LA ALEGRÍA NACE DE VER

Fiesta de Pentecostés

5 junio 2022

Jn 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

LA ALEGRÍA NACE DE VER

“Se llenaron de alegría al ver al Señor”, se lee en el cuarto evangelio, en el contexto de los relatos de apariciones. Ahora bien, en un sentido profundo o espiritual, la alegría de la que aquí se habla no es fruto del reencuentro con una persona querida que se había dado por perdida; ni siquiera es consecuencia de la fe en un salvador celestial que ofrece paz. Es sabido que, en el nivel mítico de consciencia, la divinidad se proyecta “fuera”, en un Ser separado a quien se reconoce y adora como salvador. Sin embargo, más allá de esa lectura, el término “Señor” apunta a una realidad, no solo más “cercana”, sino constitutiva de nuestra identidad.

Con esta clave, “Señor” es una metáfora que alude a aquello que constituye el eje, el centro o el núcleo mismo de lo que somos. Aquello que ostenta el “señorío” de lo real. Aquello que somos, más allá de nuestro cuerpo, de nuestra mente, de nuestro psiquismo, de nuestra historia, de nuestras circunstancias, en definitiva, más allá de nuestra persona. Aquello que podemos experimentar como Presencia consciente, el Fondo lúcido y luminoso, ante lo que todo lo demás palidece.

Y sucede exactamente así: al “verlo”, al experimentarlo vivo en nosotros, al reconocerlo como nuestro centro (o “Señor”), al comprender que somos Eso en nuestra identidad profunda, brota la alegría incondicionada.

La alegría que merece ese nombre -alegría profunda y sin objeto, más allá de las circunstancias que nos puedan acontecer- nace de “ver” lo que somos. Y no se trata de una creencia que requiera una adhesión por parte de la mente; no es un acto de fe. Se trata, más bien, de una experiencia profunda de comprensión a la que tenemos acceso en la medida en que, gracias al silencio, aprendemos a “ver” más allá de la mente y de las creencias aprendidas.

Tú no eres nada que puedas observar o nombrar. Tú eres Eso que es consciente de todo lo que puedes observar, el Fondo y que sostiene todas las formas, el único “Señor” que permanece en medio de todos los vaivenes de la impermanencia.

¿Dónde se apoya mi alegría?  ¿Cómo la cultivo?

PLENITUD Y DESPLIEGUE HISTÓRICO

Fiesta de la Ascensión

29 mayo 2022

Lc 24, 46-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto”. Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

PLENITUD Y DESPLIEGUE HISTÓRICO

La “doble dimensión” que nos constituye -identidad y personalidad- puede verse desde otra perspectiva: somos plenitud que se va desplegando en forma de historia. La plenitud es atemporal; el desarrollo histórico aparece como lineal y secuencial. Una lectura ajustada de lo real tiene en cuenta esa doble dimensión, consciente de que cada uno de esos planos obedece a “leyes” diferentes.

En cuanto “seres históricos”, nos experimentamos impermanentes, frágiles y vulnerables, a la vez que vivimos considerándonos “actores” de nuestro destino, afrontando la vida como “tarea”.

El riesgo consiste en quedar reducidos a este plano, olvidando nuestra dimensión profunda. Cuando esto sucede, caemos en la ignorancia radical por la que, aun creyéndonos “conscientes”, nos perdemos en la confusión y en el sufrimiento mental.

Ese laberinto solo tiene una salida posible: la comprensión que nos permite abrirnos a nuestra verdadera identidad. A partir de ahí, se modifica nuestro modo de vernos, de leer la historia y de movernos en ella. Porque vivimos el despliegue sin perder la conexión con quienes realmente somos, es decir, anclados en la plenitud atemporal. En ella nos reconocemos siempre a salvo y desde ella se modifica nuestra visión de la historia y nuestro comportamiento en ella.

Seguiremos haciendo todo lo que tengamos que hacer en el discurrir diario, pero lo haremos -o mejor, se hará en nosotros- desde “otro lugar”. La historia aparecerá ante nosotros como un “juego divino”, con todo lo que encierra de compromiso, pero también de libertad. Del mismo modo que, al salir del sueño, nos liberamos de la carga de las pesadillas que lo acompañaban, al escapar de la confusión de la mente reductora, saboreamos el descanso profundo que sabe a plenitud y a liberación.

Somos seres históricos, con todo lo que ello implica, pero somos, a la vez y en profundidad, plenitud de vida.

¿Cómo y desde dónde vivo el día a día?

«EL PADRE ES MÁS QUE YO»: LA REALIDAD Y LA APARIENCIA

Domingo VI de Pascua

22 mayo 2022

Jn 14, 23-29

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado ahora que estoy a vuestro lado; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado». Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo”.

“EL PADRE ES MÁS QUE YO”: LA REALIDAD Y LA APARIENCIA

Con frecuencia, la afirmación que da título a este comentario y que el autor del cuarto evangelio pone en boca de Jesús ha dado pie a interminables debates teológicos, con el telón de fondo de la “divinidad” de Jesús. ¿Es Jesús de la “misma sustancia que el Padre” –“homoousios”, como proclamó el concilio de Nicea en el año 325- o, como afirma el Jesús del cuarto evangelio, el Padre es “más” que él?

Más allá de las sofisticadas elucubraciones teológicas, parece claro que esa afirmación no tiene encaje posible dentro de la dogmática elaborada en Nicea. Y, sin embargo, cabe una lectura que da razón ajustada a toda esta cuestión.      

Desde la comprensión no-dual, advertimos que Fondo y Forma -o, si se prefiere, Realidad y Apariencia- constituyen las dos dimensiones de la (única) Realidad, que nosotros también compartimos. Así, hablamos de “personalidad” (como nuestra “forma” o “apariencia” concreta) y de nuestra “identidad” (como el “fondo” último de nuestra verdad).

Pues bien, cada uno, cada una de nosotros puede hacer suya la afirmación de Jesús, expresada ahora en este lenguaje: “Soy uno con el Fondo de lo real -el “Padre”- pero, al mismo tiempo, en cuanto “persona” particular, soy más «pequeño” que aquel Fondo que reconozco mi identidad. En palabras de Fidel Delgado: “Soy Todo y poco, a la vez”.

Una vez más, se pone de manifiesto cómo lo que parecen dilemas irresolubles para la mente analítica, quedan disueltos en la comprensión no-dual, que sabe ver y reconocer la paradoja que habita toda la realidad.

“Padre” e “Hijo”, Realidad y Apariencia, no son realidades contrapuestas y mutuamente excluyentes, así como tampoco aluden a entidades o seres separados que entrarían en comparación. Constituyen las dos dimensiones de lo real, que descubrimos en nosotros mismos reconociéndonos, a la vez, ambas cosas: identidad (realidad) y personalidad (apariencia). Según desde la perspectiva que adoptemos podemos vernos como plenitud o como una forma “pequeña” (personalidad particular), en comparación con lo que somos en profundidad. O dicho de otro modo: “Somos «más grandes» que lo que pensamos ser”.

¿Puedo percibir en mí esas dos dimensiones y el “juego” que se da entre ellas?

SABER LO QUE SOMOS // Fidel Delgado

Entrevista de Ima Sanchís a Fidel Delgado, psicólogo clínico, en La Contra, de La Vanguardia, 9 de mayo de 2022.

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20220509/8252065/autoenganos-terribles-dejas-dejas.html

“Uno de los autoengaños terribles es que si dejas de hacer, dejas de ser”.

“Tengo 79 años. Madrileño. Casado, siete nietos. En política, si se gozara de luces suficientes y una madurez humana que tiene que ver con saber atender a lo que los demás realmente necesitan y no las entelequias partidistas, irían las cosas mejor. La realidad unifica, el partidismo separa. Soy, como todos, un misterio”.

Durante muchos años, fue un psicólogo al uso que ejercía en el Hospital Universitario “La Paz”, de Madrid, era profesor en la Escuela Universitaria de Enfermería y acompañaba a personas en su morir. Pero su agilidad mental, su sentido del humor y su profundo conocimiento de lo que somos le llevaron por otros derroteros: acompañar y comunicar lo que sabe con honda ligereza en retiros como el que tendrá lugar en Barcelona del 20 al 22 de mayo, Recursos interiores para crisis exteriores (CONCIENCIAconCIENCIA.com). “Para dejar de sufrir hay que explorar el poder de soltar, si no sueltas es que te falta confianza en el poder de lo tuyo y, entonces, ya no puedes soltar porque has dado el poder a un trabajo, a una creencia, a unos afectos… Al que se le llama hacia adentro y hace caso, atina del todo. La salida de lo estrecho está hacia dentro”.

Todos somos profundamente lo mismo. Nos diferenciamos en la periferia, y algunos ponen tal esfuerzo para ser una cosita diferente de otras cositas que se arruinan la vida.

¿Somos muy semejantes?

Lo que nos diferencia es como una pelusa en el ojo. Tienes que hacer sucesivos parpadeos para que los deseos, los miedos y toda esa pelusa que ocupa la lucidez y la comprensión se vaya y se aclare lo que realmente eres.

¿Cómo vislumbrar lo que somos?

Ya lo somos, pero prestamos nuestra atención a exteriores, emergencias y cuentos que nos cuentan.

¿Qué soy?

Un Soy con mayúsculas que no es perdible, conseguible ni explicable; pero es el fundamento de todo los demás: relaciones, emociones…

¿Hay que ir al centro de dentro?

Sí, pero nos venden que hay algo que lograr que en realidad ya está logrado y tenemos el día enhebrado con “tengo que…, tengo que…”, y como es obsesivo, pues hasta que duermes toda la atención está hacia fuera.

Pero al día siguiente es un volver…

Los niños cuando juegan hacen un pacto entre ellos: vale que jugamos a incendios y tú te quemas, tú eres el de la escalera y yo el bombero. Se reparten los papeles por un rato, se juega con una intensidad increíble, pero salen del papel cuando se acaba el juego.

¿Esa es su propuesta?

Cuando el juego se desvanece y no hay ni restos de haber sido jefe de los bomberos, vuelves a ser tú, y eso es lo que va apareciendo en la madurez: ser capaz de jugar cualquier juego sabiendo que su consistencia es efímera.

¿Para eso están los retiros?

Su función es mirar hacia dentro, darse cuenta de que uno está muy p´allá, poque un indicador de sanación es estar p´acá, es decir, hacia dentro. En cuanto se hace este movimiento, pierde fuerza lo atracativo de fuera.

¿Atracativo?

Es que lo de la atención diaria es un atraco. Si no mantienes hoy día una conversación sobre los ítems de la actualidad, parece que estás desclasificado.

¿Cómo lo soluciona usted?

Yo me he suscrito al Club del No Sé, y de ahí hacia dentro es donde vas descubriendo lo que tiene consistencia y lo que irrealmente es tan de superficie que cuando acabas de formularlo ya ha caducado.

Algunos andamos muy despistados

Es que el ciclo de despistarse y repistarse es otra forma de llamar a la vida. La vida no tiene prisa, tanto le da que estés unos cuantos trienios despistado; otras veces se aclara todo en un parpadeo y uno se queda sin palabras de lo simple que es.

Eso es una suerte

Vivir es tomar contacto con lo que realmente soy e ir considerando que las formas de ser por las que voy pasando son caducas. Pero no se lleva la atención hacia dentro con la voluntad.

¿No?

Es el mismo centro el que te pide volver adentro de ti. Desempeñar tus retos diarios y luego soltarlos sin duelo porque sabes que hay mucho más esperando ser probado.

La vida es rutinaria

Y angustiante, acelerada, pero si tienes energía y ganas de indagar lo que realmente eres, lo vas a disfrutar y cambia la vida; pero si ahora no te apetece, lo que eres no caduca jamás.

¿Y cuál es la puerta de entrada?

Es fácil: si cierras los ojos, los oídos, y vuelves la atención hacia dentro, ya estás ahí.

Meditamos, hacemos terapia… y no nos encontramos

A veces esas acciones son de ese yo engreído que cree que es el que hace las cosas. El hacer es lo que le da al ego la sensación de fuerza, presencia, eficacia o, si quiere angustiarse, colecciona todo lo que queda por hacer. Uno de los autoengaños más terroríficos es que si dejas de hacer, dejas de ser.

Entonces, ¿no hacemos nada?

Es una dirección complementaria. Hay un momento en que la vida te llama en otra dirección y lo inteligente es hacerle caso.

¿Cómo?

No hace falta hacer 12.000 postraciones en Katmandú, sino algo tan simple como que con la atención diaria vuelvas hacia dentro, donde está el origen de ti.

¿Y eso se hace meditando?

Pueden utilizarse diferentes recursos, pero lo más importante es captar de qué va, porque se te puede complicar mucho la vida si, además de todo lo que haces, añades meditar, plancharte los chakras e ir al dietista porque te faltan oligoelementos. En realidad, lo que realmente soy no corre ningún peligro.

¿El peligro es que no te enteres?

Para mucha gente, el papel que hace es todo lo que es; por tanto, en cuanto el personaje y su cuerpo están sometidos a cualquier amenaza, entra en modo angustia y terror; si sabes que no eres eso ni de lejos, ya sabes la clave.

LA SEÑAL DEL AMOR

Domingo V de Pascua

15 mayo 2022

Jn 13, 31-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él. (Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: y pronto lo glorificará). Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”.

LA SEÑAL DEL AMOR

Es habitual que cada grupo trate de identificarse a través de algunos signos concretos: una bandera, un escudo, un hábito, un eslogan, un color, una actividad… En la sociedad de Jesús, los fariseos se distinguían por las filacterias de sus mantos, los esenios por vivir retirados en el desierto, los discípulos de Juan por la práctica del bautismo…

El Jesús del cuarto evangelio propone una “señal” universalmente válida, porque constituye la expresión más acertada de aquello que somos en nuestra identidad profunda. La certeza de no-separación (o no-dualidad) se plasma en la vivencia del amor. De ahí que la señal más característica de la comprensión o sabiduría sea justamente el amor desapropiado, gratuito e incondicional, que se traduce en compasión.

Se trata de una señal con validez universal, porque no nace de una creencia ni de una ideología, sino de la comprensión de lo que somos, o más aún, de la comprensión de lo que es la realidad.

No es, por tanto, una señal “religiosa” ni exclusiva de un grupo determinado, que con ella se diferenciaría de otros. Conecta con la sabiduría atemporal y señala un horizonte inclusivo, donde nadie queda fuera. Es una propuesta que propugna el final de todo sectarismo y enfrentamiento, que invita a desarrollar una mirada que sabe ver al otro en profundidad y que aboga por la fraternidad universal.

Con esta propuesta resulta fácil descubrir a Jesús de Nazaret como un hombre sabio, que sabe trascender cualquier tipo de particularismo social, cultural o religioso. No funda una “nueva religión” ni pretende poner en marcha una institución religiosa más -todo ello serán “creaciones” posteriores-, sino mostrar el camino de la sabiduría que ilumina la existencia humana y se plasma en la vivencia del amor. A partir de ahí, no resulta exagerado afirmar que Jesús no fue un hombre “religioso”, sino radical, universal y profundamente “humano”.

¿Cuál es la “señal” de mi vida?

LA SABIDURÍA DE LA AMABILIDAD / Daniel Lumera

Entrevista de Ima Sanchís a Daniel Lumera, biólogo naturalista, en La Contra, de La Vanguardia, 28 marzo 2022.  https://www.lavanguardia.com/lacontra/20220328/8156741/debemos-sanar-gusta-fuera.html

Considerado un referente en la práctica de la meditación, dice que su tarea es juntar ciencia y espiritualidad: “Las tradiciones milenarias tienen valores que la neurociencia está validando. Yo quiero restituir a la ciencia corazón y a la espiritualidad cerebro”, y de eso trata su último libro, Biologia della gentilezza, escrito con la genetista Immaculata De Vivo. Se formó con Anthony Elenjimittam, discípulo directo de Gandhi, es el impulsor del día internacional del Perdón y del movimiento que se extiende por Italia sobre la amabilidad. Ha creado el método My Life Design, que consiste en el diseño consciente de la vida profesional, social y personal. En su centro en Cerdeña profundiza en las ciencias del bienestar. Impartirá un retiro en Barcelona, Los 6 pilares del bienestar, del 13 al 15 de mayo (www.concienciaconciencia.com).

¿Perdonar cura?

Sí, es un medicamento natural que impacta en la longevidad, el estrés y las habilidades prosociales; hay cientos de estudios.

¿Son necesarios 21 días para renacer?

Es el tiempo mínimo para introducir en nuestra vida un hábito que nos nutra. Las emociones, los pensamientos y las relaciones son alimentos tan básicos como el arroz.

Ha creado usted un movimiento en Italia a favor de la amabilidad.

Hoy los políticos crean sentimiento de pertenencia e identidad a partir de crear un enemigo. La amabilidad es lo contrario.

Está claro.

Crear el sentido de pertenencia a partir de cuánto eres capaz de incluir a los demás es, por tanto, una provocación personal, social y política. Las personas en este momento somos muy poco amables. Pero en Italia ha surgido este movimiento ahora porque es una exigencia evolutiva.

¿Otro medicamento natural?

Está demostrado que las personas amables viven más y enferman menos. La mejor estrategia para sobrevivir como especie es ser amable, saber perdonar y cultivar la compasión. La amabilidad es un músculo que debemos entrenar todos los días en el gimnasio de la vida. Debería ser una asignatura: saber ser.

¿Cómo surgió el movimiento?

Durante la pandemia guié una meditación diaria por las redes sobre la amabilidad y se apuntaron 20.000 personas. Había hambre de amabilidad, alcaldes de ciudades importantes se comprometieron a convertirla en proceso social mediante distintos proyectos, y los ciudadanos no paran de crear actividades que la promueven.

Es una buena noticia.

La ciencia nos habla del efecto cascada de la amabilidad, resulta contagiosa.

¿Y si la respuesta es una patada?

Perdonar no significa justificar. Poner la otra mejilla no es “dame de nuevo”, sino mostrar tu otra cara, el lado que no contesta al dolor impartiendo dolor o castigando. La amabilidad y el perdón son una tendencia evolutiva.

Eso es contundente.

Amabilidad, perdón y gratitud son virtudes que en la caduca sociedad patriarcal se consideran debilidades. El futuro será femenino.

¿Cómo cultivarlas?

Primero, en el interior: hay muchas técnicas de meditación y escucha profunda. Segundo, siendo capaces de construir relaciones sinceras. La tercera dimensión es social.

Propóngame un reto.

Haga cuatro actos de amabilidad al día: hacia sí mismo, hacia otro ser humano, hacia un animal y hacia la naturaleza. Es la mejor inversión que podemos hacer en nuestra salud.

¿Cómo ser amable con la naturaleza?

Dejando de violentarla y siendo conscientes de lo que consumimos. La mente humana es el mayor contaminante, ya que todo sale de ella. El mundo es el reflejo del ambiente interno. La crisis climática solo se puede abordar teniendo una mente ecológica.

Cierto.

Si se extinguen las abejas, en 50 años, extinción masiva. Pero si se extingue el humano, en 50 años florece la tierra. Si queremos sobrevivir tenemos que entrar en procesos inclusivos, comprender la interconexión.

Usted defiende el camino de la ligereza.

En nuestra dieta emocional solemos tragar a diario rabia, culpa, impotencia, rencor y miedo. La ligereza pasa por la calidad de nuestros pensamientos, y para eso es básico hacer espacio al silencio. El silencio nutre.

¿Y para conquistar mayor vitalidad?

Aprenda a respirar y frecuente a personas que le inspiren. Si cuida las seis dimensiones, la física, la vital, la emocional, la mental, la relacional y la espiritual, vivirá ligera y acabará con el ruido de su mente.

¿Por qué tenemos angustia existencial?

La respuesta no está en el porqué, sino en el cómo la siento. Huimos de la angustia, pero yo propongo ir a su interior, escucharla, respirarla y saber dónde la sientes en tu cuerpo.

Y propone la ritualidad.

Nuestra vida es rutina, vamos en piloto automático, llenos de quehaceres y ausentes de presencia. El ritual es lo contrario, es consciencia. Yo cada mañana inspiro, tomo conciencia de existir, y al expirar doy las gracias por todo lo que tengo. La vida es un milagro, y si no lo celebramos es que estamos locos.

¿De dónde hemos salido tan burdos?

Lo único que podemos hacer es dejar de intentar comprender el porqué y empezar una revolución a partir de nuestro sentir profundo, sanar en nosotros todo eso que no nos gusta ahí fuera.

¿A usted qué le pasó, cómo llegó aquí?

Hice un camino monástico en la tradición vedántica que duró 11 años, perseguí la iluminación, la disciplina, ¡qué locura! Pero la vida me puso delante de la santa crisis y la santa debilidad, ya nada me servía, empecé a llorar, a aceptar y agradecer el dolor, mi fragilidad y mi oscuridad, y así pude sanarlas.