Todas las entradas de: Enrique Martínez Lozano

TODO OTRO ES NO-OTRO DE MÍ

Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario: CRISTO REY.

22 noviembre 2020

Mt 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid, vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?». Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis». Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis». Entonces también estos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistimos?». Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de estos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo». Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

TODO OTRO ES NO-OTRO DE MÍ

  Con frecuencia se ha leído este relato como si fuera una especie de “descripción” anticipada de lo que habría de ser el “juicio final”. No es así; se trata de una parábola que busca responder a una cuestión universal: “¿Qué hacer?, ¿cómo acertar en la vida?”.

  La respuesta que Jesús ofrece no puede ser más clara. No hay referencia a creencias ni a comportamientos “religiosos”, sino que nombra acciones concretas para cuya comprensión no se requiere ningún razonamiento: dar de comer al hambriento, de beber al sediento, hospedar al forastero, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al preso.

   En su tajante y radical simplicidad, la parábola deja ver una de las grandes novedades que aporta el mensaje de Jesús: existe un camino para el encuentro con Dios que no pasa por el templo. En la lista no aparece ninguna exigencia “religiosa”; lo que importa es la acción compasiva en favor de quienes más sufren.

   Dicho de otro modo, Jesús sitúa la ética por encima de la religión. Lo cual no resulta novedoso, ya que en el mismo evangelio de Mateo, se encuentran aquellas otras palabras: “No todo el que me dice «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21). Y ahora queda claro cuál es la “voluntad de Padre”, en la lista de acciones que aparecen en esta parábola.  

   Además de la sencillez de su mensaje, centrado en la práctica compasiva hacia las personas más necesitadas, hay dos cosas más que llaman la atención. Por un lado, la pregunta de los destinatarios de las palabras: “¿Cuándo te vimos…?”. Unos y otros –tanto los que ayudaron como los que no lo hicieron– no habían sido conscientes de que Jesús estaba en los necesitados; era ellos. Usando nuestro lenguaje, diríamos que tanto los no creyentes como los creyentes no pensaron en absoluto que Dios se encontraba en los hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos, presos… Unos y otros parecían tener una “idea” muy distinta del Dios que negaban o en el que decían creer. 

  La otra cuestión llamativa es la contundencia de las palabras de Jesús cuando afirma: “Lo hicisteis (o no lo hicisteis) conmigo”. No dice: “es como si lo hubierais hecho conmigo”; no. Esa afirmación no nace de un imperativo ético, sino de la comprensión de quien sabe que todos somos uno, que todo otro soy yo. O dicho con otras palabras: todo otro es no-otro de mí.

 Esas palabras expresan el núcleo de la no-dualidad: somos diferentes pero somos lo mismo. Y en el caso de Jesús casan de modo admirable con aquellas otras que el autor del cuarto evangelio pone en su boca: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10,30). Afirmando, valorando, acogiendo y cuidando las diferencias, somos uno con todo lo que es.

¿Cómo me vivo y me sitúo ante los demás?

GRATUIDAD VERSUS MÉRITO

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

15 noviembre 2020

Mt 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y les dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco». Su señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor». Se acercó luego el que había recibido dos talentos, y dijo: «Señor, dos talentos me diste; mira, he ganado otros dos». Si señor le dijo: «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor». Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: «Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento en la tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor le respondió: «Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que, al volver, yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes»”.

 GRATUIDAD VERSUS MÉRITO

  La conocida como “parábola de los talentos” se ha interpretado con frecuencia en clave de mérito y recompensa, desconociendo así uno de los ejes básicos del mensaje de Jesús: la gratuidad.

  El esquema –don/esfuerzo/recompensa– resulta muy familiar al ego: te dan algo, tú lo haces producir y con ello obtienes una recompensa. Se halla tan arraigado en nuestra mente, desde las primeras experiencias infantiles, que no es extraño que alcance a todos los ámbitos, incluido el religioso, donde ha dado lugar a un religión del cumplimiento y mercantilista.

   Pero, como acabo de decir, ese esquema no casa con la enseñanza de Jesús, tal como se pone de manifiesto, por ejemplo, en la parábola de “los trabajadores de la viña” (Mt 20,1-16), donde los últimos reciben exactamente lo mismo que los primeros.

   Ello me hace pensar en la probabilidad de que en este relato haya intervenido la mano de algún glosador que rehiciera una parábola original, para poner el acento en la necesidad del mérito para hacerse acreedor de la recompensa divina. De ese modo, la parábola habría quedado “moralizada”.

  Me parece más acertado pensar que, en su forma original, el foco se colocaba en la necesidad de “no esconder” el talento. Con lo cual, el mensaje es luminoso: todo es don, que en cada persona adquiere una tonalidad propia y se expresa de manera única. Basta acogerlo y dejarlo vivir para que se multiplique. Todo lo recibido –pura gracia–, cuando no nos apropiamos de ello, pasa a través de nosotros y produce el fruto adecuado. Lo cual requiere situarse como cauces limpios y desapropiados, que no buscan recompensa, sino que sencillamente son movidos por la propia fuerza del don que busca desplegarse.

  Así leída, esta parábola, como tantas otras, resulta provocativa, hasta el punto de hacer saltar nuestros esquemas habituales, que advertimos con facilidad cuando tenemos en cuenta las tendencias del ego: por un lado, suele tender a apropiarse y controlar para obtener el resultado apetecido o la recompensa soñada; pero, por otro, cuando es atrapado por el miedo al fracaso, tiende a negar el don, escondiéndolo o negándolo.

  Frente a las trampas del egoapropiación, control, miedo, ocultación–, la parábola constituye un canto a la gratuidad y a la confianza. Y es entonces cuando es posible experimentar que todo cambia cuando te entregas, todo fluye cuando lo sueltas, todo llega cuando es su tiempo, todo sana cuando aceptas. La gratuidad asumida siempre se traduce en desbordamiento de fruto.

¿Vivo la gratuidad?

Semana 8 de octubre: PARA VIVIR LA CRISIS DEL CORONAVIRUS // Luis ROJAS-MARCOS

Entrevista de Marta Legasa a Luis Rojas-Marcos, psiquiatra, fue responsable de los Servicios de Salud Mental de Nueva York, 24 octubre 2020. https://www.uppers.es/salud-bienestar/noticias-salud/reinfeccion-coronavirus-sistema-inmune_18_3032145026.html

“Estamos al principio de una revolución: en la lucha contra la pandemia, la humanidad va a mejorar”.

El psiquiatra ofrece pautas para superar de manera saludable la crisis sanitaria; la más importante, ejercitar la resiliencia.

Conoce bien los caminos de la mente humana para superar la tragedia. Tuvo oportunidad de poner ese conocimiento a prueba como Jefe de los Servicios de Salud Mental del municipio de Nueva York durante el atentado de las Torres Gemelas. Pero, a pesar de haber experimentado el dolor de una manera tan directa, el psiquiatra Luis Rojas-Marcos (Sevilla, 1943) es un optimista irredento. “En España se dice que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ¿quién hubiera preferido nacer hace 100 años? Si observamos a la humanidad a través de los siglos, vemos que cada vez somos más longevos. La longevidad es un factor fundamental. España tiene una esperanza de vida impresionante, los segundos del mundo. Cada vez hay más democracia en el mundo, más tolerancia… Algo debemos estar haciendo bien”, señala al inicio de un encuentro online organizado por la Confederación de Empresarios de Cádiz y desarrollado por la consultora Thinking Heads.

Rojas-Marcos señala que la pandemia aún no ha acabado y advierte de que nos esperan tiempos convulsos. “Nos cogió por sorpresa y hubo un proceso de negación largo. Perdimos tiempo en implementar medios muy básicos”, explica.

Sin embargo, haciendo gala de una visión positiva a prueba de desastres, es optimista con la evolución de la crisis sanitaria. “El virus ha atacado más a las clases más desfavorecidas y a las personas de más edad. Sin embargo, gracias al factor tecnológico, creo que estamos al principio de una revolución. Es una oportunidad para aprender a identificar aspectos que teníamos y no conocíamos”, asegura antes de concluir: “la lucha por superar esta pandemia, la voluntad de ayudar a otros y el avance de las nuevas tecnologías, por ejemplo en la medicina, está haciendo que todos estemos en un aprendizaje colectivo en el que la humanidad va a mejorar”.

Resiliencia, el ‘músculo’ emocional para un bienestar duradero

“El progreso existe a pesar de las adversidades. Los humanos tenemos una enorme capacidad para superarlas. Gracias a ellas, hemos avanzado y evolucionado”, explica el psiquiatra. El mecanismo que nos permite superarlas se llama resiliencia.

La resiliencia empezó a estudiarse a mitad del siglo XX. Toma el nombre de una cualidad de la Física que explica la capacidad de resistencia de un objeto ante la presión del medio. En Psicología, la resiliencia es la capacidad del ser humano para ser flexible y resistir. Un estudio realizado en los años 60 en Hawai siguió la trayectoria de varios niños que a lo largo de los años sufrieron varias desgracias, algunas como maltrato o abusos. El 25% del grupo que superaron estas situaciones de manera saludable disfrutaron de una vida adulta feliz. Fueron, según el doctor, ‘súper niños’ que consiguieron desarrollar su resiliencia, un ‘músculo’ emocional que podemos desarrollar. Estas son las claves para lograr una buena resiliencia, según el doctor Rojas-Marcos.

“Localizar el centro de control”

Tener una actitud proactiva ante una situación de crisis es la primea forma de superarla. “Las personas que se plantean hacer algo en una situación adversa tienen más probabilidades de superarla. Pensamientos como ‘Que sea lo que Dios quiera’ o las creencias en la suerte o en la casualidad no fomentan la resiliencia”, explica el psiquiatra.

“Confiar en nuestras capacidades ejecutivas”

Todos poseemos la capacidad de gestionar nuestra vida y de intervenir de manera contundente cuando la ocasión lo requiere. Ello implica, necesariamente, la capacidad de controlar algunos impulsos. “La idea del autocontrol es esencial a la hora de vivir. Pensar que podemos hacer algo y disponer de una perspectiva positiva facilita que consigamos nuestro objetivo”.

“Mantener una esperanza activa”

La sabiduría popular señala que “la esperanza es lo último que se pierde”. Se trata, por tanto, de un estado de ánimo que perdura y que nos predispone hacia un objetivo. El doctor Rojas Marcos va un paso más allá: “la esperanza debe ser activa. No solo debemos esperar con optimismo que algo se produzca, sino que debemos propiciarlo con nuestros actos”.

“Cuidar la memoria positiva”

Los recuerdos no se almacenan en nuestro cerebro mecánicamente, sino que se seleccionan de acuerdo al impacto que hayan generado y cómo hayamos interpretado ese impacto. Así lo explica el psiquiatra: “la memoria no es un disco duro. Transforma el recuerdo a través del tiempo. Es un mecanismo útil para superar el pasado”. En una crisis es necesario cuidar la memoria positiva, quedarnos con lo que haya de bueno para superarla de manera saludable.

“Comunicarnos bien con nosotros mismos”

No es algo que se enseñe en el colegio y, en opinión de este psiquiatra, cómo nos comunicamos con nosotros mismos es algo fundamental para hacernos con un escudo resiliente. “Hablarnos a nosotros mismo y hablarnos bien es básico para mantener una buena autoestima. Tenemos que tratarnos bien, darnos ánimos y utilizar siempre un lenguaje positivo. Hay que contarse lo que uno siente y brindarse apoyo. Eso es lo ideal”.

“Fomentar las relaciones afectivas y la solidaridad”

Varios estudios demuestran que en los grandes desastres las personas con más probabilidades de superar tanto el desastre como el trauma post-traumático son aquellas personas que han sido activas y solidarias ante las circunstancias. “El pánico es un veneno. La persona asustada está menos enfocada en la resolución del problema”, explica el psiquiatra. El miedo o pánico está regulado por nuestro cerebro más primitivo, el que nos permitió sobrevivir en los primeros estadios humanos. Ese mecanismo de supervivencia estaba basado en dos estrategias: la huida o la paralización. Ninguna de las dos serán útiles esta pandemia.

“Protegernos con sentido del humor”

Nada más universal que el sentido del humor. ¿Cuántas situaciones tensas se han desbloqueado gracias a un chiste?  Algunos estudios muestran, incluso, que cuando nuestro rostro esboza una sonrisa, aunque no haya nada gracioso que la motive, nuestro cerebro ya empieza a liberar endorfinas, una hormona ligada al bienestar. “Riéndonos nos liberamos de las incongruencias de la vida. Y, además, el humor nos une. Hay estudios que demuestran que el humor ayudó a sobrevivir en algunos campos de concentración”, asegura Rojas-Marcos.

“Crecer como persona”

Hoy sabemos que algunas personas que han vivido un trauma por una enfermedad o cualquier otra circunstancia grave afirman que después de superar la crisis, se sienten mejores personas. Es lo que se conoce como ‘crecimiento post-traumático’. “Después de vivir una tragedia, esas personas dicen: ‘he crecido’. El dolor no nos hace mejores personas, pero luchar contra él, sí. Además, nos ayuda a valorarnos y a apreciarnos a nosotros mismos”, afirma este experto.

Pautas para aplicar la resiliencia a la pandemia

  • Preguntarnos ¿qué puedo hacer para protegerme a mí y a los demás? Ser parte activa, cumplir recomendaciones, ser útil y solidario con una actitud positiva.
  • Buscar información fiable para protegernos. Demasiada información nos hace enfocarnos solo en lo malo y puede llegar a obsesionarnos. Las ‘fake news’ nos sitúan en un escenario irreal de angustia.
  • Programarnos para mantener nuestra salud. Según la OMS, la salud es “el estado de completo bienestar físico, psicológico y social”. La salud, por tanto, es “la búsqueda vital para ser mejores y más felices, y encontrar métodos saludables para fomentar ese bienestar”, resume el psiquiatra, que hoy, además de coordinar la actividad de siete hospitales, es docente en la Universidad de Nueva York.

A los lectores y lectoras en Argentina

La librería ÁGAPE, de Buenos Aires, me acaba de comunicar que ha adquirido los derechos para imprimir el libro “Psicología transpersonal para la vida cotidiana”. Los ejemplares estarán disponibles a fin de mes.

Estos son los datos de la librería:

Librería “Ágape”. 
Casa central: telf: 011-4571 6001.
Mail: agape@agape-libros.com.ar
www.agape-libros.com.ar.

Se puede informar en este número de whatsapp: 1132640285.

LO QUE ALIMENTA NUESTRA LUZ

Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

8 noviembre 2020

Mt 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los Cielos se parece a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!». Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis». Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron en el banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por lo tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora”.

LO QUE ALIMENTA NUESTRA LUZ

  Leída en una estricta literalidad, la parábola parece caer en una contradicción, ya que las doncellas “sensatas” (“buenas”) aparecen como egoístas, al negarse a compartir su aceite con las del otro grupo. La contradicción estriba en el hecho de que no hay “sensatez” –comprensión– posible cuando no hay amor.

  Pero una parábola busca ser evocadora, por lo que carece de sentido una lectura literalista de la misma. Se trata, más bien, de identificar el objetivo al que la parábola apunta. Y en este caso parece claro que busca poner el foco en otra cuestión: la importancia decisiva de proveerse de “aceite”.

  En el relato, el aceite es aquello que alimenta la lámpara, es decir, lo que hace posible la luz. Con lo cual, el eje de la parábola remite a esta cuestión: ¿qué es aquello que posibilita, mantiene y alimenta la luz en nuestras vidas?

  En nuestra identidad profunda, somos luz, afirmación que el cuarto evangelio pone en boca de Jesús: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12). Ahora bien, es indudable que con frecuencia vivimos ignorantes de esa realidad, desconectados de ella y, en consecuencia, en la oscuridad de la ignorancia esencial, con la confusión y el sufrimiento que conlleva. En esas condiciones, se hace vital la cuestión: ¿cuál es el “aceite” que alimenta nuestra luz y nos permite vivir en conexión con ella?

 La respuesta solo puede ser una: la comprensión experiencial de lo que somos. Para empezar, la persona interesada puede verificarlo por sí misma a partir de un cuestionamiento elemental: ¿qué es lo que me aporta serenidad, paz, ecuanimidad, plenitud, amor, desegocentración, vitalidad, creatividad…? ¿De dónde brota todo eso y –lo que es más importante– qué lo mantiene aun en circunstancias adversas? Indaga con rigor…

  O puede hacerse el mismo cuestionamiento desde otro ángulo: si evito la trampa de atribuir la causa de mis malestares al exterior y dejo de buscarla fuera, ¿qué es lo que me altera, me encierra, me hace sufrir, me desconecta de la vida…?

  Tal como yo lo veo, la respuesta solo es una: todo se ventila en el hecho de vivir o no conectados a lo que realmente somos. Esa comprensión experiencial es luz; su carencia es oscuridad.

 El paso siguiente surge por sí mismo: ¿cómo provisionarnos de “aceite”?, es decir, ¿qué podemos hacer para favorecer la comprensión? Seguramente necesitemos trabajar con constancia la inercia que nos hace vivir identificados con el yo, en una especie de estado hipnótico, y volver a conectar una y otra vez, de manera consciente, con aquello que somos, lo que está más allá del cuerpo, de la mente, del psiquismo, del yo, de la personalidad…

  Más en concreto, me parece necesario vivir un triple cuidado, que puede expresarse en tres palabras: acogerse, atender y estar. Cuidar el amor humilde e incondicional hacia si, como fuente de unificación psíquica; cuidar la atención, como condición de libertad interior frente a los movimientos mentales; y cuidar el silencio consciente hasta, acallada la mente, reconocernos en él.

¿Qué alimenta la luz en mí? ¿Cómo lo cuido?

Semana 1 de noviembre: SER QUE COLMA LA SED // Javier MELLONI

Lo que aparece en el término
estaba en el origen
pero no lo sabíamos.

Para esto venimos a la vida:
para conocerlo, para experienciarlo
en los diversos estratos
de nuestro devenir.
Y cuando nos hemos colmado
de existencia,
dejar de ser
para realmente Ser,
liberando nuestra pequeña individualidad en el Ser total
que tiene sed de nuestra sed.

Irresoluble es la cuestión
de saber si la gota,
una vez que ha entrado en el Mar
y ha dejado de ser gota,
es consciente de ser Mar.
Irresoluble es la pregunta
porque está planteada desde la gota,
no desde el Mar.

Ser Mar,
ser gota,
gota en el Mar,
mar en el Mar,
mar de Mar.

El Mar está hecho de esa agua
que contiene todas las gotas
que de ella surgen
y que a ella vuelven sin cesar.

No hay gotas,
solo Mar,
Todo Mar.

Saberse agua de ese Mar,
saberse mar de ese Mar.

Somos porque el Ser
es nosotros, siéndonos.

Si no hay yo sin Él
es que no hay yo
sino Él.

Superado este temor,
disuelto el límite,
se nos revela lo que subyace
en el Ahora más cálido e inmediato.
Ser en el Ser.

Aquí y ahora,
en este momento,
en este papel
y en las manos que lo sostienen,
ya calmada
y colmada
la Sed.

Javier Melloni, Sed de Ser, editorial Herder, Barcelona 2013.