Todas las entradas de: Enrique Martínez Lozano

YA SOMOS “YO SOY”

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario 

17 noviembre 2019

Lc 21, 5-19

Algunos ponderaban la belleza del Templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está por suceder?”. Él contestó: “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá enseguida”. Luego les dijo: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres y parientes y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.

YA SOMOS “YO SOY”

          Todo lo que nace muere. El mundo de las formas se mueve, sin excepción, por la ley de la impermanencia. Eso explica que aferrarse a algo, sea lo que sea, implique sufrimiento.

          En el mundo de lo impermanente, el dolor es inevitable. El sufrimiento, sin embargo, lo añade nuestra mente, siempre que desconocemos la impermanencia y absolutizamos cualquier forma. Una vez que hemos absolutizado algo, nos frustramos y nos resistimos al constatar que no era algo absoluto como, en nuestra ignorancia, habíamos imaginado. Esta resistencia incrementa de nuevo el sufrimiento.

          La ignorancia, que se traduce en sufrimiento, afecta igualmente a la idea que nos hacemos de nosotros mismos. Al identificarnos con el yo, nos reducimos a una forma (personal) y, con ello, quedamos recluidos en la impermanencia.

     Las formas son impersonales o personales. Solo la no-forma es transpersonal.

          Lo que realmente somos –más allá de la forma en la que temporalmente nos experimentamos– es el “Yo soy” transpersonal. Por eso, cada vez que lo “personalizamos”, caemos en el error. Como avisa Jesús, nadie “personal” es “Yo soy”. Este es el nombre que alude a la Realidad última e inefable, que transciende las formas.

          Una manera pedagógica de abrirnos a la comprensión consiste, justamente, en decir “Yo soy”, sin añadir absolutamente nada más, permitiendo que esa expresión reverbere en nuestro interior. Seguramente notaremos cómo nos introduce en el Silencio que lo ocupa todo y que es lo único que permanece mientras todas las formas –materiales y mentales– cambian.

          Nuestra forma (persona) es impermanente, pero lo que somos permanece inafectado y se halla siempre a salvo. “Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”, dice metafóricamente Jesús. Lo que somos se halla siempre a salvo. La sabiduría consiste en vivir la forma (el yo personal) desde la comprensión de que somos la Vida (el Yo soy transpersonal).

¿Cultivo en el silencio de la mente el saboreo de lo que somos?

Semana 10 de noviembre: HOMEOPATÍA Y FÍSICA CUÁNTICA // Marc HENRY

LA FÍSICA CUÁNTICA APORTA UNA JUSTIFICACIÓN AL FUNCIONAMIENTO DE LA HOMEOPATÍA

http://es.blastingnews.com/ciencia/2016/05/la-fisica-cuantica-aporta-una-justificacion-al-funcionamiento-de-la-homeopatia-00946583.html

El científico francés, Marc Henry, señala que los campos electromagnéticos explican el funcionamiento de los medicamentos homeopáticos.

          El científico francés, Marc Henry, trabaja con el premio Nobel  de Medicina en 2008, Luc Montagnier, en la investigación de las  ultradiluciones, que son el método de elaboración de un remedio  homeopático.

      Henry señala que la física cuántica aporta una justificación al funcionamiento de los medicamentos homeopáticos. Esta es la conclusión a la que ha llegado tras las labores de investigación que está realizando en la Universidad de Estrasburgo desde el año 2009.

        El químico y físico señala que  “la física cuántica es una ciencia que muy poca gente entiende, porque se considera una ciencia compleja”, pero que puede desentrañar el mecanismo de los medicamentos utilizados en homeopatía.

      Comenzó su investigación en el año 2009 para comprobar si realmente “la homeopatía no tenía ningún fundamento y era solo agua azucarada”.

     Partió de la base de que “lo que hubiera tenía que ser algo inmaterial” y empezó a trabajar con la premisa de que los medicamentos homeopáticos cuentan con campos electromagnéticos que transmiten información.

      El profesor de química y física cuántica en la Universidad de Estrasburgo señala que en este punto se produce “la ruptura con el resto de medicinas”, ya que” esto eso choca frontalmente con toda esa gente que solo entiende la medicina como una serie de dogmas y con una visión de paradigmas establecidos”.

          Henry considera que la aceptación de que existe información y cambios electromagnéticos en el proceso de elaboración de un medicamento homeopático, conduce a que sea  “fácil de entender” el funcionamiento de la homeopatía.

     El científico asegura que “al final es como tomar un posicionamiento. O bien simplemente aceptas que todo es material, o bien estás abierto a que además de materia haya otras cosas. Y como si que hay evidencias que muestran que somos algo más que materia, la homeopatía actúa precisamente sobre esa parte”.

      Henry argumenta que “cuando llega algo nuevo tienes que desaprender en parte para dejar paso a lo nuevo que está llegando y en este proceso mucha gente tiene dificultades, en desaprender para aceptar algo nuevo”.

       De esta manera se defiende de las críticas que tanto él como Montagnier reciben de una parte de la comunidad científica por las investigaciones que están realizando.

         “Es verdad que estos conocimientos se oponen de lleno a gente que tiene muchos conocimientos en el entorno universitario y en el entorno médico. Esta nueva manera de ver y entender las cosas exige mucho desaprendizaje”, apunta el científico.

TERUEL: ENCUENTRO DE PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD (5-8 de diciembre)

DE LA ANSIEDAD A LA PRESENCIA

Hemos olvidado cómo aparecería el mundo a los ojos de una persona que no hubiera conocido el miedo” (M. Heidegger).

Eres Plenitud de Presencia. ¿Desde dónde te vives?

  1. Ansiedad: hambre y miedo; prisa, estrés y rumiación; carencia y adicciones
  2. La ansiedad, como síntoma de nuestro tiempo
  3. Ansiedad y vacío afectivo
  4. Ansiedad e ignorancia
  5. Superar o gestionar la ansiedad (1): Un trabajo psicológico para afrontar el vacío afectivo
  6. Superar o gestionar la ansiedad (2): Un trabajo espiritual para favorecer la comprensión y vivir en estado de presencia.

Conclusión: vivir desde la carencia o desde la plenitud.

Prácticas meditativas.

Del día 5 (21,00 hs.) al día 8 (14,00 hs.) de diciembre

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DETRÁS DE LAS APARIENCIAS

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario 

10 noviembre 2019

Lc 20, 27-38

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella”. Jesús les contestó: “En esta vida hombres y mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles de Dios, porque participan de la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos”.

DETRÁS DE LAS APARIENCIAS

           Al yo le gusta la casuística. Le entretiene y le permite divagar, a la vez que fortalece su idea de que las cosas son como él –la mente– las percibe, lo cual alimenta también su creencia de que lleva el control.

          Sin embargo, todas esas preguntas nunca podrán conducirnos más allá de la mente. Eso explica que nunca terminen y que fácilmente nos enreden en conceptos que, en definitiva, nos alejan de la genuina comprensión.

          Esas preguntas tienen su lugar y muestran su valor en todo lo relacionado con el mundo de las formas u objetos, pero se revelan absolutamente inútiles cuando queremos transcender el estado mental.

          Ante tal constatación, podemos encontrar una clave pedagógica de primera importancia, que consiste en traducir cualquier pregunta mental en esta otra: “¿qué soy yo?”. Esta es la primera pregunta, porque es la única para la que podemos tener una respuesta no-conceptual (que transciende la mente). Todas las demás respuestas son solo constructos mentales, “mapas” construidos por la mente.

       Ante esa pregunta, la mente se acalla y es ahí, en el Silencio, donde puede nacer la genuina comprensión.

       Mientras no transcendemos la mente, gracias a silenciarla, fácilmente nos perdemos en el mundo de las formas, aunque hagamos elucubraciones eruditas sobre cualquier asunto, pidiendo a la mente lo que no nos puede dar.

      Por decirlo metafóricamente, nos ocurre como cuando nos situamos ante la pantalla del cine: nos perdemos en las imágenes que se mueven mientras ignoramos la pantalla que las sostiene.

           Tal reacción es comprensible: las imágenes nos fascinan y, en cierto sentido, nos hipnotizan, atrapando toda nuestra atención. Ahí nos sentimos a gusto. Mientras que en el silencio –cuando las formas se silencian– fácilmente nos aburrimos y nos sentimos incómodos. Estamos tan acostumbrados al mundo de las formas que no sabemos qué hacer en la realidad de la no-forma, en Aquello que las sostiene, y que es lo único realmente real. Las formas son apariencias impermanentes; solo la no-forma permanece como “sustrato” último, atemporal y aespacial.

       En el relato evangélico, los saduceos se acercan a Jesús pertrechados con preguntas inacabables y que, sin embargo, no conducen a ningún lugar, porque son solo elucubraciones mentales. Jesús los remite a la Vida, como realidad última que se expresa en todas las formas, transcendiéndolas.

¿Me pierdo en las formas manifiestas o me abro a “ver” más allá de ellas?