LA DANZA DE LOS YOES // Esther Fernández Lorente

Los habitantes de la casa comienzan
a mirarse amablemente a los ojos,
al escuchar la clara melodía
que surge, limpia, desde muy adentro.
Con una calidez que los traspasa
y los invita a unirse en ese baile,
la música callada, se hace espacio
silencioso que atiende, hoy, sus voces:

El yo oculto, rechazado, habla de miedo,
de vergüenza por no ser lo suficiente,
de la pobre inseguridad que esconde,
de la vida reprimida que hay dentro.
Habla, desde lo oscuro, de las luces
de ternura y sencillez que se taparon,
de hermosos poemas que hoy duermen
por temor a no ser tan especiales.

Sigue, con la palabra, el yo ideal,
siente que, en su nube, todo son luces
brillantes focos led del escenario
que anuncia la obra de lo perfecto.
Huecos de alma, circulan los personajes,
hieráticas sonrisas, frías manos,
grandes aplausos recogidos con el miedo
de que pueda desmontarse tanta farsa.

El yo creído, agotado, se pregunta
si aún tiene sentido ese desgaste.
Pero no puede soltar viejas creencias
de no saber, de no ser lo suficiente.
Necesita reprimir lo que le estorba
para alcanzar el ideal ansiado,
esforzarse por ser eso que no siente
y ya es, sin tanto esfuerzo, en lo más hondo.

Sigue brotando la música callada,
lo dice todo con sonidos esenciales,
rozando grietas lleva a cada hueco
ecos de amor, de espacio, de presencia.
Sigue sonando la voz, siempre ha sonado,
es la palabra íntima del alma
y aúna pasos que van hacia la vida
iluminando el sentido de su viaje.
Sigue sonando ese silencio sonoro
que huele a vida, a descanso y confianza,
música tierna que abraza cada parte
en la hermosa sincronía de la danza.

Suena la melodía de la vida
y, en armonía disonante, cada parte,
con su propio y único sonido,
unidas, latido a latido, paso a paso
                                           BAILAN.

                                                                    Esther Fernández Lorente.