PSIQUIATRÍA Y BUDISMO // Mark Epstein

Entrevista de Laura Pintos a Mark Epstein, psiquiatra, en ABC, 11 de marzo de 2024.
https://www.abc.es/bienestar/psicologia-sexo/psicologia/mark-epstein-psiquiatra-budista-20240311180408-nt_amp.html

“Lidiar con tus emociones negativas hace espacio para el amor”.

El reputado experto estadounidense ha presentado en Madrid su nuevo libro, “El zen de la terapia”, en el que explica cómo une ambos mundos -budismo y psicoterapia- en la atención a sus pacientes y en su visión de la vida.

“Creo en el poder de la conciencia para sanar”, escribe el doctor Mark Epstein en “El zen de la terapia”, su octavo libro y cuya edición en español (editorial El Hilo de Ariadna, colección Ananta) ha venido a presentar a Madrid aprovechando que su mujer, la artista Arlene Shechet, tiene una exhibición con motivo de la feria Arco. Los dos mundos se unen, comulgan en simbiosis pacífica y productiva en él, un reputado psiquiatra formado en Harvard y con una demandada consulta en Nueva York, su formación científica occidental y sus profundos conocimientos del budismo y la meditación.

Este segundo universo irrumpió en su vida un poco antes que la medicina, que estudió en la prestigiosa universidad americana siguiendo los pasos de su padre. Sin embargo, él eligió curar mentes en lugar de cuerpos, o también, pero actuando desde el sinuoso camino de lo no físico. Y es que, a sus 20 años, Epstein se había topado con el budismo de manera accidental y pronto se hizo discípulo y con el tiempo amigo de maestros como Ajahn Chah, Joseph Goldstein, Jack Kornfield o Ram Dass, responsables de su introducción en Estados Unidos.

Epstein pasa consulta cuatro días a la semana en Nueva York. Estar cara a cara con sus pacientes le gusta. Dice que eso, enfrentarlos directamente en la mirada y también en el abordaje terapéutico, mediante el diálogo que establece con ellos, lo separa del psicoanálisis. Pero también incide en su trabajo como terapeuta su profundo conocimiento del budismo, aunque durante décadas fue reticente a admitirlo y a hablar abiertamente de ello.

El psiquiatra dedica el quinto día laborable a escribir. Lleva ya ocho libros, y no fue hasta este último, “El zen de la terapia”, cuando accedió a explorar la grieta por la que deja colarse a esta antigua filosofía en su trabajo científico regido por los estándares de la medicina occidental moderna.

En esta obra, por fin, hay una parte teórica que la explica, la grieta, su luz filtrada, su calado en él, a la vez que relata varios casos reales documentados durante un año en su consulta, en los que se ve de manera práctica cómo muchas veces el pensamiento budista -la aceptación, la trascendencia, la confrontación contemplativa, la atención dirigida- y la meditación completan su devolución en la sesión.

Minutos antes de la presentación del libro la pasada semana en la librería Crazy Mary, de Madrid, donde actuó como presentadora e intérprete la maestra yogui y escritora, además de traductora de esta novedad literaria, Julia Napier, Epstein habló en exclusiva con ABC Bienestar:

El gran dilema: ¿cómo combinar acertadamente ciencia y espiritualidad?

En la cultura en la que crecí y me formé, la espiritualidad siempre fue apartada y todo era ciencia. Eso fue fantástico hasta cierto momento en que empecé a sentir que nos faltaba algo, porque hay mucho que el pensamiento científico no alcanza a comprender. Me empecé a preguntar qué era, y tampoco las religiones que tenía al alcance me daban respuesta. Cuando me topé con el budismo sí la encontré. Fue como llenar un vacío. Pero a la vez yo pertenezco al mundo científico, así que me propuse reunirlos a ambos.

¿Tender un puente para ese encuentro?

Me veo más como un traductor, y no me refiero a idiomas. Quiero traducir el budismo para el mundo occidental y a su lenguaje psicológico actual, derivado de Freud y de la psicoterapia, que han dado forma a cómo todos entendemos ahora la mente.

No siempre es fácil que se entienda que no hablamos de religión, sino de espiritualidad.

Así es. Empiezo el libro contando una anécdota sobre mi madre, que a los 40 años de mi trayectoria un día me preguntó justo eso, qué era ser espiritual pero no religioso y cómo, aunque se lo intenté explicar, ella siguió sin entenderlo y entenderme. Creo que una de las ventajas de ser un occidental interesado en el budismo es que no nos pesa su aspecto cultural o el religioso, estas eran cuestiones que no tenían interés ni sentido para mí, con lo cual me ha sido más fácil separarlas de su parte de ciencia, arte o esencia.

En el libro dice que la mente es un mal jefe, pero un excelente empleado. ¿Cómo debemos entonces dirigirla?

El problema es que tampoco le gusta mucho escuchar (risas). Es reactiva y está a la defensiva, así que debemos ser muy consistentes y pacientes con ella. Gradualmente, con una práctica continua, podemos controlarla mejor. En el mundo budista usamos la analogía del pastor: debes darle al rebaño un campo grande donde pastar y, cada vez que se aleja demasiado, te toca ir a buscarlo y traerlo cerca, una y otra vez. Llegará un día en que aprenderá a estar a tu alrededor, y podrás por fin relajarte.

La paciencia es un bien escaso en un mundo veloz, de consumo acelerado y estímulos inmediatos. ¿Cómo tener más?

Hay muchas distracciones y aceleración, atendemos a muchas cosas a la vez. En cierta manera, ahí vemos que somos tolerantes y pacientes. No obstante, la paciencia a la que se refiere se trabaja como el cuerpo en el gimnasio o el campo de deporte. Es lo que aporta tanto la meditación como la psicoterapia, en realidad. Este es uno de los puntos en los que están conectadas. En terapia estamos una hora ahí sentados, atendiendo, hablando, casi un milagro en estos tiempos…, parecido a meditar.

En el libro también incide mucho en el hecho de que la anhelada paz interior no viene de la relajación, sino de la confrontación con nosotros mismos.

Sí. Es la misma idea en terapia, nuevamente.

Algo difícil. Es más fácil buscar distracciones, eludir ciertas cosas, evadirnos. ¿Qué ganamos al hacerlo?

Estar enfadado no es agradable. Todos cargamos nuestra propia angustia, culpa o sensación íntima de injusticia, pero no se siente bien. Es uno de los motivos por los cuales las personas acuden a terapia o empiezan a meditar, porque algo no se siente bien por dentro. Y descubren que hay otras formas de entenderlo y de hacer algo al respecto.

¿Habla de aceptación?

Tanto de aceptación como de transformación. Es como si la emoción del ser quisiera madurar. No queremos seguir estando enfadados. El subtítulo del libro es «revelar la bondad oculta de la vida». Porque tenemos una capacidad para amar que puede estar dormida, o latente, esperando a manifestarse. Y en cuanto empiezas a lidiar con tus sentimientos y emociones difíciles se hace espacio para que lo haga.

Después de ver tantos casos, seguramente muchos complicados e historias horribles, ¿cómo es que sigue creyendo en la bondad intrínseca del ser humano?

No soy naif sobre esto, también creo en nuestra horrible naturaleza destructiva, pero las personas tenemos una capacidad tremenda para emerger de sucesos horrorosos y aun así ser amorosos.

¿Cómo es que nos pasamos media vida aprendiendo y siendo de una manera, y en determinado momento descubrimos que debemos desaprenderlas, volver hacia atrás, deconstruirnos en cierta forma, para ser felices y auténticos?

Debemos desaprender, sí. Es la gran pregunta sobre el ego. ¿Lo necesitamos realmente? Si vives sin él, eres un lío. Por eso dedicas tu crecimiento a consolidarlo para poder funcionar en este mundo, controlar tus emociones y relacionarte. Y cuando lo tienes bien construido y fuerte, empieza a molestar, a entrometerse, porque es muy controlador, cuando lo que queremos es bailar, crear, escribir, amar, ser libres.

¿Esto sucede a determinada edad?

Probablemente sucede en la adultez temprana. Puede pasar después de la adolescencia también. Los que sí saben cómo jugar son los niños, pero luego esa liberad queda escondida y nos toca redescubrirla de adultos.

En ese sentido, ¿podemos educar mejor a los niños para que no pierdan de vista esta parte?

El énfasis exagerado en el éxito, que viene de los miedos de los padres, puede tener algo que ver en este sentido.

¿Cómo se puede ser un mejor terapeuta?

Haciendo lo menos posible. En serio. Si eres un buen terapeuta, no quieres interferir en cómo es la persona, quieres ayudarlo a tener ese espacio.

Y saber cuándo decir algo, además de qué, por supuesto.

No lo sabes, es improvisado. Por eso debes confiar mucho en ti mismo. Para saber cuándo decir lo que estás pensando y cuándo no.

¿De qué manera lo ayuda en su trabajo el budismo?

En la escucha sin intervención y en la atención plena. Cuando meditas entrenas estos aspectos, trasladarlo de tu interior a la experiencia con otra persona es un pequeño paso. Además, en las sesiones debes confiar en ti mismo y en tu autenticidad, en tus intenciones y en la forma en que respondes, y eso también se trabaja meditando.

Habla mucho de nuestra verdadera esencia. ¿Cómo podemos dar con ella?

Solemos estar confundidos. Es algo que no puedes tocar o ubicar en determinada parte de ti mismo. Es intuitivo. Puedes describirlo, pero no dibujarlo. Solo puedes experimentarlo y sentir cierta resonancia o conexión cuando aparece. La terapia es muy efectiva en este sentido.

La meditación, y sobre todo el mindfulness, están de moda. ¿Es para cualquiera, todos podemos aprender a practicarlos?

Definitivamente, no. Me preocupa un poco esta tendencia. Sucedió con el psicoanálisis, se puso de moda, todos creían en él y pensaban que lo curaba todo. Luego, con los antidepresivos, que son fantásticos, pero para determinados casos y situaciones. Ahora pasa con el mindfulness, y se aplica a todo, hasta la comida, como si fuera una panacea. Está sucediendo también con el regreso de los psicodélicos o de la ayahuasca. Está en nuestra naturaleza buscar una solución mágica. Mindfulness significa simplemente estar atento a lo que sea que esté sucediendo en el momento. Así que puede ser practicada en meditación, pero eso no funciona para todos, no todos pueden observar su mente con una atención tranquila, a algunos esto los pone más ansiosos. Muchas personas necesitan hacer algo más físico, como el yoga o deportes, y otras algo más creativo, como música, pintura o similar, con la misma calidad de atención. Se trata de que tu mente, tu atención, estén conectadas plenamente con el presente.

¿Ese es el propósito?

Es el principio. La entrada.

¿Cuán lejos se puede llegar?

Eso ya es bastante difícil de conseguir. Puedes pasar toda tu vida intentándolo. Pero en el budismo tradicional practicas mindfulness para desarrollar introspección (Epstein usa el término “insight”) acerca de la realidad y de ti mismo. Para el budismo hay tres características de la realidad: impermanencia, descontento e insustancialidad. Hacia allí va.

Para dominar nuestras emociones, dice que hay que confrontarlas. ¿Significa aceptarlas?

Primero reconocerlas y darles un nombre, eso crea espacio de inmediato entre la persona y sus emociones y permite controlar cómo reaccionar o responder a ellas. Depende el caso, solo observarlas, dejar que sean y se reduzcan naturalmente, o actuar. Se trata de no ser controlado por ellas.

En el libro habla de la imagen del mono que no ve ni oye lo que muchas veces tiene delante.

Es el mecanismo de defensa del ego, que busca protegerse.

Qué tan importante es el lenguaje. Decir, dar nombre.

Muy importante. Por eso escribo tanto. Funcionamos con el lenguaje, es cómo entendemos el mundo, y ser capaces de articular nuestra experiencia es un regalo maravilloso.

¿En las relaciones interpersonales, cree que actualmente nos comunicamos peor?

Oh, no, siempre hemos sido pésimos.