LA SAL DA SABOR SIN SABERLO

V Domingo del Tiempo Ordinario

5 febrero 2023

Mt 5, 13-16

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”.

LA SAL DA SABOR SIN SABERLO

La sabiduría que contienen las metáforas de la sal y de la luz radica en que ponen el acento en la desapropiación: la sal da sabor y la luz ilumina sin hacer ningún esfuerzo, sin proponérselo y sin presumir de ello. Y, sin embargo, son eficaces: si está en buen estado, la sal no puede sino dar sabor; si está encendida, la luz no puede sino alumbrar.

Todo se tergiversa cuando las palabras de Jesús se leen -como en tantas otras ocasiones- en clave moralista y voluntarista. Tal lectura da lugar a proclamas del tipo: “tenemos que ser sal, tenemos que ser luz”… El voluntarismo y la apropiación, incluso cuando nacen de la mejor voluntad, constituyen un alimento jugoso para el ego, que se fortalece así incluso con lo más sagrado.

¿Qué da sabor a nuestras vidas?, ¿qué las ilumina? Tal vez nos ayude a descubrirlo volver la vista hacia atrás y preguntarnos qué ha sido aquello que ha aportado sabor y luz a nuestra existencia. Seguramente nos aparecerán rostros con calidad de presencia amorosa que, sin aspavientos, supieron vernos, acogernos, escucharnos, ayudarnos, hablarnos…, sin ni siquiera ser conscientes de todo lo que nos estaban aportando en ese momento.

Si bien es cierto que no pueden separarse -de la misma manera que no puede separarse la sal del sabor-, parece claro que el acento no está en el hacer, sino en el ser. Y cuando es así, todo lo demás “se nos dará por añadidura”, diría el mismo Jesús.

Todo consiste en ser: en vivir en conexión y en coherencia con lo que somos en profundidad. Acallando los ruidos de la mente y las apetencias del ego, nos dejamos escuchar la voz del anhelo que clama en nuestro interior. Silencio del ego, aceptación, gratitud, paz, unidad: esas son las señales que nos permiten ver si estamos en el “buen lugar”, en el lugar donde -aunque no lo sepamos- somos sal y luz.  

¿Desde dónde me vivo?

PARA VIVIR CON SABIDURÍA

IV Domingo del Tiempo Ordinario

29 enero 2023

Mt 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.   

 PARA VIVIR CON SABIDURÍA

Si en el evangelio de Lucas (6,20-23) las bienaventuranzas se referían a situaciones -de pobreza, de hambre, de llanto-, Mateo las transforma en actitudes, es decir, en opciones sabias que garantizan vivir con acierto y sentido.

En concreto, cada una de las ocho bienaventuranzas recogidas en este evangelio aborda y responde a un cuestionamiento humano fundamental: seguridad, dolor, fuerza, deseos, amor, paz, coherencia, fidelidad. Siguiendo el orden de las mismas, podrían enumerarse, de modo sintético, tanto los cuestionamientos como las respuestas que proponen:

1ª      ¿Dónde pones tu seguridad? Serás feliz cuando comprendas que no eres el yo; cuando no te identifiques ni te reduzcas a él.

2ª      ¿Qué haces con el dolor, el tuyo y el de los demás? Serás feliz cuando te reconcilies con la realidad del dolor y lo vivas con sabiduría.

3ª      ¿Dónde sitúas la fuerza? Serás feliz cuando no pretendas controlar todo.

4ª      ¿Qué haces con los deseos? Serás feliz cuando te liberes del apego.

5ª      ¿Para qué vives? ¿Para el amor o para tu propio gusto y tu propia imagen? Serás feliz cuando vivas el amor y la entrega.

6ª      ¿Dónde encuentras la paz?, ¿cómo la construyes? Serás feliz cuando encuentres en ti el lugar de la paz.

7ª      ¿Eres coherente con tu vida?, ¿eres una persona íntegra? Serás feliz cuando vivas en transparencia.

8ª      ¿Qué guía tu vida: la fidelidad o la conveniencia? Serás feliz cuando seas fiel a ti mismo/a.

Es significativa la convergencia de las personas sabias a la hora de formular sus propuestas. Hasta el punto de llegar a utilizar las mismas palabras. No es extraño: toda propuesta sabia nace de la comprensión. No de un mero “entender” mental o conceptual, sino del “comprender” experiencial o vivencial que nace del silencio de la mente y, gracias a él, del saboreo de lo que somos.

Solo la comprensión puede orientar nuestra vida. Por cierto, el término “orientar” significa guiar hacia oriente, hacia el este, es decir, al lugar de la luz. Por eso es el camino que nos permite “volver a casa”.

¿Cuáles son las claves que orientan mi vida?

DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

III Domingo del Tiempo Ordinario

22 enero 2023

Mt 4, 12-17

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: “País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.  

 

DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

El profeta y poeta Isaías anhelaba la luz que disipara las tinieblas de su pueblo. Y los seguidores de Jesús identifican esa luz con la persona de su Maestro.

Durante mucho tiempo, los humanos pensaban que la luz, como la salvación, habría de llegarnos desde “fuera”. Lo cual casa bien con el nivel mítico de consciencia e incluso con nuestras primeras experiencias infantiles: al niño no le cabe otra cosa que esperar todo de los demás.

Sin embargo, ni la luz ni la salvación nos llegarán desde fuera. Esto no niega que haya personas, del presente y del pasado, que nos ayuden a “abrir los ojos”, gracias a la verdad, bondad y belleza que supieron encarnar en sus personas. Pero la luz no se halla fuera, por cuanto constituye la esencia última de todo lo que es. El fondo de lo real y nuestro propio fondo es luz. Acertaron, por tanto, aquellos sabios que designaron lo realmente real como “Dios” (de “dev” = luz o luminosidad). Y lo expresa admirablemente el Jesús del cuarto evangelio cuando proclama: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12).

Porque la luz no es “algo” que tengamos; es lo que somos, o mejor aún, aquello que nos está haciendo ser, aquello que se despliega en nosotros. Lo que ocurre es que, con demasiada frecuencia, la luz se ve cegada para nosotros mismos, como consecuencia de nuestro sufrimiento no resuelto -que nos encierra en nosotros mismos- y de nuestra ignorancia -que nos impide ver-.

Ignorancia no es falta de inteligencia. Ignorancia es no saber qué somos. Por eso, equivale a oscuridad, confusión y sufrimiento. Solo la comprensión -el comprender vivencialmente, no el mero entender- hace posible que podamos “ver”. No habrá cambiado nada, pero todo se ve de modo nuevo.

Por más que nos resulte paradójico, el camino hacia la comprensión no pasa por el pensamiento ni por las creencias, sino por el silencio de la mente. Necesitamos entrenarnos en acallar la mente para poder ver más allá de ella, en definitiva, para percibir la luz que somos y así caminar dejándonos iluminar por ella.

Tenía razón el profeta Isaías: tal vez no exista experiencia más gratificante y plena que la de pasar de las tinieblas a la luz.

¿Qué luz hay en mi vida?

CÓMO CONSTRUIR UN MESÍAS

II Domingo del Tiempo Ordinario

15 enero 2023

Jn 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí porque existía antes que yo». Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel”. Y Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo». Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

 

CÓMO CONSTRUIR UN MESÍAS

Aunque escasos, existen testimonios que parecen apuntar al enfrentamiento que vivieron los discípulos de dos maestros contemporáneos entre sí: Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. Los textos evangélicos muestran la habilidad de estos últimos, no solo para presentar a Juan como mero “precursor”, sino para poner en su boca afirmaciones que, en realidad, pertenecían al credo de los seguidores de Jesús.

Se produce así lo que constituye la trampa teísta, en virtud de la cual, una comunidad da por probados contenidos de fe que ella misma creó y a los que concedió el carácter de “revelados”. La conclusión es fácil de ver: “Jesús es el Mesías e Hijo de Dios, porque así lo testificó el propio Juan”. La realidad, sin embargo, es bien diferente, por cuanto fue esa misma comunidad la que puso tales declaraciones solemnes en boca de Juan.

La trampa teísta consiste precisamente en eso: en considerar el texto revelado -Dios, en definitiva- como la fuente que garantiza la verdad absoluta de las propias creencias, sin advertir -u ocultando- el círculo vicioso -o petición de principio- en que se incurre, tal como queda plasmado en el conocido cuento judío:

“Todos en la comunidad sabían que Dios hablaba al rabino todos los viernes, hasta que llegó un extraño que preguntó: —¿Y cómo lo sabéis? —Porque nos lo ha dicho el rabino. —¿Y si el rabino miente? —¿Cómo podría mentir alguien a quien Dios habla todas las semanas?”.

En síntesis, la trampa puede resumirse de este modo: “Lo que yo creo es la verdad. ¿Cómo sabes que es verdad? Porque lo dice mi creencia (o religión)”.

Cada cual es libre de construir sus propias creencias -toda creencia es un constructo mental-, siempre que no hagan daño ni sean impuestas por la fuerza. Pero no parece honesto presentarlas como recibidas directamente de Dios y, por tanto, identificadas con la verdad misma.

Conocemos bien los estragos que puede llegar a hacer una creencia a partir del momento mismo en que es absolutizada. No es de extrañar que aquel exceso de absolutización haya conducido, por revancha, según la “ley del péndulo”, a la era de la posverdad, que produce igualmente estragos no menores.

Todo ello nos habla de la importancia de aprender a vivir en la incertidumbre y en el no-saber, conscientes de que la mente no puede atrapar nunca la verdad. Paradójicamente, es esta actitud humilde la que -por ser verdadera- podrá abrirnos la puerta de la comprensión.

¿Tiendo a absolutizar mis creencias? ¿Por qué?

CUERPO Y CEREBRO // Nazareth Castellanos

Aldara Martitegui entrevista a Nazareth Castellanos, neurocientífica, en NIUS, 26 de noviembre de 2022.
https://www.niusdiario.es/salud-y-bienestar/coaching/20221126/entrevista-neurocientifica-nazareth-castellanos-libro-neurociencia-cuerpo-psicologo-futuro_18_08055061.html
 

“El psicólogo del futuro será el que te pregunte por tu dieta y qué ejercicio haces”.

Tal vez se sorprendan –como hice yo- al conocer que nuestro insigne científico Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906 por descubrir los mecanismos que gobiernan la morfología y los procesos conectivos de las neuronas, fue también uno de los primeros culturistas de nuestro país. Normal que en una cultura como la nuestra, en la que prima lo intelectual sobre lo corporal, no se preste demasiada atención a este detalle en los colegios. Pero el cuerpo no estaba en absoluto en segundo lugar para Ramón y Cajal. Él fue un auténtico visionario: “Dedicó un gran esfuerzo a cuidar el músculo porque decía que el músculo impactaba sobre el cerebro” explica la neurocientífica Nazareth Castellanos. Hoy sabemos que Ramón y Cajal era un visionario porque más tarde se descubrió que esa relación músculo-cerebro es clave para la generación de nuevas neuronas.

Neurociencia del cuerpo (Kairós 2022), el último libro de Castellanos -una de las más prestigiosas neurocientíficas de nuestro país- es el resultado de 11 años investigando cómo el organismo esculpe nuestro cerebro. Su mérito es enorme porque ella se empeñó en investigar algo en lo que la ciencia no estaba de acuerdo. Eso le obligó a bucear en otras disciplinas, como la meditación y la medicina oriental “para ver que decían y meterlo a cucharadas en el mundo científico”.

Gracias a la perseverancia de Nazareth Castellanos hoy podemos leer en una sola obra una recopilación de los estudios y evidencias científicas que nos permiten comprender por qué nuestra postura corporal, nuestros gestos faciales, la microbiota intestinal, el patrón de los latidos del corazón y la manera en que respiramos impactan en nuestro estado de ánimo, emociones, memoria, capacidad de atención y percepción.

En estos tiempos en los que la salud mental se ha convertido en uno de los principales motivos de consulta médica; en los que los expertos pronostican que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo en 2030, resulta imprescindible valorar todos los recursos que tenemos disponibles para tener un cerebro sano. Tumbarse en el diván ya no será la única manera de cuidar nuestra salud mental. Como dice Antonio Damasio, “aquel que quiera considerar la psicología sin considerar al cuerpo, perdido va”.

Pregunta: Esta idea de que la mente está distribuida por todo el cuerpo, en realidad no es nada nueva…, es algo que, como bien explicas en tu libro, ya estaba antes en nuestra cultura, hace siglos, antes de que llegara este paradigma científico que todo lo parcela, lo separa.

Respuesta: Yo misma antes decía esto: ¿Cómo somos aquí en Europa tan petardos, tan reduccionistas, y en oriente tienen esta visión más holística? Hasta que me empecé a dar cuenta, cuando repaso la historia de nuestra medicina -¡que no lo había estudiado nunca!- y me encuentro poquísimos libros, pero empiezo a ver que nuestra base, la medicina griega, ya consideraba al cuerpo como algo integral y la mente distribuida por el cuerpo. Es verdad que ya Hipócrates le otorga una gran responsabilidad al cerebro, pero no se olvida para nada del corazón, de los intestinos. Luego entendí -cuando se me pasó el enfado- que la ciencia, hace 300 años -después de Descartes, principalmente- empezó a estudiar las cosas en más detalle y que, con el método científico, había que separar. Es verdad que esa idea del todo y la interacción era excesivamente compleja y hubo que separar, lo cual nos ha permitido una especialización maravillosa porque conocemos al cuerpo más que nunca en la historia y, en mi opinión más que cualquier otra forma de medicina. Ahora lo que toca ese conciliar las diferentes partes del cuerpo.

P: Todavía en la medicina actual se sigue tratando todo de manera aislada y el cuerpo se ve como secundario: parece que es más importante cultivar nuestra parte intelectual…

R: Lo que yo vengo defendiendo, o más bien atacando en el libro, es la falta de conocimiento sobre la historia que tenemos de la biología. Yo creo que en general la biología y en concreto el cuerpo humano, es el gran desconocido, no pertenece a la cultura básica. Siempre denuncio que si yo digo que no sé quién es Cervantes, soy la persona más inculta del mundo; pero si alguien dice que no tiene ni idea de cómo funciona el corazón, no pasa nada, porque eso no es cultura. Esto es lo que hay que cambiar. No puede ser que sepamos más de un móvil o de un cohete que de nuestro propio cuerpo. Entonces, luego ya viene otra crítica al mundo académico de la medicina. No puede ser que en las facultades de medicina no estudiemos historia de la medicina; ya no digo que sería un sueño que estudiásemos historia de las medicinas, porque hay más medicinas que la nuestra…

P: Imagino que esta conexión mente-cuerpo puede tener un gran impacto en nuestra salud mental… ¿Podemos usar el cuerpo como palanca para mejorar nuestra salud mental y bienestar psicológico?

R: Lo que nos dice ahora la literatura es que es mucho más fácil llegar a la salud mental o a la psicología a través de las vísceras que a través de la propia psicología. Nos cuesta muchos más dirigir nuestros propios pensamientos e intentar cambiarlos que hacerlo a través del cuerpo. Estamos más pegados a la tierra que al cielo, como decían Galeno y Quevedo. Un ejemplo -hablando desde fuera hacia dentro- es la importancia que tiene la postura sobre la percepción del mundo. Igual que cuando yo estoy mal el cuerpo lo refleja, si mi cuerpo tiene una postura propia de cuando yo estoy mal, el cerebro empieza a activar esos mecanismos. Por ejemplo, el cuidado que demos tener sobre cómo está nuestra cara; el cómo tengo el gesto…, ¿y por qué ahora se está estudiando esto? Fíjate, en la Universidad de Los Ángeles se está haciendo un estudio de cómo nos está impactando en el estado de ánimo general, sin llegar a casos clínicos, hacer esto: [mira el móvil de cerca y frunce el ceño] y ¿por qué? Porque son pequeños [los móviles] y normalmente tiene una luz que es impactante y normalmente lo miramos hacia abajo. Rara vez hacemos así [pone el móvil a la altura de su cara]. Hacemos así [pone el móvil más abajo y se encorva] entonces, lo que pasa, es que miramos hacia abajo y nos encorvamos. Esto lo ves muy bien en el metro o en el autobús.

P: Y eso tiene un impacto en nuestro cerebro…

R: Ya se demostró en el año 2014 que la postura de encorvamiento hace que percibamos más las cosas negativas que las positivas. Pero luego, además, ponemos así la cara [frunce el ceño] porque normalmente, otra de las cosas que nos está ocurriendo es que nos está fastidiando la visión, pero tengo que hacerlo así [frunce el ceño de nuevo] para focalizar en una cosa muy pequeña, porque estas cosas [los móviles] son muy pequeñas, y leer algo en el móvil me obliga a hacer así [frunce el ceño] y lo que pasa es que estoy poniendo una cara propia de un enfado. Cuando yo arrugo esta parte del ceño, ahí hay una activación directa en el entrecejo con la amígdala (…) Y, a más actividad de la amígdala, más tensión emocional hay. Por tanto, yo, que me paso no sé cuántas horas así, [mirando el móvil encorvada y con el ceño fruncido] ¡imagínate! Memoria: sesgando más lo negativo y la amígdala activada. El cuerpo le está mandando una información al cerebro y este entra en lo que se llama la congruencia mente-cuerpo. Y si esto [mira el móvil frunciendo el ceño y encovada] es además a lo largo del día -no es solo un segundo, sino que pasamos mucho tiempo así- pues imagínate…

P: Además de cuidando nuestra postura, ¿de qué otra manera podemos usar el cuerpo como palanca para cuidar nuestra salud mental?  

R: Una cosa es utilizar nuestro cuerpo como prevención, para no tener problemas de salud mental… Pero si ya tenemos problemas de salud mental, yo creo que el enfoque es donde tiene que ser integral: ahí sí que hay que acudir a personas que nos ayuden con diferentes protocolos, psicológicos, psiquiátricos y terapéuticos, lo que sea. Lo que tienen ellos que hacer es incorporar al cuerpo. Lo que ya no tiene sentido es aquel diván donde yo estoy sentada o tumbada y le cuento a la persona mi problemática. La psicología del futuro va a ser un psicólogo que te pregunte cómo está tu dieta, qué haces, qué ejercicio físico haces. Y ahí cuento en el libro un caso que se está extendiendo sobre todo en Inglaterra y EEUU, que espero que llegue aquí ya, que en un servicio de psiquiatra hicieron obras y en vez de tantos despachos con consultas de psiquiatras, pusieron un gimnasio y una consulta de nutrición, y las personas que asistían allí, al servicio de psiquiatría, tenía que hacer ejercicio X días a la semana y tenían que revisarse su nutrición y luego también su consulta normal. Los resultados fueron estadísticamente mejores, fue muy significativa la mejora.

P: En tu libro hablas de la importancia de la microbiota intestinal, del impacto que tiene la nutrición en el cerebro…

R: Siempre debemos tener en cuenta absolutamente qué gasolina le estoy echando a mi cuerpo. Y aquí es donde la nutrición es fundamental porque tiene un impacto directo. Si yo sé que estos días estoy más nerviosa por lo que sea, a lo mejor no me puedo permitir ese dulce que me apetece, porque se me va a hacer más cuesta arriba gestionar ese problema. Lo que dice la literatura científica, los estudios, es que comemos muy mal. Afortunadamente ahora el número de personas que tienen acceso a la alimentación ha crecido en casi todo el mundo y eso es maravilloso, pero también es verdad que ese crecimiento se debe a un abaratamiento de las cosas y a veces comemos cosas de muy, muy mala calidad…y eso impacta directamente en nuestra psicología.

P: Entonces, volviendo al tema de la salud mental, no es que la psicoterapia vaya a desaparecer, es que debería transformarse…

R: No, no va a desaparecer, al revés: tiene que incorporar todo esto, yo creo que es la disciplina que más va a tener que adaptarse, como parte de la medicina que es. Ya lo dice Damasio -que sabes que es el representante del mundo científico- en su último libro: “aquel que quiera considerar la psicología sin considerar al cuerpo, perdido va”. Esto ya lo dicen los estudios: una persona con una ansiedad que ya es clínica, que es crónica, que le está afectando en su día a día, aunque esta persona se esfuerce mucho haciendo todo lo que le propone su psicoterapeuta, si se desayuna ese donut, si se bebe no sé cuántas latas de estas bebidas que todos sabemos, si tiene una vida sedentaria…pues de todo el esfuerzo que está haciendo, pierde mucho. Yo no creo que sea solo la dieta, solo el ejercicio, solo mente: yo creo que estamos ante un enfoque completamente integral. Si das cuatro pasos adelante con tu terapeuta y luego te tomas todo eso, pues has ido marcha atrás…

P: Desde este paradigma más holístico del ser humano que quieres recuperar con tu trabajo, entiendo que la salud mental se ve como parte de la salud global, no como algo separado del cuerpo.

R: Es que yo creo que el problema es que hemos dicho que lo mental no tiene nada que ver con lo biológico, entonces ¡qué más da que me tome un donut! Yo no soy de las que piensa que la consciencia la genera el cuerpo, pero sí que vive en el cuerpo: por lo tanto, depende del cuerpo y es inseparable de la materia. Por tanto, es imposible que tú tengas un estado mental sin que tenga su parte en la biología, y al revés. Muchos problemas que se están viendo ahora, es que a lo mejor están producidas porque hay ciertas bacterias que están en el intestino en una proporción mucho más grande de lo que deberían estar. Es que, a lo mejor, el causante de un malestar psicológico era más biológico, o al revés: si yo estoy estresada, si estoy mal, eso me va a repercutir… Es esa relación inseparable ente la biología y la mente y solo ver una de las dos, es absolutamente incompleta.

P: Colocar el cuerpo en el lugar que merece requiere un cambio grande, incluso en el sistema educativo. El currículum escolar contempla la existencia de cinco sentidos, los que nos abren la puerta hacia fuera, pero nada nos enseñan en el colegio de los sentidos que nos conectan con nosotros mismos: la propiocepción y la interocepción.

R: Se nos enseña siempre a mirar hacia fuera, sí. ¿Y qué está pasando dentro de tu organismo?, ¿cómo está la postura? Eso solo lo puedes conocer, obviamente, si te observas. Ahora se está estudiando la relación entre organismo y cerebro. Hemos vivido mucho en el mundo intelectual, en la intelectualidad y es como que no hago caso al cuerpo. No entiendo por qué respetas tanto tu intelectualidad y no cuidas tu cuerpo. Creo que debemos cambiar ese chip: cuidar el músculo. Ramón y Cajal fue culturista: dedicó un gran esfuerzo a cuidar el músculo, porque decía que el músculo impactaba sobre el cerebro: era un visionario porque hoy en día ya se ha descubierto esa relación musculo-cerebro para la generación de nuevas neuronas. No reconocer eso, es como ser ciego a la mitad de tu vida.

P: ¿En qué proyectos estás trabajando ahora?, ¿siguen teniendo que ver con la relación cuerpo-mente?

R: Estoy iniciando ahora un proyecto con la Universidad de Barcelona para ver cómo se puede ayudar en la recuperación cerebral a personas que han tenido un ictus a través de la microbiota intestinal: cómo influir en la microbiota, a través del ejercicio físico, de probióticos, de mindfulness; cómo ayudar a esas personas en su recuperación con protocolos que no sean cognitivos. Por ejemplo, qué impacto tiene la microbiota intestinal para que el cerebro se recupere. Porque se ha visto que tiene un papel importantísimo en la generación de nuevas neuronas y en la recuperación del daño cerebral… cosa que antes era impensable. Antes, cuando había un daño cerebral, se le daba medicación, pero nadie le decía: “a ver qué come usted”. Y ahora se está viendo que claro, si entre todos ayudamos al cerebro, pues a lo mejor esa persona se recupera más y ya no tiene un déficit crónico. Habrá casos más graves, pero habrá casos en los que se pueda recuperar mucho antes. Fíjate qué cantidad de realidades tenemos disponibles en el cuerpo para ayudar al cerebro a recuperarse.