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NUEVO LIBRO: “METÁFORAS DE LA NO-DUALIDAD”

No vemos “Lo que es” porque lo estamos buscando…, y lo imaginamos distinto de lo que es.

No es lo mismo hablar de la no-dualidad que desde la no-dualidad.
En el primer caso, se reduce a un concepto más,
a otra “construcción mental” que puede creerse o rechazarse;
en el segundo, se vive comprensión:
nada queda fuera, todo es expresión de Lo que es;
el instante no pensado es el Ahora eterno
y toda forma, cualquiera que sea la manera en que se manifieste,
es Plenitud radiante.

 

AGRADECIMIENTOS

 Han sido muchas las personas que han puesto saber, entrega y amor en este libro. Entre todas ellas, hay algunas que no puedo dejar de nombrar.

Ana Etxeberria, querida compañera, en su admirable inquietud pedagógica, alumbró la idea y el título; me acompañó en su proceso y me sigue acompañando con una paciencia incansablemente amorosa.

Javier Abril del Diego se entregó, desinteresada y amorosamente, con tanta pasión como arte, al diseño, maquetación e ilustraciones. Tuve además el regalo añadido de ser testigo de cada uno de los pasos que iba dando en la cuidada ejecución de su tarea.

Fidel Delgado puso el “toque personal”, con el regalo de unas letras que, tanto en su contenido como en su “forma”, transmiten lo que mejor lo define: la conjunción de sabiduría y humor.

Ana Mª de las Heras tuvo, como es ella, un papel callado pero cálido, motivador y sumamente eficaz en la gestación de todo este proyecto.

Y, last but not least, Manuel Guerrero, director editorial de Desclée De Brouwer, manifestó desde el primer momento la receptividad y acogida que tanto apreciamos y valoramos quienes lo conocemos.

Hacia cada uno y cada una de ellos experimento una sentida y estable gratitud.

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El ser humano está habitado por un dinamismo o anhelo que lo empuja hacia la verdad. En esa búsqueda recurre a lo que otros le han enseñado y a lo que puede elaborar a partir de su propio razonamiento. Pero pronto se da cuenta de que la verdad no “cabe” en su mente. Descubre que la verdad, siendo “razonable”, no es “racional”, sino que se encuentra en el nivel de la “trans-racionalidad”.

La verdad no es una idea, un concepto o una creencia. Es una con la realidad; es, sencillamente, “lo que es”. Y es no-dual: se manifiesta en infinidad de formas diferentes, siendo todas ellas expresión de la única Realidad.

Sin embargo, a la mente, de naturaleza dualista y separadora, se le escapa la no-dualidad. Por eso es apropiado recurrir a la metáfora y a su capacidad evocadora: a partir de una imagen que se capta con facilidad, nos “traslada” a la Realidad inefable.

A lo largo de diferentes metáforas, de un modo amable y sugerente, el autor invita a abrirse a “otro modo” de ver la realidad, en la certeza de que así se nos hace patente nuestra verdad y, con ella, la plenitud que somos.

Editorial Desclée De Brouwer.

Para leer el Prólogo y la Introducción, clic aquí.

ÍNDICE

Prólogo de Fidel Delgado

Introducción

  1. La cuerda y la serpiente
  2. El león y los asnos
  3. La ola y el mar
  4. La piedra y los átomos
  5. Las cosas y los procesos
  6. La botella y el océano
  7. El océano y el agua
  8. El globo lleno de aire
  9. El cielo y el clima
  10. La montaña y las nubes
  11. La vida y los seres vivos
  12. El manantial y el agua
  13. La vid y los sarmientos
  14. El dedo y el cuerpo
  15. El anillo y el oro
  16. Dos velas, una sola llama
  17. La película y la pantalla
  18. Las letras y el papel
  19. El coche y el conductor
  20. El viaje y el viajero
  21. Los trenes y la estación
  22. El que ve y lo visto
  23. Lo que observa y lo observado
  24. Lo que ocurre y la consciencia de lo que ocurre
  25. La llanta y el eje
  26. Los huéspedes y el dueño
  27. Los churros y el gerente
  28. El pianista y el piano desafinado
  29. El mendigo y el tesoro ignorado
  30. El diamante en el bolsillo
  31. El tesoro y el buscador
  32. Dos hijos inconscientes
  33. El buscador y lo buscado
  34. Lo que es y lo que pasa
  35. El río y los remolinos
  36. El espacio y la habitación
  37. El niño y el auto mecánico
  38. El jinete y las riendas
  39. Gemelos que no tienen la misma edad
  40. El coro y el director
  41. El dueño y el criado
  42. La cercanía que impide ver
  43. Las gafas que filtran la visión
  44. Cuando nada es todo
  45. El tapiz y nuestra mirada
  46. El libro y la lectura
  47. La pizarra y lo escrito en ella
  48. El lienzo y las imágenes
  49. El pájaro y la rama
  50. El miedo y la ignorancia
  51. El escenario y el personaje
  52. El actor y la máscara
  53. La pasarela y el desfile
  54. El baile y el bailarín
  55. El mapa y el territorio
  56. El dedo y la luna, las creencias y la verdad
  57. La miel y el dulzor
  58. El juez y la rosa
  59. El efecto boomerang
  60. El sueño y el soñador
  61. El salvador y la víctima
  62. El árbol del conocimiento del bien y del mal
  63. La habitación oscura y la linterna
  64. La luz y las sombras
  65. Lo real y la apariencia
  66. El niño y los castillos de arena
  67. El sueño lúcido
  68. El agua y el terrón de azúcar
  69. Volver a la casa de la que nunca habíamos salido
  70. El palo que atiza el fuego

Anexo I. Práctica para “permanecer” en casa: Meditar, solo estar, solo ser.

Anexo II. El inicio y la clave de la comprensión: Hay en ti “Algo” que sabe.

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RESEÑA

        ¿Cómo favorecer la comprensión de lo que somos y, en último término, la comprensión de lo real?

          Desde la antigüedad, los sabios han mostrado que la clave se hallaba contenida en la respuesta a la primera y decisiva cuestión: ¿quién soy yo?  Y han propuesto una aproximación no-dual a lo real. Hasta el punto de que ambos principios –la primacía del conocimiento propio y el reconocimiento de la naturaleza no-dual de la realidad– constituyen dos pilares básicos en los que se apoya la llamada sabiduría perenne.

          Tal como proclamaba el Oráculo de Delfos, quien conoce su verdadera identidad, conoce todo lo que es: “Hombre, conócete a ti mismo, y conocerás al Universo y a los dioses”.

          Para avanzar en ese autodescubrimiento, en línea con la “sabiduría perenne”, el autor recurre a la no-dualidad como clave de lectura y a la metáfora como vehículo.

        Estamos habituados –nos recuerda– a leer la realidad desde el “modelo mental”, esencialmente separador y fragmentador, por lo cual tendemos a verla como una suma de objetos separados. Sin embargo, parece innegable que, más allá de las diferencias, todo es uno. La no-dualidad significa, justamente, el reconocimiento de la unidad-en-la-diferencia. Por tanto, si la Realidad es una, la lectura dualista forzosamente tiene que dar una imagen radicalmente deformada de la misma.

          Desde la comprensión no-dual, y con esta clave, el autor trata de responder a la cuestión inicial: ¿quién soy yo?, ¿qué es lo realmente real?

          Y lo hace recurriendo a la metáfora que, de acuerdo con su etimología, nos “lleva (pherein = trasladar) más allá (meta)”. La metáfora evoca aquello que transciende la mente. Por ese motivo constituye un vehículo adecuado para abrirnos a la comprensión de aquello que está “más allá” de lo que la mente puede percibir.

          Con ese objetivo, se nos presentan setenta metáforas que abordan temas vitales: nuestros miedos y nuestra certeza, el funcionamiento de la mente, el camino de la liberación del sufrimiento, la comprensión de lo que somos, la raíz de nuestra ignorancia y la fuente de toda confianza, las creencias y la verdad, nuestras ideas acerca del “bien” y del “mal”, la confusión entre lo real y lo aparente, el falso dilema entre libre albedrío y determinismo, el elogio de la libertad, la comprensión y vivencia del amor, la clave de la transformación…

        Al tratarse de metáforas, el libro ofrece diferentes niveles de lectura: puede leerse como una primera aproximación a la no-dualidad, o como medio para profundizar en lo comprendido. Incluso como material susceptible de ser utilizado para trabajar en grupo o con jóvenes que se inician en la comprensión.

         Según donde estemos cada cual, algunas metáforas pueden llegarnos más que otras. En todo caso, parece adecuado no leerlas de golpe, sino poco a poco, como lo que quieren ser: puertas que abren a la comprensión o recordatorios de lo que somos, en definitiva vehículos que nos trasportan más allá de lo que aparece a primera vista para mostrarnos lo que somos.

          El camino de la verdad empieza por la indagación rigurosa y lúcida acerca de nuestra verdadera identidad. Porque de la respuesta a esta primera cuestión –se nos repite en el texto– dependerán absolutamente todas las demás.

          Hacia ahí apuntan las metáforas: a partir de una imagen que se capta con facilidad, nos “trasladan” a la Realidad inefable. Todas ellas constituyen una invitación, amable y sugerente, a abrirse a “otro modo” de ver la realidad, en la certeza de que ahí se nos hace patente nuestra verdad y, con ella, la plenitud que somos.

       La comprensión, de la mano de las metáforas –sostiene el autor–, nos traslada a “casa” de la que, paradójicamente y a pesar de las apariencias, nunca nos habíamos alejado. 

      El libro ha sido enriquecido con el trabajo del diseñador gráfico Javier Abril del Diego, autor de un cuidado diseño y de unas preciosas ilustraciones, que añaden a las metáforas un plus de gusto y capacidad evocadora.

SOMOS LA VIDA, NO HAY LUGAR PARA EL TEMOR

         De las afirmaciones que hizo Jesús, cada vez me parece más luminosa aquella en que dijo: “Yo soy la Vida”.

         Es una palabra plena de sabiduría, que invita a salir de nuestra ignorancia básica y a reconocer la verdad profunda de esa expresión, aplicada a todos nosotros. Todos somos –y nunca podemos dejar de ser- Vida.

         La ignorancia radical es la que hace reducir nuestra identidad a nuestra personalidad, haciéndonos creer que somos un “yo particular”, separado de los demás y desgajado de la Vida.

         Esta creencia errónea es la fuente de todo sufrimiento, para nosotros mismos y para los demás.

 

         Al identificarnos con el “yo individual” y creernos separados, nos sentimos “enfrentados” a la Vida y, en cierto modo, amenazados por lo que nos pudiera ocurrir. Eso nos hace vivirnos a la defensiva y, con frecuencia, en el temor.

         Basados en la creencia (errónea) de la separación, dividimos todo lo que ocurre en “bueno” y “malo”, “positivo” y “negativo”, según los criterios del “yo particular” que creemos ser. Cuando sucede algo “positivo”, entramos en euforia; cuando, por el contrario, es “negativo”, nos sentimos frustrados.

         Al mismo tiempo, nos situamos ante la realidad en clave de exigencia y de “debería”. Vivimos habitualmente enfrentados a lo que es, en la convicción de lo que “debería” o “no debería” ser. Con ello, no hacemos sino generar sufrimiento inútil: porque no existe sufrimiento mayor que el de oponerse a lo que es.

 

         No hay liberación posible sin salir de aquella falsa creencia, es decir, sin comprensión (sabiduría).

         La sabiduría consiste en reconocer que no existe nada separado de nada. Y que no hay nada que no sea manifestación y expresión de la única Vida. Todo es Vida, que se despliega –se “disfraza”- en infinitas formas: el nacer y el morir, la salud y la enfermedad, el éxito y el fracaso, el “bien” y el “mal” –etiquetas mentales-…: todo son “formas” que la Vida adopta.

         Nosotros mismos somos la Vida, que ha adoptado una forma particular, en la personalidad concreta que tenemos. Pero la trampa consiste en creer que somos esa forma, en lugar de reconocernos como Vida.

         Cuando reconoces que eres Vida, ¿dónde queda el temor, la ansiedad, la frustración, el sufrimiento…? Quedarán como inercias de nuestro mundo mental y emocional, pero podremos salir de ellos con más facilidad. Porque no miraremos los acontecimientos ni las circunstancias –sean cuales fueren- desde el yo que creíamos ser, sino desde la Vida que somos.

         Visto desde ahí, caes en la cuenta de que todo lo que ocurra es expresión de la Vida: ¿cómo va a estar “mal”? La Vida no puede equivocarse.

         No cabe error alguno: lo que sucede, es lo que tiene que suceder. Nunca puedes equivocarte, porque lo que hagas es lo que la Vida está haciendo en ese preciso momento. Como recuerda con frecuencia Jeff Foster, no tienes un destino prefijado: tu camino –tu destino- es lo que sucede.

         Pero esto no puede verse ni entenderse desde la mente. Ella tiene sus propios parámetros, en la creencia de que es un hacedor independiente y autónomo, que puede actuar por su cuenta al margen de la Vida. Por eso, mientras alguien crea –y esta es la paradoja- que es un “yo particular” le resultará imposible comprender lo que se esconde detrás del “gran teatro del mundo”. Es necesario tomar distancia de la mente y a acceder a otro modo de ver –el “conocimiento silencioso” de sabios y de místicos- para percibir, sin duda alguna, que todo lo que captamos no es sino expresión multiforme de la Vida una, que es nuestra verdadera identidad.

 

         Todo lo que te ocurra –estar sano o estar enfermo, tener éxito o fracasar, sentirte mejor o peor, comprender o no comprender, aceptar o rebelarte…-, todo sin excepción es Vida. Y la Vida es todo. Míralo desde ahí. No creas que tu yo se siente amenazado; reconoce que la Vida que eres toma ahora esa forma concreta… Pero sigue siendo Vida, y siempre está a salvo. Todo es Vida en un despliegue multicolor. Si lo ves, eso es Vida que se manifiesta; pero si no lo ves, eso es también Vida que se manifiesta de forma diferente. Suceda lo que suceda y estés como estés, incluso en el lecho de muerte, solo hay Vida –es lo que eres- adoptando formas cambiantes.

 

         Por tanto, solo hay algo que podamos hacer: reconocernos en Ella y vivirnos desde Ella. La identificación con la mente y el con el yo –de donde venimos- tendrá mucha fuerza y a veces nos sorprenderemos aún creyendo que somos esa forma; sin embargo, la práctica nos hará diestros en reconocer nuestra verdadera identidad.

         A partir de ahí, ya no juzgaremos las cosas desde el yo, sino que únicamente veremos Vida en todo lo que se manifiesta.

         Dejaremos de repetir el error de tomarnos todo “personalmente”, creyendo que somos la “persona” separada o “yo particular” –esta es la causa de nuestro sufrimiento- y aprenderemos a no “personalizar” nada de lo que sucede.

Y entonces también podremos estar disponibles y desapropiados para permitir que la Vida fluya sin bloqueos a través de nosotros.

         Y lo que brota de ahí es Paz, Ecuanimidad y Compasión: la Vida que fluye en libertad…

 

Teruel, 25 enero 2015

MIS “RECORDATORIOS”

Adicciones y engaño

Quiero compartir con vosotros y vosotras tres textos, que leo cada día, y que me sirven de “recordatorio” de aquello de donde no quiero escapar…, aunque en realidad el “escape” es imposible porque —lo veamos o no, lo sepamos o no— ya somos aquello de lo que pensamos habernos alejado. Pero, como os decía, me viene bien recordármelo.

Ya eres lo que estás buscando

          

         

 

 

 

 

 

 

Los textos son los siguientes:

 

 1. “YO SOY” (Helen Mallicoat)

 

“Estaba lamentándome del pasado y temiendo el futuro… De repente «mi Señor» estaba hablando: «MI NOMBRE ES YO SOY».

Hizo una pausa. Esperé. Él continuó:

Cuando vives en el pasado, con sus errores y pesares, es difícil. Yo no estoy allí. Mi nombre no es Yo fui.

Cuando vives en el futuro, con sus problemas y temores, es difícil. Yo no estoy allí. Mi nombre no es yo seré.

Cuando vives en este momento, no es difícil. Yo estoy aquí. Mi nombre es YO SOY”.

 

Paz

 

            La religión teísta, con la expresión “mi Señor”, se refiere a la divinidad. Lo cual es absolutamente legítimo. Sin embargo, me parece más ajustado afirmar la no-separación de todo, por lo que tal expresión puede entenderse como otro nombre de aquel Fondo común que compartimos todos los seres, y que, aun sin agotarse en las formas, constituye el núcleo de todas ellas. En ese sentido, la citada expresión nos remite a nuestra identidad más profunda, que puede nombrarse también como “Yo Soy”.

          Esta lectura no-dual nos revela algo profundo. Cuando perdemos la consciencia del momento presente, nos alejamos de quienes somos. Por el contrario, en cuanto acallamos la mente y venimos al aquí y ahora, escuchamos en nuestro interior a nuestra verdadera identidad –nuestro “Señor interior”- que nos susurra: “Yo soy”, todo está bien.

 

 

2. ACEPTAR LO QUE VENGA  (Papaji)

 

La Esencia de la Destreza es esta: Lo que sea que venga, déjalo venir; lo que se quede, déjalo estar, lo que se va, déjalo ir.

Quédate callado, y adora al Ser.

Esta es la esencia de vivir hábilmente en la apariencia del mundo.

Durante todas las actividades de la vida recuerda siempre que tú eres el Ser.

La manera de vivir una vida feliz es aceptar cualquier cosa que venga, y lo que no viene, que no te importe.

 

3. “Somos personitas, cada una con su penita”.

 

               Siento no acordarme del nombre de la chica a quien escuché esta frase, en una entrevista reciente. Solo recuerdo que tiene una voz extraordinaria y, acompañada a la guitarra por un muchacho, canta desde una profunda y exquisita sensibilidad.

          Mientras la entrevistaban, estaba yo atendiendo otras cosas. Pero esas palabras suyas me detuvieron y atraparon. Me sonaron, en su sencillez no exenta de humor, a “palabra inspirada” –inspirada es aquella palabra que nos silencia por dentro y produce un movimiento de desegocentración– y se me quedaron grabadas. Lo que me detuvo fue su “carga” de humildad y de invitación a la compasión.

 

          Y nos encontramos, una vez más, con la paradoja, que me parece bueno noTERNURA olvidar: es verdad que somos Plenitud…, pero no lo es menos que tal Plenitud se expresa en estas formas concretas –frágiles y necesitadas de compasión- que palpamos a diario. Lo uno y otro, en un abrazo no-dual que, finalmente, nos unifica en el Ser.

 

          Es lo que, una y otra vez, nos recuerda el sabio, también humilde y divertido, que es Fidel Delgado. De entre los numerosos videos suyos que pueden encontrarse en YouTube, os recomiendo ver este, cuyo enlace os dejo:

https://www.youtube.com/watch?v=_NpmCPsoLfE

          Está aquíSomos –dice Fidel- “seres-humanos”: en cuanto “humano”, soy una forma transitoria, sumamente vulnerable y amenazado de muerte, y por eso lleno de inseguridad y de miedos; sin embargo, en cuanto “ser”, soy una realidad ilimitada y siempre segura.

 

          Esta es nuestra paradoja, que no conviene olvidar, si no queremos perdernos en la confusión: somos “ambas identidades”. Y tal paradoja encuentra una admirable convergencia con lo que ha visto la física cuántica: el Todo se halla en cada parte.

 

          La paradoja –omnipresente en toda la realidad- expresa una doble verdad, que es también en sí misma paradójica: que toda la realidad manifiesta es polar –no existe nada sin su polo opuesto- y que esa aparente contradicción solo queda resuelta en un lugar “superior”, que abraza ambos polos en una unidad mayor. A este abrazo o unidad englobante que no destruye las diferencias es a lo que llamamos “no-dualidad”.

 

          Polaridad y no-dualidad, por tanto, no solo no se excluyen entre sí, sino que explican el carácter paradójico de lo real. Podemos ver lo real como una infinidad de “puntos” separados que, en un nivel más profundo, son una y la misma realidad que están expresando. Si absolutizáramos el valor de los “puntos” en sí mismos, estaríamos ignorando justamente aquello que los explica y les da consistencia. Solo cuando los vemos como expresiones del Todo único, alcanzamos la compresión adecuada, integrada y holística. Pero eso requiere que nos situemos en otro “lugar” desde el que es posible una perspectiva global, un “nuevo modo” de ver.

 

            Al aplicar todo ello a nuestro caso, descubrimos que somos, a la vez, la “parte” –un “punto” particular de la única “red”: el yo individual- y somos, más profundamente, el “Todo” –la “red” completa: el Yo Soy universal-.

 

          Si nos reducimos al yo, todo será confusión y sufrimiento. Solo cuando advertimos nuestra identidad ilimitada, somos capaces de comprender el “juego” de la Vida, que no consiste en otra cosa sino en el despliegue admirable del Ser en cada una de las infinitas formas que lo expresan, en una hermosa e inequívoca no-dualidad. El “Yo Soy” uno se disfraza y “juega” en cada yo individual.

 

          Si nos percibimos únicamente como yoes individuales (o “puntos” aislados en todo el conjunto), serán inevitables la soledad, el miedo y la ansiedad, la comparación, la confrontación, el juicio, la descalificación del otro… Si, por el contrario, tenemos la lucidez suficiente para colocarnos en aquel “lugar” donde los “puntos” son trascendidos, la comprensión y la compasión serán inevitables: porque todo otro, en el nivel más profundo y en el sentido más verdadero, soy también yo mismo.

 

          Con todo ello, me parece claro que vivir ajustadamente esa realidad paradójica que somos requiere consciencia –para no olvidar nunca lo que somos de fondo, aquella realidad ilimitada y siempre a salvo- y compasión –para amar la forma frágil y vulnerable, en que se está expresando de modo transitorio-.

 

          En realidad, la consciencia (o sabiduría) y la compasión son las dos caras de la misma realidad y de la misma actitud. Así lo han expresado los sabios, con cuyas palabras os dejo:

 

El amor dice: «Yo soy todo». La sabiduría dice: «Yo soy nada». Entre ambos fluye mi vida(Nisargadatta).

La compasión ve al Uno en los muchos, la sabiduría ve a los muchos en el Uno (Frances Vaughan).

La gran compasión que surge de la experiencia de unidad se experimentará como la fuerza motriz del universo (Willigis Jäger).

 

 

Para concluir:

 

         El camino es simple: anclarnos en nuestra verdadera identidad, aquello que permanece cuando todo lo demás cambia: ¿qué es lo único que no ha cambiado en mí, a lo largo de mi existencia temporal? Han cambiado mi cuerpo, mis pensamientos, mis sentimientos, mis reacciones… Solo una cosa permanece: la pura consciencia de ser, que puede expresarse como “Yo Soy”. Ese es el Fondo último de cada ser y de todo lo Real.

             Si lo único que permanece siempre es la consciencia, se comprende –y aquí se da otra elegante coherencia- que nuestra única certeza sea esta: la certeza de ser. Como escribe Juan Carlos Savater, no necesitamos ninguna experiencia de “iluminación”; basta anclarnos en esa certeza innata y atestiguar su verdadera naturaleza invulnerable y eterna. “Anterior a la idea de ser tal o cual persona, anterior a cualquier tipo de razonamiento o pensamiento, hay una innata «certeza de ser». Una desnuda o pura consciencia que es y sabe que es. Esta es siempre, no la mayor, sino verdaderamente nuestra única e incuestionable certeza” (J.C. SAVATER, La certeza de ser, La Trompa de Elefante, Madrid 2012, p.35).

              Permanece todo el tiempo que puedas, a lo largo de todo el día, en la única certeza: la certeza de ser.

Descansar confiadamente en Lo que es

           

           Algo similar es lo que recomendaba el sabio Nisargadatta:

 

“Rechace todos los pensamientos excepto uno: “Yo soy”, la mente se rebelará en el comienzo, pero con práctica, paciencia y perseverancia, cederá y se mantendrá en calma. Una vez que usted esté en calma, las cosas comenzarán a suceder espontáneamente y de forma totalmente natural, sin ninguna interferencia de su parte.

No se preocupe por nada que usted quiera, piense o haga, sólo permanezca establecido en el sentimiento-pensamiento “Yo soy”, enfocando “Yo soy” firmemente en la mente. En el momento que usted se desvíe, recuerde: todo lo que es perceptible y concebible es pasajero, y solo el “Yo soy” permanece.

Después de todo, el único hecho del que usted está seguro es de que “usted es”. El “Yo soy” es seguro, el “yo soy esto” no lo es.

Yo solía sentarme durante horas 6 seguidas, solamente con el “Yo soy” en mi mente, y pronto la paz, la dicha y un profundo amor que todo lo abarca llegaron a ser mi estado normal.

Independientemente de lo que suceda, únicamente desvíe su atención lejos de ello y permanezca en el sentimiento “Yo soy”. Parece simple, y hasta ordinario, ¡pero funciona!”.

 Consciencia e inconsciencia

 “Aquellos que ven la luz en sí mismos nunca necesitarán dar vueltas como satélites alrededor de otros” (Michael Michalko).

Teruel, 2 junio 2014.

 

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