«TODO LO QUE SABEMOS PODRÍA CONTENTER ERRORES» // Carlo Rovelli

Entrevista de Irene Fernández Velasco a Carlo Rovelli, físico teórico,
en El Confidencial, 22 de noviembre de 2025:
https://www.elconfidencial.com/cultura/2025-11-22/carlo-rovelli-fisico-teorico-cuantico_4250906/

El famoso divulgador italiano, conocido por mezclar física y filosofía en sus libros, acaba de participar en la Bienal “Ciudad y Ciencia”, en el Círculo de Bellas Artes. Hablamos con él de lo divino y lo humano.

La física y la filosofía siempre han ido de la mano. En la Antigua Grecia, pensadores como Aristóteles o Demócrito ejercían a la vez de filósofos y de físicos, planteándose preguntas sobre la materia o el movimiento a la vez que se interrogaban sobre el significado profundo de la existencia y sobre cómo se debía de vivir la vida.

Carlo Rovelli (Verona, 1956) es el penúltimo representante de esa excelsa corriente. Físico teórico cuántico, es uno de los fundadores de la Teoría de la Gravedad Cuántica de Bucles, una de las principales teorías que unifican la mecánica cuántica y la relatividad. Ha trabajado en importantes universidades de Italia, Estados Unidos, Francia y Canadá y es conocido por el gran público por sus libros, en los que combina la física con la filosofía, y varios de los cuales se han convertido en superventas internacionales.

Rovelli se acaba de trasladar a vivir a Madrid hace apenas un par de meses, y está feliz: “Mi pareja recibió una oferta para trabajar en el CSIC y como yo puedo viajar con mucha facilidad y vivir en cualquier sitio, me pareció que era buena idea mudarme con ella a Madrid. Estoy muy contento de estar aquí, Madrid es una ciudad fantástica”, dispara nada más comenzar la entrevista.

Este científico ya ha comenzado a formar parte de la vida cultural e intelectual de su nueva ciudad. Acaba de participar en la Bienal Ciudad y Ciencia, un encuentro abierto para explorar los misterios cuánticos en el Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas que, desde el pasado miércoles 18 y hasta el domingo 23 de este mes de noviembre, acoge el Círculo de Bellas Artes. Allí, Rovelli ha dialogado con otros expertos sobre si es posible entrelazar el arte y la física cuántica.

PREGUNTA. ¿Existe realmente una conexión entre la física cuántica y el arte?

RESPUESTA. Para mí, la ciencia nunca ha estado separada del resto de la cultura, de la filosofía, del arte y de la literatura. Creo que siempre ha existido un diálogo dinámico, tanto en el pasado como en el presente. La ciencia se nutre de toda la cultura, y la cultura también se nutre de los avances científicos. Hoy en día, la mecánica cuántica se ha vuelto fundamental para nuestra comprensión del mundo, y me parece natural que el arte reaccione ante el extraño mundo que la ciencia nos presenta y, a la vez, que la ciencia se vea influenciada tanto por el pensamiento filosófico como por las tendencias artísticas mundiales.

P. En Italia acaba usted de sacar un nuevo libro, que aún no se ha publicado en español, y que se titula Sobre la igualdad de todas las cosas. ¿A qué se refiere? ¿A que todos estamos hechos de la misma materia, los átomos?

R. No me refiero solo a las cosas materiales, sino también a la conciencia, al espíritu. “Igual”, obviamente, no significa idéntico, un tejón es diferente de otro tejón. Lo que la ciencia nos dice es que toda la naturaleza es una, y que la separación que hacemos entre materia y espíritu, entre cuerpo y mente, entre los distintos objetos, no es real. Existe una continuidad entre todas las cosas, incluida nuestra conciencia de todas las cosas, y de esto hablo en el libro.

P. Si no me equivoco, en ese libro usted también defiende que no existe la verdad absoluta y defiende la importancia de la duda.

R. Sí, esa es la idea central del nuevo libro: que no debemos preocuparnos por no tener certezas absolutas, vivimos en la duda y eso está bien. Está bien que nuestro conocimiento sea consciente de su propia incertidumbre, pero eso no significa que no sepamos nada. Sabemos muchas cosas, pero nunca podemos ni debemos liberarnos de pensar que todo lo que sabemos podría contener elementos erróneos. Creo además que buscar un fundamento último, una verdad absoluta, es un error. Lo último no significa nada, lo absoluto no significa nada. Entendemos las cosas en función de otras, a menudo nuestro conocimiento es circular: entendemos A en función de B, B en función de C, C en función de A. Y eso está bien, no hay nada de malo en ello. Esta es nuestra forma de estar en el mundo; estamos dentro del mundo, lo conocemos desde dentro, sin un fundamento fijo.

P. Y el que todas las cosas sean bastante similares, ¿qué significa filosóficamente?

R. Nos indica que debemos abandonar la búsqueda filosófica de una única cosa última de la que derivan todas las demás. La filosofía ha intentado durante mucho tiempo reducirlo todo a una sola cosa, a un absoluto, ya fuera la materia, el espíritu, el lenguaje o los átomos, pensando que para comprender el mundo debe haber una idea central, una sustancia de la que todo está hecho y de la que deriva todo el resto. Pero la ciencia moderna sugiere que esta no es una buena manera de concebir el mundo.El mundo es complejo; podemos analizarlo desde muchas perspectivas diferentes, partiendo de la materia, del conocimiento, de las percepciones, y estas perspectivas convergen, son coherentes entre sí, pero ninguna es definitiva ni completa. Por lo tanto, todas las perspectivas son, en cierto modo, equivalentes y contribuyen al conocimiento global que tenemos del mundo sin ideas preconcebidas.

P. En el pasado usted ha escrito sobre el tiempo, ¿verdad?

R. Sí, mucho. El que quizá sea mi mejor libro (El orden del tiempo) está dedicado a la naturaleza del tiempo.

P. ¿Ha existido siempre el tiempo o éste surgió en un momento específico?

R. No lo sabemos. Sabemos que, hace 13 o 14 mil millones de años, tuvo lugar un evento catastrófico, una gran explosión de la que surgieron todas las galaxias, todo lo que vemos en el cosmos. Así pues, es posible que el tiempo naciera allí y no existiera antes. Es lógico, es posible, y hay teorías científicas que exploran esta idea. Pero también es posible que el tiempo existiera antes y que fuera una transición, una especie de gran rebote de un universo que se contrajo y luego se expandió, y también hay teorías científicas que intentan explorar esta posibilidad. A mí esto último me parece algo más plausible, pero aún no lo sabemos, no sabemos si el tiempo es siempre infinito o si nació en un punto determinado. Es una de las cosas que nos confunden, todavía tenemos muchas preguntas sin respuesta sobre la naturaleza del tiempo.

P. ¿Es posible un mundo atemporal, un mundo sin tiempo?

R. Sí. Cuando pensamos en el tiempo, pensamos en nuestra experiencia del mismo: en el tiempo que transcurre, en el pasado que es fijo, en el futuro que es abierto, en que el tiempo es igual para todos. Pero en realidad, estas propiedades son las del tiempo de nuestra experiencia, las del tiempo en la Tierra. Si estudiamos el tiempo con mayor precisión y analizamos cómo se comportan los relojes, descubrimos que muchas de esas afirmaciones no son ciertas. Así pues, cuanto más estudiamos la naturaleza en general, más allá de nuestra pequeña preocupación por la Tierra y nuestra experiencia, menos de esas características tiene el tiempo. En las leyes del mundo que conocemos no existe ninguna variable que posea todas las propiedades de lo que llamamos tiempo, ni siquiera algunas de ellas. En las ecuaciones fundamentales que yo utilizo —ecuaciones hipotéticas, pero plausibles, para describir el mundo a la luz de todo lo que sabemos— no existe la variable tiempo, pero eso no significa que todo sea estático, porque estático implicaría que el tiempo transcurre sin que nada suceda.

P. ¿Y qué significa entonces?

R. Significa que el mundo es un gran conjunto de eventos, pero no ordenados en un único lapso de tiempo y que debemos superar nuestra intuición a la hora de concebir el mundo de esa manera. Sabemos además que nuestra intuición suele equivocarse; nuestra intuición nos dice por ejemplo que la Tierra está quieta, pero sabemos que eso no es cierto. Y nuestra intuición según la cual es inconcebible un mundo sin un tiempo único que lo ordena, es errónea.

P. ¿Qué es lo que más te gustaría descubrir?

R. He dedicado gran parte de mi vida, junto con numerosos colegas, amigos y estudiantes, a una teoría llamada Teoría de la Gravedad Cuántica de Bucles. Se trata de una teoría plausible y bien fundamentada, pero desconocemos su veracidad, pues aún carecemos de suficiente confirmación empírica. Antes de morir, me gustaría ver confirmada esta teoría y saber que no es errónea.

P. ¿Es capaz de explicar esa teoría a alguien que, como yo, no sabe nada de física?

R. Puedo intentarlo. Es una teoría sobre la propiedad cuántica de la gravedad, es decir, la propiedad cuántica del espacio. La propiedad cuántica implica que el espacio no es continuo; posee granularidad, está compuesto de cuantos de espacio. Por lo tanto, una de las predicciones de esa teoría es que estamos inmersos en el espacio físico, que no es continuo como nos enseñaron en la escuela sino, a una escala muy pequeña, una estructura granular minúscula. La teoría describe matemáticamente esta granularidad del espacio y sus efectos. Esa granularidad es similar a la luz, que está compuesta de fotones, de partículas de luz. La hemos descrito como una onda continua, pero en realidad su comportamiento cuántico nos muestra que es mejor pensar en ella como partículas de luz. Según esa teoría —y si la teoría es correcta—, el espacio en el que estamos inmersos está compuesto de partículas de espacio.

P. Una pregunta filosófica: ¿usted ha aprendido algo sobre la muerte a través de la física?

R. Conforme envejezco, le tengo cada vez menos miedo a la muerte; ya no le tengo miedo en absoluto. Creo que la muerte será el fin para el proceso físico que soy, y que después de mí no habrá nada, quedará por un tiempo mi recuerdo en quienes me han amado o a quienes he amado, pero después de eso no quedará nada de Carlo. Aceptar esa idea me ha brindado una gran serenidad. Creo que no hay necesidad de temer a la muerte; debemos temer al dolor, al mal y a los desastres que provocamos en el mundo, lo cual siempre hacemos colectivamente. Temo al sufrimiento y a la soledad, pero no a la muerte. La muerte es el final, y es un final placentero que contemplo con serenidad.

P. ¿Cuál cree que debe ser el papel de un intelectual en el mundo actual?

R. Creo que todo intelectual, incluido el científico, tiene una responsabilidad cívica y política. Los intelectuales tenemos el privilegio de que se nos pague por pensar, por pensar a lo grande, incluso por plantear grandes preguntas, y tenemos por lo tanto el deber de hacer públicos nuestros pensamientos y ponerlos al alcance de todos, especialmente si creemos que la comunidad, la sociedad y la humanidad están cometiendo errores, como creo que ocurre hoy en día; nos dirigimos hacia la guerra, existe el riesgo de una destrucción atómica. Creo que los intelectuales deben expresar sus opiniones. Obviamente, no son oráculos, pueden equivocarse, todos cometemos errores, pero cada uno de nosotros debería tener el valor de expresar sus ideas públicamente, yo intento hacerlo, aceptando a veces las críticas, incluso de quienes claramente no están de acuerdo. Las decisiones hoy se toman en un debate en el que solo participan políticos, periodistas y personalidades de la televisión, y eso es profundamente erróneo. Los intelectuales han participado en ese debate en el pasado y en este país, España, lo ha hecho magníficamente.

P. ¿La inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar respuesta a algunas de las grandes preguntas que nos hacemos desde hace tiempo y para las que aún no tenemos contestación?

R. No. Yo creo que la inteligencia artificial es una herramienta excelente, que tendrá efectos importantes y que usaremos en muchos casos. Pero también pienso que está sobrevalorada. No creo que la inteligencia artificial nos dé respuestas definitivas. Usaremos la IA, yo ya la uso para hacer algunos cálculos de física. Nos será muy útil, igual que lo son las lavadoras, los tractores o internet, y obviamente tendrá un impacto en el mundo, como lo tienen todas las tecnologías. Pero no creo que nos vaya a dar respuestas inesperadas ni que sea algo que temer.

CUMPLIR LO QUE DIOS QUIERE

Comentario al evangelio del domingo 11 enero 2026

Mt 3, 13-17

En aquel tiempo, fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: “Soy yo el que necesita que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”. Jesús le contestó: “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu Santo bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto”.

CUMPLIR LO QUE DIOS QUIERE

En una ocasión, le preguntaron a Ramesh Balsekar -discípulo de Nisargadatta- cómo resumiría toda su enseñanza en una sola frase. Sin dudarlo un segundo, el sabio contestó: “Todo lo que enseño, efectivamente, puede sintetizarse en una sola frase: «Hágase tu voluntad»”.

Expresada de forma teísta, tal expresión me trae al recuerdo una frase que solía repetirme mi abuela: “Hijo mío, no te preocupes: nunca ocurrirá nada que Dios no quiera”. Con ello, mi abuela ponía palabras a dos actitudes que constituían dos grandes pilares de su existencia: la aceptación y la confianza.

Es obvio que Balsekar, de tradición hindú, no teísta, no se refería a algún dios cuya voluntad habría que aceptar, por arbitraria que resultase. Y, sin embargo, en esencia, se estaba refiriendo a esa misma doble actitud.

“Hágase tu voluntad” equivale a decir sí a la vida, aceptando en todo momento lo que el presente nos trae, en una actitud de rendición lúcida, que corre pareja con la confianza más absoluta.

En la vivencia de mi abuela, aceptación y confianza nacían de la creencia en un dios todopoderoso y bueno, de quien podías fiarte en todo momento. En la comprensión no-dual, brotan de la certeza de que el único sujeto realmente real es la vida (la consciencia). Por lo que, aunque las cosas le vayan mal al yo, es posible siempre seguir haciendo pie en la confianza que somos.

Mantenemos una actitud de resistencia ante lo que sucede cuando creemos que el yo es un sujeto libre. Una vez se comprende que no existe el libre albedrío, no cabe sino la rendición al curso propio de la vida en cada momento. Lo cual, sin embargo, no tiene nada que ver con la resignación fatalista que asume quien piensa que no tiene otra opción. La rendición nace de la comprensión de que somos vida por lo que, identificados con ella, en cada momento somos conscientes de estar viviendo lo que “tenemos que” vivir.

VENIR A LO QUE (YA) SOMOS // Nazareth Castellanos

Nazareth CASTELLANOS, El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración, Siruela, Madrid 2025, pp. 126-127.

“El sendero que nos conduce a lo que (ya) somos es un camino curioso. Parece que, cuanta mayor sea la capacidad del caminante, más empedrada es la senda. Los cerebros de aquellas personas que tienen más capacidad de introspección asignan más recursos neuronales a este proceso y, por lo tanto, lo viven con mayor intensidad emocional. Las emociones negativas pueden serlo más aún para aquellos con alta capacidad de metacognición, reza el artículo publicado en Frontiers in Psycology en 2013.

Aviso a navegantes: la mirada interior supone un precio psicológico proporcional a la fuerza del viajero, pero tan enriquecedor como su coraje. Sin duda, lanzarse al mar en la tormenta es solo de valientes. Abandonar la tierra firme, por incómoda que sea, supone una apuesta arriesgada. Parece que es la orilla la que se aleja cuando comenzamos a navegar; en realidad, somos nosotros los que nos alejamos, sin saber, además a dónde nos dirigimos. El cerebro se enfrenta a una situación donde la recompensa es lejana, incierta y muchas veces invisible y sin forma.

Gran parte de los retos psicológicos comienzan para escapar de un lugar, no siempre porque se tenga claro a dónde se quiere llegar. Un objetivo impalpable es, neuronalmente, una abstracción a la que nuestro cerebro difícilmente dedicará sus recursos.

Siempre me ha sorprendido con cierta extrañeza nuestra admiración por los héroes o heroínas de la historia, los que se enfrentan a legiones enteras, las que vencen a monstruos de cien cabezas, los que atraviesan océanos en tempestad o las que conquistan lunas. ¿Acaso no los hacemos cada uno de nosotros en nuestras guerras internas? Los escenarios no son tan épicos, eso es verdad. Las grandes batallas y victorias pueden darse en el salón de casa, en un hospital, en una consulta o en la conversación en una mesa de la terraza de un restaurante. Atreverse depende de nosotros. “Y lo que verdaderamente nos empuja a hacerlo es la voluntad, la presencia; y el verdadero obstáculo que cada cual lleva dentro de sí, como lepra oculta, que no hace más que crecer, es la indiferencia”, dice Steiner, dice Ramón y Cajal, y han dicho muchos otros desde milenios. Y a mí me parece cierto”.

LA PALABRA (LOGOS), METÁFORA DE LO REALMENTE REAL

Comentario al evangelio del domingo 4 enero 2026

Jn 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Este es de quien dije: el que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

LA PALABRA (LOGOS), METÁFORA DE LO REALMENTE REAL

 “En el comienzo era la Palabra, y la Palabra era con Dios y la Palabra era Dios”: con esta proclamación solemne, se inicia el evangelio de Juan. Ahora bien, esta declaración es un eco casi exacto de un verso del Rig Veda: “En el comienzo era Brahman, con quien era la Palabra y la Palabra era realmente el supremo Brahman”. De hecho, la filosofía de la Palabra puede ser rastreada en sus diferentes formas y modificaciones, desde las antiguas Escrituras hindúes, pasando por las enseñanzas de Platón y los estoicos, hasta Filón de Alejandría y el autor del cuarto evangelio.

Palabra, Logos, Brahman… son términos que, más allá del origen geográfico o cultural de cada uno de ellos, apuntan a aquello que trasciende el mundo de las formas u objetos, aquello que, siendo lo único que permanece, es lo realmente real.

Con lo cual, la sabiduría ancestral no está proponiendo una creencia que asumir, sino una pista en la que indagar. ¿Qué es aquello que, en medio del cambio constante, permanece inmutable? ¿Qué es aquello que, en medio de variaciones de todo tipo, permanece siempre idéntico a sí mismo? Eso, solo eso, es lo único realmente real.

El problema surge cuando, llevados por el modo de funcionar de la mente, objetivamos esa realidad y, aun sin ser conscientes de ello, la convertimos en “algo”, en otra forma u objeto más, por más que lo llamemos “Dios” y lo escribamos con mayúscula. Lo realmente real es inobjetivable, carece de forma y no puede nombrarse adecuadamente. Únicamente puede percibirse y experimentarse como ese “más” que nos habita -constituye nuestra identidad última- y anhela vivirse en nosotros. Para percibirlo, necesitamos entrenarnos en silenciar la mente y ponernos a la escucha: ¿qué hay en mí más allá de todo aquello que puedo observar y nombrar?

“En todos nosotros -escribía José Saramago-, hay algo que no tiene [no puede tener] nombre. Eso es lo que somos”.

LA CONSCIENCIA ES ANTERIOR AL CEREBRO // Maria Strømme

“La consciencia no está en el cerebro, sino que es universal y nació antes del Big Bang”.

Entrevista de Omar Kardoudi a Maria Strømme, física teórica, Universidad de Upsala, en El Confidencial, 7 de diciembre de 2025:
https://www.elconfidencial.com/tecnologia/novaceno/2025-12-07/investigacion-conciencia-humana-cerebro-universo-big-bang_4261376/

Maria Strømme, investigadora de la Universidad de Upsala (Suecia), acaba de publicar un nuevo estudio que aporta una explicación sorprendente y radical a uno de los fenómenos más intrigantes y desconocidas de los seres vivos: el origen de la consciencia. Según la investigadora, la consciencia no emerge del cerebro, sino que se trata de un campo fundamental del universo. Su teoría sugiere que la consciencia se originó primero y tras ella surgieron el tiempo, el espacio y la materia. Si esta propuesta es correcta, fenómenos considerados actualmente como pseudocientíficos —como la telepatía, las experiencias cercanas a la muerte o incluso la existencia de la vida después de la muerte— podrían tener una explicación científica.

Si se confirmaran los resultados de esta investigación, publicada en la revista AIP Advances y seleccionada como mejor artículo del número, las consecuencias serían revolucionarias. Según las teorías tradicionales de la física cuántica, las partículas y la energía emergen de vibraciones en un campo fundamental, como las olas surgen de vibraciones en el agua. Strømme afirma que ese campo fundamental podría ser la conciencia misma, por lo que la experiencia subjetiva de la vida que percibimos no es más que una ilusión.

«En el modelo, la consciencia individual se entiende como una excitación localizada o configuración dentro de un campo de conciencia universal, muy parecido a una ola en la superficie del océano», explica Strømme en declaraciones para el Daily Mail. «Una ola tiene una forma que es temporal, pero el agua que la transporta no desaparece cuando la ola se disipa». La teoría va más allá y sugiere que la consciencia no termina cuando morimos: simplemente regresa al campo de fondo. «El sustrato fundamental de la conciencia no comienza ni termina con el cuerpo, al igual que el océano no comienza ni termina con la aparición de una sola ola», afirma.

Basada en la física cuántica

La teoría de Strømme está íntimamente ligada a los retorcidos principios de la física cuántica. La investigadora lleva años trabajando en un modelo cuántico-mecánico que une la física cuántica con la filosofía no dual, la que observa la realidad como una sola unidad y no como una diferencia entre el yo y el mundo. Su nueva teoría se basa en la idea de que la consciencia constituye el elemento fundamental de la realidad y que las consciencias individuales son partes de un campo más grande e interconectado.

Según este modelo, la realidad existía antes del Big Bang como una especie de potencial sin forma (una superposición universal) que contenía todas las configuraciones posibles de la realidad. En este estado primordial, nada estaba diferenciado, ni el espacio ni el tiempo ni la materia, pero tampoco la experiencia individual.

La diferenciación arranca cuando el campo colapsa en estados específicos, produciendo la estructura del universo que conocemos. Para la investigadora no hay un antes ni un después cronológico en esta fase. «El colapso iniciado por el pensamiento universal no es temporal (ya que el tiempo aún no existe), sino que es un acto creativo atemporal de la mente, similar a la emergencia de la forma desde la falta de forma o la realización del potencial en actualidad», escribe Strømme.

Aquí es donde la teoría se topa con el gran problema de la medición cuántica, la idea de que la realidad existe en superposición hasta que una observación la colapsa en un estado definido. Un concepto ejemplificado en el experimento del gato de Schrödinger.

«Debe enfatizarse que el pensamiento universal no es pensamiento intelectual personal, sino una fuerza creativa sin forma que refleja el proceso metafísico mediante el cual lo indiferenciado transita hacia la forma», explica la investigadora.

Ciencia para la pseudociencia

La teoría abre una puerta a que muchos fenómenos considerados como pseudociencia formaran parte del modelo científico y «merecen pruebas científicas renovadas y rigurosas» para confirmarlo, explica la investigadora. Por ejemplo, durante experiencias cercanas a la muerte, muchas personas hablan de visiones de figuras religiosas, seres queridos perdidos o incluso premoniciones de eventos que sucederán en el futuro.

«Si la consciencia individual no es generada solo por el cerebro, sino que es una expresión de un campo más profundo, como sugiere mi modelo, entonces los momentos en que el cerebro está deteriorado podrían permitir un acceso atípico a ese campo subyacente», afirma Strømme.

El modelo sugiere que habilidades psíquicas como la telepatía no solo podrían ser reales, sino que podrían verificarse científicamente. Dado que todas las consciencias individuales son parte del mismo campo, la información puede transmitirse entre puntos aparentemente separados por el espacio o incluso el tiempo. Esto significa que individuos particularmente dotados o en estados alterados de consciencia podrían ser capaces de leer mentes o ver visiones de eventos futuros.

«Esto explicaría por qué fenómenos similares a la telepatía aparecen en diferentes culturas y a lo largo de la historia, aunque la evidencia empírica hasta ahora sea controvertida y no concluyente», dice la profesora. Lo mismo sucedería con los estados cerebrales de quienes están en meditación profunda, que deberían mostrar una sincronización con la actividad cerebral de otras personas.

Un giro revolucionario

Strømme, que normalmente se dedica a la investigación en nanotecnología, ha dado un salto que tiene implicaciones en las estructuras más grandes. De hecho, su nuevo trabajo plantea en realidad una teoría completamente nueva sobre el origen del universo.

«Es un intento muy ambicioso de describir cómo funciona nuestra realidad experimentada. Físicos como Einstein, Schrödinger, Heisenberg y Planck exploraron ideas similares, y yo estoy construyendo sobre varias de las vías que ellos abrieron», dice Strømme. «Mi ambición ha sido describir esto usando el lenguaje de la física y herramientas matemáticas. ¿Son estos fenómenos realmente místicos? ¿O simplemente es que hay un descubrimiento que aún no hemos hecho y cuando lo hagamos, conducirá a un cambio de paradigma?».

Cambios radicales en nuestra comprensión de la realidad han ocurrido antes en la historia, como cuando la humanidad comprendió que nuestro planeta es redondo y no plano, o cuando entendimos que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra, sino al revés. Aun así, la investigadora reconoce la ironía de su propuesta. «Soy científica de materiales e ingeniera, así que estoy acostumbrada a ver la materia como algo fundamental. Pero según este modelo, la materia es secundaria. Gran parte de lo que experimentamos es representación o ilusión».

Aunque el artículo está escrito estrictamente en el lenguaje matemático de la física, el razonamiento contiene paralelismos con varias tradiciones religiosas y filosóficas del mundo. Strømme se basa en Advaita Vedanta, nociones budistas del vacío, el misticismo sufí, la teología cristiana y las reflexiones filosóficas de Schrödinger, Bohm y Heisenberg. En su estudio, invoca repetidamente el orden implicado del físico David Bohm, en el que todas las cosas se despliegan desde una realidad más profunda y no local. También hace referencia al universo participativo de Wheeler, donde la observación ayuda a hacer realidad.

«Los textos de las principales religiones —como la Biblia, el Corán y los Vedas— a menudo describen una consciencia interconectada. Quienes los escribieron usaron lenguaje metafórico para expresar percepciones sobre la naturaleza de la realidad. Los primeros físicos cuánticos, a su vez, llegaron a ideas similares usando métodos científicos», dice Strømme. «Ahora es el momento de que las ciencias exactas —es decir, la ciencia natural moderna— comience seriamente a explorar esto».