PAMPLONA / IRUÑA: ENCUENTROS BIMESTRALES, Curso 26/27

SALIR DEL CÍRCULO DEL SUFRIMIENTO

CULPA, RESENTIMIENTO, ATAQUE, MIEDO Y LIBERACIÓN.
LA CULPA COMO CLAVE DE LECTURA Y DE TRANSFORMACIÓN

Tras experiencias más o menos traumáticas, en forma de herida emocional o de carencia afectiva, el niño se instala fácilmente en la culpa y, asumiendo la creencia de que no es “como debería ser”, empieza -con frecuencia, sin ser consciente de ello- a percibirse a sí mismo como inadecuado.

Ante esa sensación agudamente dolorosa, el niño puede claudicar y hundirse o puede reprimirla, generando una imagen de invulnerabilidad. Pero, en cualquier caso, sentirá en sí mismo y proyectará en los otros el dolor primero con todas las secuelas que lo acompañan: resentimiento, ataque y miedo. Se ha creado el círculo del sufrimiento.

Para entender este círculo y salir de él, además de hacernos bien conscientes del daño que nos provoca a nosotros mismos y a los demás, lo abordaremos desde dos perspectivas complementarias: la culpa, como clave de lectura, y el modelo sistémico IFS (“Sistemas de familia interna”), como herramienta práctica.

En el origen del círculo, hubo una herida o una carencia —un trauma—, pero, de manera inmediata, apareció la culpa. Eso hace que la culpa constituya la clave de lectura que lo explica. Junto con esa clave, contamos con una herramienta que puede resultar eficaz para salir del engaño que el propio círculo contiene y, liberados del engaño, salir también del sufrimiento adonde nos había conducido.

Por un lado, es preciso entender el fenómeno de la culpa en su origen y vivir un proceso de liberación de la misma. Más de lo que pueda parecer a simple vista, en el origen de nuestros disfuncionamientos y mecanismos desajustados, habita una creencia culposa, que alimenta, constantemente, de manera consciente o inconsciente, el círculo del sufrimiento. En este sentido, la culpa se presenta como clave de lectura y de transformación. Liberándonos de ella, no solo se hace manifiesta nuestra inocencia original, más allá de los vericuetos y laberintos transitados, sino que se hace posible soltar miedos, resentimientos y ataques —a nosotros mismos, a los otros, a la vida—, anclándonos en nuestra verdad profunda.

Por otro, los elementos claves del círculo del sufrimiento son, en lenguaje IFS, protectores —culpa, resentimiento y ataque— o exiliado —miedo—. Todos ellos tienen, generalmente inconscientes, un porqué y un para qué. Entenderlos y “dialogar” con ellos hará posible integrarlos y trascenderlos, saliendo de la constricción en que nos mantenían encerrados y abriéndonos a experimentar y vivir la espaciosidad —descansada, serena, gozosa, libre y amorosa— que somos.

Cinco Encuentros bimestrales
para hacernos conscientes del círculo del sufrimiento y ejercitarnos en liberarnos de él.

Modo de trabajo:
Se trata de una propuesta de trabajo -pausado y pautado- para avanzar con eficacia en el armado de nuestro puzle interno. Tanto en cada encuentro como a lo largo de cada mes, pondremos el acento en el trabajo personal, que es el que realmente hace posible la transformación.

Distribución del tiempo en cada encuentro:

  • Trabajo personal, pautado, para hacernos conscientes del círculo del sufrimiento que, aun inadvertidamente, podemos estar creando en nosotros y a nuestro alrededor.
  • Tiempo para, quien lo desee, compartir lo descubierto.
  • Charla-diálogo.
  • Presentación del trabajo de observación a realizar entre encuentro y encuentro.

INDICACIONES PRÁCTICAS

Lugar: Colegio Mayor Larraona, Av. Pío XII, 45. Pamplona.

Fechas: Septiembre: 19 – Noviembre: 14 – Enero: 16 – Marzo: 6 – Mayo: 22.

Horario: Acogida y recepción: A partir de las 9:00 hs. De 10:00 a 14:00 hs.; y de 16:00 a 18:00 hs.

Material: Para el encuentro, es necesario llevar cuaderno y bolígrafo. 

Comida: El Colegio ofrece la posibilidad de comer el sábado, un menú del día (dos primeros y dos segundos a elegir y postre).

Coste: 30 € cada encuentro (se hace efectivo al empezar el encuentro).

Información: Enrique Martínez Lozano:
enriquemartinezlozano@gmail.com
Móvil: 666305570

Inscripciones: Se requiere rellenar y enviar este FORMULARIO.

EL PODER TRANSFORMADOR DE LA GRATITUD

Comentario al evangelio del domingo 5 de julio de 2026

Mt 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre; y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis agobiados y cansados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

EL PODER TRANSFORMADOR DE LA GRATITUD

“La palabra «gracias» —escribió Eric Rolf— tiene una vibración alta; es una de las más importantes expresiones de amor. Permítete estar vivo. ¿Qué agradeces hoy en tu vida?”.

“La disciplina de la gratitud —en palabras ahora de Henri Nouwen— es un esfuerzo explícito de reconocer que todo lo que soy y recibo es un regalo de amor, un regalo que debe ser celebrado con alegría”.

La gratitud es el antídoto más eficaz frente a la queja, el lamento y el victimismo, que nos parasitan y envenenan las relaciones. La gratitud nos libera de todo ello porque nos conecta con la totalidad y nos hace trascender la identificación con el yo y su mirada miope.

El yo solo puede dar gracias cuando se cumplen sus expectativas o cuando recibe algo que le agrada. La gratitud, sin embargo, es incondicional. Porque no es “algo” que podemos o no vivir. Al comprendernos, descubrimos que somos gratitud. Por ello, brota con facilidad en el momento mismo en que vivimos en conexión con nuestra identidad profunda. Ciertamente, mirado desde ese lugar, donde somos uno con la vida, todo es regalo, incluso en aquellas situaciones en que el yo vive adversidad, dolor, pérdida o amenaza. Puede no resultarnos fácil tomar distancia de él. Sin embargo, apenas lo hacemos, se percibe que todo es Gracia. Y la Gracia activa la gratitud.

Al ponernos en contacto con nuestra identidad profunda, la gratitud opera un doble milagro, transformándose en paz y en gozo. Compruebas que, al vivir la gratitud, tus preocupaciones terminan. Y que, cuanto más agradecido eres, más feliz te sientes. Cuando teniendo todas las razones para quejarme, empecé a agradecer, me di cuenta de que realmente estaba sanando.

PERDER Y ENCONTRAR LA VIDA

Comentario al evangelio del domingo 28 de junio de 2026

Mt 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta, y quien reciba a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo. Y todo aquel que dé de beber tan solo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa”.

PERDER Y ENCONTRAR LA VIDA

Mateo parece recoger, en este texto, una serie de aforismos, no tanto provenientes de Jesús, cuanto creados por su propia comunidad. Entre ellos, llama especialmente la atención la paradoja que plantea acerca de perder/encontrar la vida.

En una forma escueta, podría explicarse de este modo: perdemos la Vida cuando nos identificamos con —y nos reducimos a— la vida, es decir, cuando confundimos nuestra personalidad con nuestra identidad, cuando absolutizamos el yo, ignorando nuestra verdad profunda.

Justamente en eso consiste nuestra ignorancia primera y radical: la ignorancia original a la que se refería el reconocido antropólogo Claude Lévi-Strauss cuando escribía: “El ser humano se piensa separado. Este es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción”. Otro modo de expresar nuestra paradoja: la identificación con el yo conduce a nuestra autodestrucción; encontramos la Vida en la medida en que somos capaces de ver más allá del yo.

La Vida no es algo que tenemos; es lo que somos. Lo que “tenemos” es únicamente una forma concreta, temporal e impermanente, en la que la Vida que somos se expresa y despliega. La existencia pasa; la Vida permanece. En el camino para reconocer y vivir el paso de una a la otra, contamos con la luz de nuestro Anhelo profundo, la guía certera que nos trae a la verdad de lo que somos.

CONFIAR SIEMPRE

Comentario al evangelio del domingo 21 de junio de 2026

Mt 10, 26-33

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: “No tengáis miedo a los hombres porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”. 

CONFIAR SIEMPRE

Las grandes tradiciones sapienciales o espirituales invitan de manera constante a vivir en confianza. El motivo, según ellas, no es otro que la naturaleza plena y benéfica del Fondo de lo real. Como si dijeran: “Confía, porque estás en buenas manos”.

Lo opuesto a la confianza es el miedo, que los humanos, necesitados y vulnerables, conocemos de primera mano. “El día que yo nací —escribía el filósofo Thomas Hobbes— mi madre parió gemelos: yo y mi miedo”. El miedo es la otra cara de la necesidad; se comprende que sea nuestro compañero de viaje.

La invitación que nos llega de las personas sabias —como Jesús en el texto que leemos hoy— consiste en dirigir nuestra mirada más allá de la mera superficie, para alcanzar el Fondo de lo real. Nuestra forma concreta —persona—, necesitada y frágil, es expresión y despliegue de un Fondo —nuestra identidad— que es Plenitud estable.

Y no se trata de una creencia. Es algo que podemos experimentar cuando, gracias al entrenamiento, aprendemos a silenciar la mente y, en ese silencio, permanecemos en la Espaciosidad de la presencia.

Descubrimos entonces, de primera mano, que, con mucha frecuencia, el miedo es hijo de la mente que, en virtud de sus experiencias pasadas —en modo de trauma—, sigue creando, de manera constante, escenarios atemorizadores. En cuanto hijo de la mente —cuando no es solo una señal inteligente de alarma—, el miedo puede ser atravesado y superado —trascendido— en el momento en que aprendemos a observar los pensamientos y dejamos de creer en ellos.