Semana 25 de febrero: EL ALGORITMO DE LA FELICIDAD

El secreto de un alto directivo de Google.

 Un ingeniero informático asegura que ha encontrado una fórmula lógica y fiable que permite olvidar la infelicidad y que se basa en que de niños “ya venimos predeterminados a estar bien”.

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               Mo Gawdat (El Cairo, Egipto, 1967) trabajaba hasta el pasado viernes como ‘chief business officer’ de Google X. Desde ese día pasó a ser el orgulloso responsable de 1.000 millones de personas felices “en todo el mundo”. Autor de ‘El algoritmo de la felicidad’ (Zenith, 2018), sostiene que ha inventado un método científico basado en un algoritmo para ser feliz y que ahora su misión es compartir la buena nueva con todo el mundo. Este ingeniero, responsable en Dubái del gigante de la tecnología durante muchos años, sufrió una terrible tragedia familiar en 2014: su hijo Ali murió con 21 años por una negligencia médica. Gawdat escribió su libro en los 17 días posteriores al fallecimiento en una suerte de exorcismo del dolor. Además, este directivo ha sido uno de los principales responsables del área de investigación más arriesgada e innovadora de la compañía estadounidense, su división X.

PREGUNTA. ¿Es fácil pasar de ser un directivo e ingeniero puntero de una empresa como Google a un gurú de la felicidad?

RESPUESTA. [Primero se oye una risa más o menos sincera a través del teléfono]. ¡Yo no soy un gurú de la felicidad! Soy como cualquier persona. Voy al trabajo cada día, tengo problemas cotidianos en el entorno laboral y en el familiar, y eso me hace una persona exactamente igual que aquellos los que quiero que llegue mi mensaje. La felicidad no necesita de ningún gurú. Precisamente, mi tesis principal es que ya somos felices por defecto, por configuración predeterminada. Después vamos siendo infelices por distintos motivos y la manera de afrontarlo y resolverlo es comprenderlo.

 P. Pero entonces, ¿qué es lo nuevo que usted aporta, qué hay en su algoritmo que no estuviese ya dicho antes?

R. Hay dos cosas nuevas. Una es la que ya le he dicho de que los niños nacen y crecen felices sin tener que ir a buscar la felicidad en ninguna parte: ya la tienen consigo. Tú debes de tener un impacto sobre la vida y ser feliz, pero no es que debas hacer nada concreto como si fuera un peaje doloroso para luego alcanzar ese estado de gracia. Ese es el truco, si piensas eso no podrás estar bien. La otra cuestión novedosa es el toque que le doy de ingeniero. Una visión lógica y analítica. La vida nos pone frente a retos que nos pueden hacer infelices, pero mi regla es que no necesitamos un experto que arregle una máquina que se ha estropeado, sino que nosotros mismos podemos resetearnos porque nuestro estado original es el de la felicidad. Para entender esto hay que tener una visión lógica.

P. ¿No cree que es un poco arriesgado aplicar fórmulas universales a problemas muy subjetivos?

R. En este caso, todo el mundo es igual. Cuando se trata de hablar de la felicidad, todos somos lo mismo. Si alguien tiene la gripe, sabe cómo hay que curarse. O si está haciendo ejercicio para adelgazar. Sabemos que hay ciertas acciones que nos llevarán a ciertos resultados, y eso es lo que yo aplico a la felicidad. Los algoritmos son predecibles. Hay que seguir la fórmula.

 P. Ya. ¿Y cuál es la fórmula?

R. La ecuación entre expectativas y realidades debe estar ajustada. La emoción de aguardar un acontecimiento que no se cumple nos crea ese sentimiento de infelicidad, y no es lo que la vida nos ha entregado en origen.

 P.  ¿Y cómo se inhibe el deseo para que no haya expectativa y su consecuente decepción?

R. El deseo es lo que forma la expectativa. Por ejemplo, la nieve.

 P. ¿Cómo?

R. Sí, tú querías pasar el día al sol y se pone a nevar: te sientes mal y eres desdichado. Pero si cambias el chip y piensas que lo que querías era pasar un día jugando en la nieve, eres feliz. El acontecimiento no cambia, pero sí la perspectiva.

 P.  Da la impresión de que cierta filosofía de su antigua empresa, Google, está en esa idea de que la técnica puede resolver cualquier problema.

R. Sí, claro que me ha influido. Los ‘moonshots’ que hacíamos en X, que es solucionar un problema muy grande aplicando una solución nueva e innovadora. Ahora yo intento solventar el dela infelicidad. Lo cierto es que nunca se ha vivido mejor, sobre todo en los países desarrollados, y sin embargo una de cada cuatro personas está deprimida. También hay más suicidios que nunca.