Semana 23 de septiembre: NO-DUALIDAD Y SABIDURÍA PERENNE

NO-DUALIDAD: ¿UNA MODA?

Segunda Clave: No-dualidad y sabiduría perenne.

La no-dualidad pertenece al núcleo de la sabiduría de la humanidad, en sus distintas tradiciones y expresiones. Es, por tanto, lo más opuesto a una moda pasajera. Los sabios –algunos de los cuales se hallan en el inicio de las diferentes tradiciones religiosas– han comprendido la naturaleza no-dual de lo Real.

        Las diferencias entre ellos provienen de las distintas representaciones mentales en las que se movían. La vivencia y la comprensión puede ser idéntica y, sin embargo, variar la interpretación que cada persona hace de la misma. Porque toda interpretación o lectura es ya un fenómeno mental que echa mano de los esquemas –sociales, culturales, educacionales…– o “mapas” con los que cada mente se maneja.

       Ahora bien, siendo cierto que la comprensión no-dual ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad, no lo es menos que, en la actualidad, pareciera que tal comprensión se está “expandiendo”, es decir, alcanza cada vez a más personas y colectivos. Y es esto precisamente lo que permite hablar de una “revolución” de la no-dualidad.

       Ante este fenómeno, habrá quien hable de “moda” y hay incluso quien directamente la descalifica, negando valor a estas nuevas –y cada vez más extendidas y frecuentes– expresiones, tachándolas de “superficiales” y negándoles el valor que atribuye a la de aquellos que considera sabios o místicos “oficiales”. No entiendo el motivo, a no ser que se trate únicamente de un pre-juicio, por el que alguien afirma la validez de la experiencia vivida por “Santa Teresa, Ibn Arabi, Hakuin, San Juan de la Cruz (místicos auténticos)” mientras descalifica a “conocidos neoadvaitas (Tony Parsons, Jeff Foster, Eckhart Tolle, David Carse o Yolande Duran)”, con el pretexto de que es una “corriente declarada como pseudoespiritual por los advaitas tradicionales”. El mismo crítico llega a escribir que “si esta moda se impone es de esperar que va a ser muy difícil distinguir la verdadera no dualidad o mística de lo que son «pseudonodualidades»”.

    Me resulta llamativa la propensión a conceder “certificados de calidad”, según los cuales se validan determinadas experiencias, mientras se descalifican otras, a tenor de los propios pre-juicios. Más aún cuando eso se repite al otorgar credenciales de “persona comprometida” a quien responde a un determinado cliché sobre lo que tendría que ser el “compromiso”.

       Y ya que ha surgido la cuestión del compromiso, me parece relevante señalar que es bueno cuestionar el compromiso que no nace del amor y de la desapropiación del yo. En el modo como a veces se plantea, creo percibir lo que podría designarse como un cierto moralismo mesiánico de corte judeocristiano, con todo lo que tiene de exigencia, autoafirmación egoica (o fariseísmo) y culpabilización (hacia quienes no lo viven de ese modo). No es casual que sea precisamente en esos ámbitos donde se hable de una “espiritualidad política”. El compromiso se plantea ahí, fundamentalmente, como una “exigencia” –por más que luego se le añada el calificativo de “ética” o “moral”–, como algo que “tengo que” o “debemos” hacer, en un planteamiento típicamente mental o egoico, que suele esconder no pocos equívocos peligrosos.

     Me parece sensato, al menos, sospechar de los posicionamientos de quienes creen que es el yo quien construye y dirige la historia. Creo que late ahí un disimulado narcisismo y un innegable antropocentrismo, peligroso precisamente por ser falso.

      Considero importante mantener el espíritu crítico para prevenir la credulidad o incluso la irracionalidad. Pero no me parece ajustado que, a la hora de ejercitarlo, se recurra a “argumentos de autoridad” o a criterios basados en las propias preferencias. Y eso ocurre cuando se confunde la no-dualidad con la propia idea acerca de ella.

Semana 16 de septiembre: DE PARADOJAS Y MALENTENDIDOS

NO-DUALIDAD: ¿UNA MODA?

Primera Clave: La Realidad es no-dual (2).

De paradojas y malentendidos

  Los malentendidos –si bien sostenidos, inconscientemente, por la necesidad de defender el propio posicionamiento– surgen cuando se leen desde el estado mental afirmaciones nacidas del estado de presencia. Se olvida entonces –porque no se ha experimentado– que comprender no es justificar, aceptar no es resignarse y no-decidir no es indolencia ni inacción.

         Más allá de las trampas de las que nadie estamos a salvo, el sabio comprende todo pero no todo le da igual; acepta y vive alineado con lo real, pero no resignado, sino siempre creativo desde aquella aceptación de base; sabe que “no decide” y vive una docilidad exquisita a lo que la Vida (“Dios”) quiere en todo momento, gracias a la desapropiación de su propio yo. Y se realiza entonces la sabiduría que proclama el Tao Te King: “Nadie hace nada y, sin embargo, nada queda sin hacer”, que explicita el sabio Chuang Tzú: «Es el Tao quien actúa en los diez mil seres», y que aparece también bellamente formulada en un aforismo zen: “En todo lo que hagas, no hagas nada”. Si eres “tú” el que (cree que) lo hace, la acción nacerá contaminada por la apropiación y, lo que es más grave, por la ignorancia que sostiene la creencia errónea de que hay un “yo” hacedor.

              Y es aquella misma sabiduría la que trasluce en las palabras de Jesús de Nazaret: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”. Palabras que no inducen a ningún tipo de falsa humildad –que suele esconder un orgullo soterrado–, sino que invitan a la comprensión de que “tú” no has hecho nada, que no hay “nadie” que haga nada; todo, sencillamente, se hace y, cuando no caemos en la trampa primera de identificarnos con el ego, fluye a través de nosotros.

         El sabio se comprende como cauce desapropiado y humilde que no presume de “sus” logros ni de “su” compromiso. Pero esto únicamente es posible cuando se vive, no desde el estado mental (o del ego), sino desde la Presencia consciente que somos.

          Todo lo profundo lleva el sello de la paradoja, y el ser humano también. Ello significa que nos movemos constantemente en “dos niveles” –el de la “personalidad” y el de la “identidad”–, por lo que es inevitable recurrir a un lenguaje paradójico. Leídas desde la mente, esas expresiones podrían descalificarse como “contradictorias”; sin embargo, la contradicción es solo aparente. En lo más hondo ocurre que, como dijera el físico Niels Bohr, “lo contrario de una verdad profunda es otra verdad profunda”.   

         Lo real es de tal complejidad que expresiones en apariencia contradictorias son ambas verdaderas. Solo la estrechez de la mente las ve como irreductiblemente opuestas. Los sabios se han expresado con frecuencia de ese modo. Por ejemplo, el mismo Jesús que dijo: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división” (Lc 12,51), es el que aseguraba: “La paz os dejo, mi paz os doy (Jn 14,27). Si tomamos distancia de la mente lineal y acertamos a comprender desde dónde está dicha cada una de esas afirmaciones, advertiremos la verdad de ambas; la contradicción es solo aparente.  

Semana 16 de septiembre: ARCILLA (J.L. Borges)

Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin, y esto tiene que ser más fuerte en el caso del artista.

          Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo.

          Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia.

          Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos, de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiran a serlo.

Jorge Luis BORGES.

«METÁFORAS DE LA NO-DUALIDAD»

No vemos “Lo que es” porque lo estamos buscando…, y lo imaginamos distinto de lo que es.

No es lo mismo hablar de la no-dualidad que desde la no-dualidad.
En el primer caso, se reduce a un concepto más,
a otra “construcción mental” que puede creerse o rechazarse;
en el segundo, se vive comprensión:
nada queda fuera, todo es expresión de Lo que es;
el instante no pensado es el Ahora eterno
y toda forma, cualquiera que sea la manera en que se manifieste,
es Plenitud radiante.

 

AGRADECIMIENTOS

 Han sido muchas las personas que han puesto saber, entrega y amor en este libro. Entre todas ellas, hay algunas que no puedo dejar de nombrar.

Ana Etxeberria, querida compañera, en su admirable inquietud pedagógica, alumbró la idea y el título; me acompañó en su proceso y me sigue acompañando con una paciencia incansablemente amorosa.

Javier Abril del Diego se entregó, desinteresada y amorosamente, con tanta pasión como arte, al diseño, maquetación e ilustraciones. Tuve además el regalo añadido de ser testigo de cada uno de los pasos que iba dando en la cuidada ejecución de su tarea.

Fidel Delgado puso el “toque personal”, con el regalo de unas letras que, tanto en su contenido como en su “forma”, transmiten lo que mejor lo define: la conjunción de sabiduría y humor.

Ana Mª de las Heras tuvo, como es ella, un papel callado pero cálido, motivador y sumamente eficaz en la gestación de todo este proyecto.

Y, last but not least, Manuel Guerrero, director editorial de Desclée De Brouwer, manifestó desde el primer momento la receptividad y acogida que tanto apreciamos y valoramos quienes lo conocemos.

Hacia cada uno y cada una de ellos experimento una sentida y estable gratitud.

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El ser humano está habitado por un dinamismo o anhelo que lo empuja hacia la verdad. En esa búsqueda recurre a lo que otros le han enseñado y a lo que puede elaborar a partir de su propio razonamiento. Pero pronto se da cuenta de que la verdad no “cabe” en su mente. Descubre que la verdad, siendo “razonable”, no es “racional”, sino que se encuentra en el nivel de la “trans-racionalidad”.

La verdad no es una idea, un concepto o una creencia. Es una con la realidad; es, sencillamente, “lo que es”. Y es no-dual: se manifiesta en infinidad de formas diferentes, siendo todas ellas expresión de la única Realidad.

Sin embargo, a la mente, de naturaleza dualista y separadora, se le escapa la no-dualidad. Por eso es apropiado recurrir a la metáfora y a su capacidad evocadora: a partir de una imagen que se capta con facilidad, nos “traslada” a la Realidad inefable.

A lo largo de diferentes metáforas, de un modo amable y sugerente, el autor invita a abrirse a “otro modo” de ver la realidad, en la certeza de que así se nos hace patente nuestra verdad y, con ella, la plenitud que somos.

Editorial Desclée De Brouwer.

Para leer el Prólogo y la Introducción, clic aquí.

ÍNDICE

Prólogo de Fidel Delgado

Introducción

  1. La cuerda y la serpiente
  2. El león y los asnos
  3. La ola y el mar
  4. La piedra y los átomos
  5. Las cosas y los procesos
  6. La botella y el océano
  7. El océano y el agua
  8. El globo lleno de aire
  9. El cielo y el clima
  10. La montaña y las nubes
  11. La vida y los seres vivos
  12. El manantial y el agua
  13. La vid y los sarmientos
  14. El dedo y el cuerpo
  15. El anillo y el oro
  16. Dos velas, una sola llama
  17. La película y la pantalla
  18. Las letras y el papel
  19. El coche y el conductor
  20. El viaje y el viajero
  21. Los trenes y la estación
  22. El que ve y lo visto
  23. Lo que observa y lo observado
  24. Lo que ocurre y la consciencia de lo que ocurre
  25. La llanta y el eje
  26. Los huéspedes y el dueño
  27. Los churros y el gerente
  28. El pianista y el piano desafinado
  29. El mendigo y el tesoro ignorado
  30. El diamante en el bolsillo
  31. El tesoro y el buscador
  32. Dos hijos inconscientes
  33. El buscador y lo buscado
  34. Lo que es y lo que pasa
  35. El río y los remolinos
  36. El espacio y la habitación
  37. El niño y el auto mecánico
  38. El jinete y las riendas
  39. Gemelos que no tienen la misma edad
  40. El coro y el director
  41. El dueño y el criado
  42. La cercanía que impide ver
  43. Las gafas que filtran la visión
  44. Cuando nada es todo
  45. El tapiz y nuestra mirada
  46. El libro y la lectura
  47. La pizarra y lo escrito en ella
  48. El lienzo y las imágenes
  49. El pájaro y la rama
  50. El miedo y la ignorancia
  51. El escenario y el personaje
  52. El actor y la máscara
  53. La pasarela y el desfile
  54. El baile y el bailarín
  55. El mapa y el territorio
  56. El dedo y la luna, las creencias y la verdad
  57. La miel y el dulzor
  58. El juez y la rosa
  59. El efecto boomerang
  60. El sueño y el soñador
  61. El salvador y la víctima
  62. El árbol del conocimiento del bien y del mal
  63. La habitación oscura y la linterna
  64. La luz y las sombras
  65. Lo real y la apariencia
  66. El niño y los castillos de arena
  67. El sueño lúcido
  68. El agua y el terrón de azúcar
  69. Volver a la casa de la que nunca habíamos salido
  70. El palo que atiza el fuego

Anexo I. Práctica para “permanecer” en casa: Meditar, solo estar, solo ser.

Anexo II. El inicio y la clave de la comprensión: Hay en ti “Algo” que sabe.

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RESEÑA

        ¿Cómo favorecer la comprensión de lo que somos y, en último término, la comprensión de lo real?

          Desde la antigüedad, los sabios han mostrado que la clave se hallaba contenida en la respuesta a la primera y decisiva cuestión: ¿quién soy yo?  Y han propuesto una aproximación no-dual a lo real. Hasta el punto de que ambos principios –la primacía del conocimiento propio y el reconocimiento de la naturaleza no-dual de la realidad– constituyen dos pilares básicos en los que se apoya la llamada sabiduría perenne.

          Tal como proclamaba el Oráculo de Delfos, quien conoce su verdadera identidad, conoce todo lo que es: “Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás al Universo y a los dioses”.

          Para avanzar en ese autodescubrimiento, en línea con la “sabiduría perenne”, el autor recurre a la no-dualidad como clave de lectura y a la metáfora como vehículo.

        Estamos habituados –nos recuerda– a leer la realidad desde el “modelo mental”, esencialmente separador y fragmentador, por lo cual tendemos a verla como una suma de objetos separados. Sin embargo, parece innegable que, más allá de las diferencias, todo es uno. La no-dualidad significa, justamente, el reconocimiento de la unidad-en-la-diferencia. Por tanto, si la Realidad es una, la lectura dualista forzosamente tiene que dar una imagen radicalmente deformada de la misma.

          Desde la comprensión no-dual, y con esta clave, el autor trata de responder a la cuestión inicial: ¿quién soy yo?, ¿qué es lo realmente real?

          Y lo hace recurriendo a la metáfora que, de acuerdo con su etimología, nos “lleva (pherein = trasladar) más allá (meta)”. La metáfora evoca aquello que transciende la mente. Por ese motivo constituye un vehículo adecuado para abrirnos a la comprensión de aquello que está “más allá” de lo que la mente puede percibir.

          Con ese objetivo, se nos presentan setenta metáforas que abordan temas vitales: nuestros miedos y nuestra certeza, el funcionamiento de la mente, el camino de la liberación del sufrimiento, la comprensión de lo que somos, la raíz de nuestra ignorancia y la fuente de toda confianza, las creencias y la verdad, nuestras ideas acerca del “bien” y del “mal”, la confusión entre lo real y lo aparente, el falso dilema entre libre albedrío y determinismo, el elogio de la libertad, la comprensión y vivencia del amor, la clave de la transformación…

        Al tratarse de metáforas, el libro ofrece diferentes niveles de lectura: puede leerse como una primera aproximación a la no-dualidad, o como medio para profundizar en lo comprendido. Incluso como material susceptible de ser utilizado para trabajar en grupo o con jóvenes que se inician en la comprensión.

         Según donde estemos cada cual, algunas metáforas pueden llegarnos más que otras. En todo caso, parece adecuado no leerlas de golpe, sino poco a poco, como lo que quieren ser: puertas que abren a la comprensión o recordatorios de lo que somos, en definitiva vehículos que nos trasportan más allá de lo que aparece a primera vista para mostrarnos lo que somos.

          El camino de la verdad empieza por la indagación rigurosa y lúcida acerca de nuestra verdadera identidad. Porque de la respuesta a esta primera cuestión –se nos repite en el texto– dependerán absolutamente todas las demás.

          Hacia ahí apuntan las metáforas: a partir de una imagen que se capta con facilidad, nos “trasladan” a la Realidad inefable. Todas ellas constituyen una invitación, amable y sugerente, a abrirse a “otro modo” de ver la realidad, en la certeza de que ahí se nos hace patente nuestra verdad y, con ella, la plenitud que somos.

       La comprensión, de la mano de las metáforas –sostiene el autor–, nos traslada a “casa” de la que, paradójicamente y a pesar de las apariencias, nunca nos habíamos alejado. 

      El libro ha sido enriquecido con el trabajo del diseñador gráfico Javier Abril del Diego, autor de un cuidado diseño y de unas preciosas ilustraciones, que añaden a las metáforas un plus de gusto y capacidad evocadora.