PERDER Y ENCONTRAR LA VIDA

Comentario al evangelio del domingo 28 de junio de 2026

Mt 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta, y quien reciba a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Y todo aquel que dé de beber tan solo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa”.

PERDER Y ENCONTRAR LA VIDA

Mateo parece recoger, en este texto, una serie de aforismos, no tanto provenientes de Jesús, cuanto creados por su propia comunidad. Entre ellos, llama especialmente la atención la paradoja que plantea acerca de perder/encontrar la vida.

En una forma escueta, podría explicarse de este modo: perdemos la Vida cuando nos identificamos con —y nos reducimos a— la vida, es decir, cuando confundimos nuestra personalidad con nuestra identidad, cuando absolutizamos el yo, ignorando nuestra verdad profunda.

Justamente en eso consiste nuestra ignorancia primera y radical: la ignorancia original a la que se refería el reconocido antropólogo Claude Lévi-Strauss cuando escribía: “El ser humano se piensa separado. Este es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción”. Otro modo de expresar nuestra paradoja: la identificación con el yo conduce a nuestra autodestrucción; encontramos la Vida en la medida en que somos capaces de ver más allá del yo.

La Vida no es algo que tenemos; es lo que somos. Lo que “tenemos” es únicamente una forma concreta, temporal e impermanente, en la que la Vida que somos se expresa y despliega. La existencia pasa; la Vida permanece. En el camino para reconocer y vivir el paso de una a la otra, contamos con la luz de nuestro Anhelo profundo, la guía certera que nos trae a la verdad de lo que somos.