CANTO DE JÚBILO DE LOS INDIOS NAVAJOS

¡Maravilloso, todo esto es maravilloso!

Yo soy el espíritu de la tierra.

Los pies de la tierra son mis pies,

las piernas de la tierra son mis piernas.

La fuerza de la tierra es mi fuerza,

los pensamientos de la tierra son mis pensamientos.

La voz de la tierra es mi voz,

la pluma de la tierra es mi pluma.

Todo lo que pertenece a la tierra me pertenece,

y todo lo que rodea a la tierra me rodea.

Yo soy las palabras sagradas de la tierra.

¡Maravilloso, todo esto es maravilloso!

BUSCADORES/AS DEL TESORO

Comentario al evangelio del domingo 10 agosto 2025

Lc 12, 32-48

Dijo Jesús a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentra en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre”. Pedro le preguntó: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”. El Señor le respondió: “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentra portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá”.

BUSCADORES/AS DEL TESORO

La del buscador es una parábola sobre la existencia humana que se ha repetido en diversas tradiciones sapienciales. En síntesis, viene a decir que “algo” en nosotros sabe que hemos perdido o ignorado un tesoro -el tesoro por excelencia, que contiene nuestra plenitud-, por lo que todo nuestro recorrido vital no es sino un viaje para descubrirlo o recordarlo. “Conoce quién eres”, “recuerda quién eres”, repiten una y otra vez aquellas tradiciones.

De entrada, la aventura humana empieza como una búsqueda, en cuyo origen es posible rastrear una doble motivación, lo cual nos alerta del riesgo que encierra. Por un lado, nace de la necesidad; por otro, del Anhelo.

Al percibirnos como seres sumamente necesitados, frágiles y carenciados, se pone en marcha en nosotros un impulso que nos lanza a buscar algo que nos complete y nos sacie. Porque la experiencia de carencia nos resulta insoportable.

Pero ese no es el único motor que nos pone en marcha. En otro nivel más profundo, se activa un Anhelo, que nace del “recuerdo” (inconsciente) antes mencionado, y que tiene un sabor diferente al de la necesidad.

La necesidad termina confundiéndonos, al hacernos creer que aquello que habría de completarnos se encuentra fuera y en el futuro. De ese modo, no solo erramos el camino, sino que incrementamos la ansiedad, al no encontrar nunca aquello que habría de saciarnos.

El Anhelo, por el contrario, es la voz de nuestra profundidad, que nos llama a casa. Lo que anhelamos no se halla fuera ni un futuro lejano; es más íntimo que nuestra propia intimidad: es lo que somos. Únicamente lo habíamos olvidado.

Por ese motivo, en el camino de búsqueda, acertamos al comprender que no hay nada que buscar; hay, más bien, que dejarse encontrar. Cesamos de ser buscadores; en cuanto lo comprendemos, somos, sencillamente, “reconocedores”.

ESPIRITUALIDAD ES… // Anónimo

Espiritualidad es mirar a tu vecino y comprender que su mal humor es causa de su dolor, y no sentirte ofendido.

Espiritualidad es que las cosas no salgan como tú deseas, y aceptar que así ha de ser para tu aprendizaje.

Espiritualidad es hacerte responsable de tus circunstancias, no creerte la víctima, no culpar a nadie de lo que te sucede.

Espiritualidad es vivir en la alegría, o en el silencio, o en el bullicio, o en la tormenta, o en la luz, o en la oscuridad, vivir lo que la vida te propone, sin pretender que sea otra cosa.

Espiritualidad es comprender que, si te enfermas, no solo hay que atender los síntomas físicos, sino también ver qué emociones no estás gestionando, y atender que lo que hace tu cuerpo es mandarte un mensaje.

Espiritualidad es caminar disfrutando de cada paso del camino, independientemente de lo que te suceda. Es atender las emociones sin identificarte con ellas. Es cuidar tus pensamientos y tus palabras. Es ser coherente y mantener la autenticidad en todos los ambientes y en todas las circunstancias.

Espiritualidad es abrazarlo todo.

Espiritualidad es amar el mundo tal y como es, con todo lo que contiene. Sin juzgarlo, sin quejarte, sin poseer.

Espiritualidad es compartir, es estar en paz. Es dejar que cada uno viva como le plazca.

Espiritualidad es comprender que nada es real y que, a la vez, hay que ser impecables a la hora de jugar la partida de la vida.

Y no hablo de religión, no hablo de dogmas, no hablo de pecados, no hablo de creencias, no hablo del bien y del mal, no hablo de iglesias, ni de maestros, ni de normas.

Hablo de lo que late cuando consigues parar y mirar hacia dentro, y te das cuenta de que no tendría sentido la vida, si solo fuéramos materia. Si solo estuviéramos aquí para pasar el rato. Si solo fuéramos un puñado de carne, de vísceras, de arterias. Si solo fuéramos un deseo atrapado en un cuerpo, sin un alma que anhela sentir de nuevo el Amor del que sin duda forma parte.