_16874

 ¿Y si la realidad no fuera tal como imaginas? ¿Y si te hubieses equivocado y las cosas no fueran tan mal como crees? Las palabras del emperador Marco Aurelio son siempre un ancla para librarnos del malestar aplicando las enseñanzas del estoicismo.

¿Cuántas veces has sentido que una crítica te ha dejado sin aire? ¿O que una noticia ha desatado en ti más angustia de la que realmente merecía? Muchas veces no es la realidad en sí lo que nos pesa, sino la forma en la que la interpretamos. Lo que pensamos sobre lo que pasa es lo que amplifica, o aligera, nuestro sufrimiento.

Hagamos ahora un breve viaje en el tiempo. En medio de un campo de batalla, en una guerra que parece no tener final, alejado de todos sus seres queridos, se encuentra el emperador Marco Aurelio. Como único consuelo tiene un diario en el que apunta sus reflexiones y pensamientos, sus Meditaciones.

Este hombre, que por su posición podía tenerlo todo, y por su situación carecía de lo que más deseaba, nos dejó grandes lecciones. Entre ellas, esta que nos ayuda a comprender que la realidad no es siempre como la imaginamos, y no debemos permitir que nuestros sesgos y emociones dominen nuestra percepción.

El poder de la interpretación

La mente humana es prodigiosa, pero también está profundamente limitada por sesgos que nos condicionan. Creemos que la vida es una imagen nítida y fácilmente interpretable, cuando en realidad es algo así como un efecto óptico. Una ilusión. Como la Copa de Rubin. ¿Es una copa o dos rostros mirándose? Lo cierto es que ambas opciones son correctas.

Esto, que puede resultarnos fácil de entender cuando nos referimos a una imagen, cuesta extrapolarlo a la vida real. Y deberíamos hacerlo. Porque lo cierto es que en este mundo nada es blanco o negro, y si nos comprometemos demasiado con nuestras percepciones personales corremos el riesgo no solo de equivocarnos, sino de sufrir.

Es por eso por lo que debemos empezar, como siempre, por el principio. Acércanos, lección a lección, hasta esa valiosa clave que hará que cambie tu forma de entender la vida. ¿Te atreves a embarcarte en esta travesía?

Opiniones o hechos

Puede que esta sea una de las distinciones más básicas que debe hacer cualquier ser humano que quiera emprender la humilde misión de vivir una vida sensata: diferenciar las opiniones de los hechos.

Pongamos un ejemplo cotidiano. Llegas al aparcamiento cercano a casa y ves que no hay espacio para aparcar. Ese es el hecho: no hay espacio para aparcar. Es algo que puedes verificar y contrastar. Es una realidad. A partir de este hecho, podrías elaborar una opinión. Por ejemplo, “no hay espacio para aparcar porque se han mudado nuevos vecinos a esta zona”. Es una percepción, una idea. Algo que debes poner en duda y que debes contrastar. Si se contrasta y es cierto que se han mudado más vecinos, pasaría a ser un hecho.

En el plano intelectual, este ejercicio puede ayudarnos a vivir con sensatez, a tomar decisiones más acertadas para que no nos aventuremos a decidir en base a percepciones, sino en base a hechos. En el caso anterior, en lugar de poner el grito en el cielo y entablar una pésima relación con tus vecinos, podrías acabar descubriendo que en realidad muchos de los coches aparcados no son de residentes de la zona.

Quizá hasta podrías pedir a tu ayuntamiento que el aparcamiento se limite a los residentes y así solucionar el conflicto. Pero si no pones en duda tus opiniones, estás condenado a vivir en la ignorancia.

Aunque lo realmente interesante de este principio es su aplicación en el ámbito emocional. Porque al igual que en el plano del pensamiento la percepción nubla los hechos, las emociones tienden a teñir nuestras experiencias.

El dominio de la razón

Los estoicos, en contra de lo que algunos gurús modernos intentan vendernos, jamás dijeron que debamos neutralizar nuestras emociones, ni mucho menos. Sí que nos dijeron, sin embargo, que era importante proceder con templanza. Es decir, que no podemos dejar que la emoción nos domine. Y no debemos, porque lo cierto es que lo que sentimos no siempre corresponde con la realidad.

Imaginemos una situación cotidiana, una vez más, para ejemplificarlo. Entras en la oficina por la mañana, saludas a tu compañera, y de su parte no obtienes más que un escueto murmullo. Puede que te sientas herida o asustada por su reacción, y tu mente empiece a maquinar. ¿Será que le caes mal? ¿Le habrá molestado tu comentario del otro día? Es una persona desagradable y borde que responde fatal por las mañanas, no cabe duda. ¿O no?

Las emociones se imponen a la razón, pero Marco Aurelio nos pide que hagamos un ejercicio muy necesario. Da un paso atrás, respira y piensa… ¿Cuáles son los hechos?

El único hecho es que tu compañera no ha respondido de forma efusiva a tu saludo. Todo lo demás, son opiniones, conjeturas y percepciones. Pero no son la realidad.

Con este simple ejercicio podemos conseguir, por un lado, proteger nuestras relaciones personales de las percepciones erróneas. Y por otro, templaremos nuestras emociones. Porque puesta en duda la opinión, cabe la posibilidad de que aquello que nos angustie no sea real. Y entonces la emoción, la ira, la molestia, el miedo a caer mal, se difumina y se calma.