La responsabilidad y la culpa
caminan juntas sin rozarse
o acaso algunas veces se mezclan
o se sientan al borde de la herida
una cercana y serena, la otra doblada
hacia dentro de su propio sentimiento.
En ocasiones, cuesta distinguirlas,
cuando vistiendo su dolor, a paso lento,
hablan del error y de las consecuencias,
de cómos y porqués, llenos de dudas.
Pero si muestran el hueco donde habita
el fundamento de su ser, vemos un ego
que se flagela, en el centro de la culpa,
un ego herido que no ha estado a altura,
un ego grande que se apropia hasta del daño
y cubre la herida para que no vean
o exhibe su agonía entre lamentos.
¡Una culpa que se mira a sí misma!
Transparente, la responsabilidad,
contempla con compasión el propio gesto
y ofrece la mano humilde si el dolor duele
ofrece la mano abierta al error humano,
y aprende la confianza en la dificultad,
ve y comprende y restaura y sigue
caminando sin mezclarse con la culpa
caminando sin sentirse el centro del universo
Esther Fernández Lorente.
