VITORIA/GASTEIZ: «Vivir sin culpa» (2ª Parte), 27 y 28 de junio

Taller de psicología y espiritualidad

VIVIR SIN CULPA
2ª Parte:
Nadie es culpable, pero somos responsabilidad transpersonal

La culpa es una creencia errónea de efectos devastadores. Al ser una creencia, nos liberamos de ella gracias a la comprensión, que nos permite, por un lado, entender ese fenómeno mental y, por otro -todavía más importante- comprender qué es lo que realmente somos.
Desde ahí, nos plantearemos tres cuestiones:

  • ¿Cómo pasar de la culpabilidad -infantil, errónea e insana- a la responsabilidad adulta y transformadora?
  • ¿Por qué afirmamos que nunca nadie es culpable? ¿Qué significa eso?
  • ¿Cómo tratar con la culpa que, a pesar de todo, aparece? 

Las respuestas a esas cuestiones nos mostrarán que nadie es culpable, que somos responsabilidad transpersonal (no egoica) y que hay un modo sabio y eficaz de tratar con la culpa, que nos libera de ella y nos conecta con nuestra inocencia original.

Nota: Es posible participar con provecho en este encuentro, aun sin haber hecho la 1ª Parte.
Acordaos de llevar papel y boli.

INDICACIONES PRÁCTICAS:

Lugar:
Iglesia de San Joaquín y Santa Ana (Locales parroquiales).
C/ Viena 4. Barrio Salburua. Vitoria/Gasteiz.

Ubicación

Horario:
Sábado 27: de 10:00 a 14:00 hs. y de 16:30 a 19:30 hs.
Domingo 28: de 10:00 a 14:00 hs.

Información e inscripciones: Rellenar y enviar este Formulario de Inscripción
Luis Amurrio
Correo: luisamurriolopez@gmail.com
Móvil: 665728363 (de 20:30 a 21:30 hs)

EL FIN DEL MUNDO ES AHORA

Comentario al evangelio del domingo 17 de mayo de 2026

Mt 28, 16-20

En aquel tiempo, los Once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

EL FIN DEL MUNDO ES AHORA

En el cuarto evangelio, Jesús se refiere a sus discípulos como quienes “están en el mundo, pero no son del mundo”. Dentro de las diferentes acepciones que tiene, en la Biblia, la palabra “mundo”, aquella expresión me parece luminosa, toda una invitación para vivirse en la verdad de lo que somos: estar en el mundo sin ser del mundo.

Para quien vive así, el “fin del mundo” ya ha llegado. De la misma manera que quien se ha desidentificado del yo, ya ha “muerto”, en lo que los sufíes llaman “morir antes de morir”.

Morir antes de morir, vivir el fin del mundo, no tiene ninguna connotación de desinterés ni despreocupación, no tiene nada que ver con el miedo ni la huida. Al contrario, es fuente inédita de libertad y, por tanto, de entrega. Pero no desde cualquier motivación espuria, sino desde la sabiduría.

Es la actitud de quien ha comprendido que nuestra identidad no se agota en la forma -en la personalidad-. Quien se vive así es cauce de vida, sin los bloqueos que interpone constantemente la identificación con el yo. No estar en el mundo significa, desde esta lectura, no vivir reducido al yo. Habitar el fin del mundo significa trascender la identificación con el yo.

TODO ES UNO

Comentario al evangelio del domingo 10 de mayo de 2026

Jn 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con el Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él”.

TODO ES UNO

Desde la mente —desde la consciencia de separatividad—, la unidad se percibe como un anhelo, pero, sobre todo, como una meta siempre inalcanzable. Y dado que las creencias, aunque sean erróneas, producen efectos reales, a partir de aquella lectura, fácilmente nos resignamos a dejarla en el olvido.

Es sabido que, en cualquier nivel, la imagen es generadora de actos. Según la imagen que tenga de mí mismo, actuaré de un modo u otro, como verifican cada día los pedagogos cuando observan a los niños. Pues bien, si tengo la imagen de que la unidad es inalcanzable, en la práctica me estoy cerrando la puerta para avanzar en ella.

Ocurre así porque la mente no puede “ver” la unidad. Para ella, lo real es solo un conjunto de objetos —entes— radicalmente separados. Y esto por dos motivos: porque confunde diferencia con separación y, sobre todo, por su propia naturaleza, ya que es imposible pensar sin separar. El resultado es que la mente eleva a verdad lo que ella percibe, lo cual, en la práctica, se traduce en una absoluta consciencia de separatividad.

Solo es posible librarse de semejante trampa no confundiendo diferencia con separación —somos diferentes, pero somos lo mismo— y, sobre todo, entrenándose en acallar la mente y experimentar la sabiduría que yace en el silencio. Aquella sabiduría que había experimentado, como tantas personas sabias a lo largo de la historia, Juan de la Cruz cuando escribió: “Entreme donde no supe / y quedeme no sabiendo / toda ciencia trascendiendo”.