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Semana 15 de abril: DESCONCIERTO / COMPRENSIÓN

EN TORNO AL “PROBLEMA DEL MAL”

9. Desconcierto / Comprensión

Unido a los sentimientos anteriores, particularmente al de frustración, aparece en toda su crudeza el desconcierto. No es raro: si la mente asocia la seguridad al control, la pérdida de este la lee como desconcierto. Notas de pronto que te han modificado completamente el escenario, y que tal cambio puede afectar no solo a este momento, sino a todo tu futuro. No es raro que el desconcierto venga también asociado al miedo, a la tristeza o al abatimiento. Y, sin embargo, por extraño que parezca, al aceptar el desconcierto y venir al estado de presencia, se modifica sustancialmente la propia vivencia: cesa la cavilación, se permite que las cosas sean como son, uno se alinea con lo que en este momento está siendo… Todo ello es posible porque, al acallar la mente y todas sus construcciones, dejas de identificarte con el yo –autor de las lecturas anteriores– y te reconoces en la misma Presencia que todo lo contiene. En ese mismo instante, brilla la comprensión. Y, con ella, la certeza de que el sufrimiento nace siempre del yo y de la interpretación que él hace de los acontecimientos: es el yo quien se siente vulnerable, resistente, solo, frustrado, impotente, desconcertado…, y así nos seguiremos sintiendo mientras creamos lo que el yo (la mente) nos dice acerca de lo acontecido. Cuando, por el contrario, acogemos eso mismo desde la Presencia, permitimos que todo sea y nos sentimos a salvo.

Hemos comprendido quiénes somos y vivimos lo que ha sucedido como si nosotros mismos lo hubiésemos elegido. Y esto no por algún tipo de masoquismo inconsciente, sino gracias a la sabiduría que nos hace ver que no somos el accidente ocurrido ni tampoco el yo que lo padece, sino la Presencia o Totalidad en la que aparecen todas las cosas y todos los acontecimientos. Y si aparecen, es porque tenían que aparecer. La sabiduría sabe varias cosas: que la vida (la totalidad) no puede equivocarse; que lo que viene, conviene; que, cuando se sabe ver en profundidad, todo está bien… Y la más decisiva: que tú no eres el yo al que le ocurren cosas, sino la Presencia en la que todo sucede, y de la que el yo es apenas un “disfraz” momentáneo. Esta comprensión puede experimentarse en la práctica, al constatar la diferencia radical de lectura según se haga desde el yo –víctima de lo ocurrido, por lo que vive sensaciones de vulnerabilidad, cavilación, resistencia, soledad, frustración, desconcierto…- o desde la Presencia.

Todo lo ocurrido sigue siendo exactamente lo mismo. La diferencia radica únicamente en la comprensión de quienes somos y, en consecuencia, en el lugar desde el que leemos lo ocurrido. Como dije en una entrega anterior, los sabios estoicos nos enseñaron que lo realmente decisivo no es lo que nos ocurre, sino aquello que hacemos con lo que nos ocurre; o mejor aún, el modo como interpretamos lo que acontece.

Semana 15 de abril: MINDFULNESS CON NIÑOS

MINDFULNESS CON LOS NIÑOS

 Reflexiones de Eline Snel, autora de “Tranquilos y atentos como una rana”.
En El País, 27 de marzo de 2018:
http://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/mindfulness-en-educacion-eline-snel/

En la era de la constante distracción y el estrés, el mindfulness ofrece prácticas basadas en la respiración y relajación para niños, educadores y padres con un objetivo: recuperar su capacidad de atención plena. La terapeuta y escritora holandesa Eline Snel es la referencia europea del mindfulness aplicado a la educación. De entre sus libros, destaca el bestseller publicado en veintisiete países, “Tranquilos y atentos como una rana”. En este manual, desarrolla su método, “La atención funciona”, un trabajo basado en el Mindfulness Based Stress Reduction (MBSR) del Dr Jon Kabatt-Zinn en el MIT (Massachusetts Institute of Technology).

El método de Snel, conocido como “el método de la rana” por sus explicaciones sobre la atención y respiración tomando ejemplos de este anfibio, se aplica en escuelas de primaria y secundaria de países como Francia, Alemania, Singapur y también España. En su país, el Ministerio de Educación de Holanda ha decidido ofrecer esta formación también a todos los maestros que lo deseen. Sostiene Snel que aunque el mindfulness “no es una varita mágica“, introducirlo en las escuelas es beneficioso para niños y también para los profesores, una de las profesiones más exigentes del mundo, explica.

Me gustaría compartir una historia con vosotros, es de hace más de 50 años. Me rompí la pierna gravemente mientras esquiaba y tuve que ingresar en el hospital para que me operaran. Me sentí muy sola y un poco asustada, también estaba insegura por lo que iba a pasar. Mis padres estaban lejos, yo estaba sola.

Había un dibujo de Minnie Mouse enfrente de mi cama, era muy gracioso, y cuando me sentía sola lo miraba y mi estado de ánimo cambiaba. En ese momento, por primera vez, me di cuenta de que el estado de ánimo puede cambiar, como el tiempo, los sentimientos pueden cambiar. Para mí, este fue un primer paso muy importante para ser entrenadora de mindfulness y enseñárselo a los niños durante el resto de mi vida.

Dentro de cada persona hay un sentimiento, parecido al hambre o la sed, que sirve para encontrar una manera de afrontar los sentimientos, las preocupaciones, ese tipo de cosas. Y esos obstáculos internos impiden el proceso de aprendizaje. Esta es una de las cosas que utilizo en clase. Cuando estamos muy nerviosos y muy confundidos, nuestra mente se parece a esto y nos impide ver las cosas con claridad. Tenemos que esperar hasta que toda la purpurina haya caído y, ¿qué pasa? Todo se aclara y te permite tomar otras decisiones.

Y así no puedes ver nada. No sabes qué hacer, ni cómo reaccionar, no sabes si estás cometiendo errores. Estás en una especie de estado de pánico. Los niños entienden inmediatamente esto y que pueden esperar hasta que todo se asiente, para continuar haciendo un examen o empezar a hacer un ejercicio de matemáticas. Parar durante un minuto te da el espacio necesario para no reaccionar de una manera completamente automática y pensar sobre si quieres hacer esto, eso o aquello. Te da la oportunidad de elegir cómo reaccionar.

El mindfulness no es como una varita mágica que puedas apuntar hacia un lugar y hacer que todo vaya bien, pero te enseña a surfear las olas. Te enseña a relajar la mente antes de afrontar situaciones difíciles para que seas consciente de lo que haces mientras lo estás haciendo. Para que seas consciente de lo que piensas y sientes mientras estás pensándolo o sintiéndolo. Es algo que puede hacer todo el mundo, no está relacionado con las expectativas o situaciones inalcanzables, sino con algo que está dentro de nosotros mismos. Pero perdemos este talento por el estilo de vida tan rápido que tenemos. En este sentido puede ser muy importante, tanto para niños como para adultos.

Los niños pueden preocuparse por muchas cosas diferentes: asuntos familiares, amigos… Pero también antes de un examen o una exposición, cuando tienen que hacerla en el colegio. O antes de tocar algo de música, por ejemplo, o hacer una actuación. Es muy útil reunir todas las preocupaciones en un mismo lugar donde podamos prestarles atención, y la respiración nos ayuda a ello. Cuando los niños aprenden a ser conscientes de estos pensamientos a los que quieren reaccionar de manera inmediata, también pueden aprender a parar. Parar para pensar y dejar de actuar impulsivamente, parar de hablar con alguien que está a su lado o detrás.

Lo que les enseñamos es que todos tenemos algo en común con las ranas. ¿Puedo preguntarte una cosa? ¿Qué ves cuando miras a una rana? ¿Puedes ver cómo respira cuando la miras? Puedes ver cómo le sube y le baja la barriga. Los niños identifican rápidamente lo que tienen en común con una rana, pueden ver este movimiento, ven que la rana se sienta y no se mueve aunque no está en trance sino que está muy alerta de lo que pasa alrededor, porque cuando se acerca una mosca, la rana la atrapa.

Lo que los niños aprenden con la respiración, es que cuando le prestas atención a la respiración, al movimiento que haces al respirar, no puedes pensar y preocuparte a la vez. Es imposible. Nuestro cerebro no está hecho para prestar atención a dos cosas a la vez. Cuando aprenden a prestarle atención a la respiración, aunque las preocupaciones no se vayan y la situación no cambie, se dan cuenta de que no tienen que prestarle atención a esas preocupaciones todo el rato. Cuando los niños con TDAH se acostumbran a prestarle atención a sus pensamientos, a sus sentimientos y a las sensaciones de su cuerpo, cuando aprenden que no tienen que reaccionar, igual que la rana, no tienen que reaccionar a todo, algunos niños se sienten menos inseguros.

La mayoría de los niños serán capaces de gestionar emociones fuertes y reconocerlas y de no dejarse llevar por ellas. Y, personalmente, lo que creo que es más importante, es que son más comprensivos consigo mismos y con otros niños.

Hay escuelas en Holanda en las que cada día, cada niño practica el mindfulness durante 10 minutos, lo hacen más de 750 niños cada día. Y esto ha conseguido que ya no haya ningún programa contra el acoso en las escuelas, los niños ya no se acosan. Introducir el mindfulness en el programa educativo, en las escuelas, también es beneficioso para los profesores.

Se preocupan más por su bienestar, en este trabajo que es tan exigente, es uno de los más exigentes del mundo, en mi opinión. Es que ellos también deben hacer un curso de mindfulness. Si no entendemos el mindfulness, no podemos enseñarlo, no es un consejo, no son consejos ni trucos de educación.

Tienes que sentirlo, los niños deben sentir que los profesores también lo aplican. Cuando lo sientes, cuando sientes cómo te beneficia, puedes enseñárselo a los niños.

Cuando un profesor está presente, en cada momento, con cada pregunta o actividad, los niños se involucrarán más, son un reflejo del profesor. Estar presente es algo esencial en el mindfulness, y cuando un profesor está presente, los alumnos también lo estarán. Cuando te entrenas como profesor de mindfulness, con el método de la rana, por ejemplo, te entrenas para enseñarle a toda la clase lo que has experimentado antes, por ejemplo, a cuidar de ti mismo, a cuidar de tu mundo interior.

Tu mundo de pensamientos, de sentimientos, el de las señales… Y cuando eres capaz de aceptar tu mundo interior, de conocer tu mundo interior un poco mejor, tendrás mucho más éxito en el mundo exterior. Y cuando los directores de las escuelas vean y sientan, se den cuenta de que es necesario que los niños aprendan estas habilidades desde pequeños para que sean capaces de enfrentarse al estrés, para enfrentarse a las adversidades y contra los malos momentos de su vida, para que no se hundan sino floten de una manera natural.

Bueno, entonces… Sin ninguna duda, todos los niños lo necesitan. Es muy importante aceptar que hay sufrimiento, y podemos decirnos a nosotros mismos: “Esto es muy difícil, se me hace muy difícil vivir con esto”.

El mindfulness no es la panacea para todo, y no es una varita mágica con la que podamos resolver todos los problemas de las escuelas, pero una de las lecciones de este entrenamiento en mindfulness, una parte muy grande se basa en la autocompasión y la compasión. La autocompasión se basa en darte un respiro, y no ser siempre aquél que puede manejar la situación. No necesitas ser fuerte siempre.

De hecho, ser vulnerable es una señal de fortaleza. Está bien sentirse triste, no pasa nada por estar asustado o por sentir cualquier otro sentimiento. A veces no podemos cambiar la situación, pero podemos cambiar nuestra perspectiva.

Muchos niños se sienten inseguros, creen que no son suficientemente buenos, suficientemente delgados o inteligentes, lo bastante maduros o lo bastante graciosos. Y con el mindfulness comprenden poco a poco que son suficientemente buenos.

Y quizás, lo último que me gustaría decirle a cualquiera que trabaja en una escuela o a los padres que están en casa, es que no tiene por qué costar mucho tiempo conseguir ser conscientes: cuando subes unas escaleras, estás subiendo unas escaleras; si tienes a tu hijo en brazos, no prestes atención a otra cosa. Se trata de hacer una cosa cada vez y disfrutar de la vida porque hay muchas cosas de las que disfrutar, aunque también ocurren cosas que no son buenas, la vida es un conjunto de ambas.

Semana 8 de abril: SOLEDAD / PLENITUD

EN TORNO AL “PROBLEMA DEL MAL”

8. Soledad / Plenitud

La vulnerabilidad trae de la mano la soledad. No es raro que se reactiven ahí –en los acontecimientos dolorosos– experiencias de soledad muy antiguas, de las que incluso no tenemos recuerdo. Y se intensifican al ser consciente de que, en estas circunstancias, tú solo no puedes hacer nada. De esa manera, la soledad refuerza la vulnerabilidad y, si no se detiene la mente pensante, introduce en laberintos sin salida, que resultan cada vez más ennegrecidos por la dramatización mental apoyada en sentimientos densos y oscuros.

     La soledad sabe a aislamiento y abandono. En el niño puede provocar una sensación de no-pertenencia a nada ni a nadie, lo cual lo aboca a la vivencia de un aislamiento sumamente doloroso. Parece que a un niño no le hace tanto daño el dolor que pueda experimentar, cuanto el hecho de sufrirlo en soledad.

    No es extraño que la soledad se anude a otros sentimientos, como la frustración, el desconcierto, la impotencia…, hasta producirse una tela de araña de la que parezca imposible escapar.

      En esas circunstancias, resulta impagable el apoyo o la cercanía de alguien que te comprende desde dentro, te acoge y te ayuda. Sin duda, el mayor regalo que podemos recibir –y que podemos ofrecer– es la presencia de calidad de quien está a nuestro lado.

     Pero, aun siendo un regalo precioso, no es suficiente. Por nuestra parte, el sentimiento de soledad está reclamando una presencia consciente y amorosa a nosotros mismos. Necesitamos conectar con el amor que somos y, con él, abrazar al yo que está experimentado soledad.

     Progresivamente, en la medida en podamos acogernos de manera amorosa y comprensiva, crecerá en nosotros la consciencia de que no somos el sentimiento doloroso, ni el yo que lo padece, sino la Presencia amorosa capaz de atenderlo y de acogerlo. Y esa Presencia es Plenitud.

     Frente a circunstancias dolorosas para el yo y ante cualquier tipo de crisis, la sabiduría consiste en aprender a vivirlas desde la Plenitud que somos. A tenor de dónde esté situado –en el yo o en la Plenitud–, la lectura que haga de lo que ha ocurrido variará decisivamente.

     Ante aquella circunstancia (caída) que dio origen a todo lo que estoy compartiendo, desde el yo no podía ver otra cosa que dolor, desconcierto, frustración, impotencia e incluso auto-reproche.

      El regalo fue que podía leer todos esos sentimientos como una alerta indicadora de que me hallaba en un “lugar” equivocado. Desde ese lugar (el yo) no cabía otra lectura. Sin embargo, al re-situarme en la Plenitud que somos, caía incluso la necesidad de saber. Solo había aceptación profunda, rendición, “sí” a la Vida en la consciencia de ser uno con ella, confianza y gratitud.

     ¿Quién necesita saber?, ¿quién tiene necesidad de controlar?, ¿quién querría que las cosas fueran diferentes de lo que son?… La respuesta a todo ese tipo de preguntas es siempre la misma: el (inexistente) yo. Acallado el yo –silenciada la mente–, cesan las preguntas; la Plenitud lo ocupa todo. Y no queda otra actitud que aquella que, de manera sublime, describió san Juan de la Cruz: “Quedéme y olvidéme, / el rostro recliné sobre el Amado, / cesó todo y dejéme, / dejando mi cuidado / entre las azucenas olvidado”.

Semana 8 de abril: PARA PRACTICAR MINDFULNESS

7 ACTITUDES MENTALES PARA PODER PRACTICAR MINDFULNESS

 El mindfulness o conciencia plena nos enseña a sentir y disfrutar de cada momento, sin poner ese piloto automático que nos hace realizar nuestras acciones cotidianas sin pensar.

Fuente: https://mejorconsalud.com/7-actitudes-mentales-poder-practicar-mindfulness/

Practicar mindfulness puede parecer algo sencillo, sin embargo puede ser todo un reto para muchas personas.

Y es que no solo es necesaria la capacidad de poder estar quieto y en silencio. También debemos aprender a apartar determinadas actitudes mentales que enturbian nuestro pensamiento.

Tendemos a vivir siempre pensando en muchas cosas al mismo tiempo. En cambio, el mindfulness te enseña a pararte y observar todos y cada uno de los pensamientos que asoman por tu mente.

Hoy descubriremos las 7 actitudes mentales necesarias para poder practicar mindfulness correctamente y así conseguir los resultados buscados.

  1. No existe un “yo”

Tendemos a utilizar los pronombres personales con relativa facilidad “yo soy así”, “esto es mío”. No obstante, en el mindfulness es necesario dejarlos a un lado. Los pronombres personales nos sugieren apego. Sin embargo, en el momento en el que empezamos a concebirnos como algo más grande, que forma parte del mundo, aquella actitud mental se tambalea, y nos entra el miedo y la ansiedad.

  1. Juzgar está prohibido

Si nos detuviésemos un momento a analizar verdaderamente nuestro día a día, nos daríamos cuenta de que juzgamos sin darnos cuenta. Es más, muchas veces justificamos bajo una “opinión” lo que en realidad es un juicio. En el mindfulness no se concibe la crítica ni hacia los demás ni hacia uno mismo. Cuando observamos nuestros pensamientos, tan solo los observamos, pero no los juzgamos. De esta manera, dejamos de posicionarnos entre lo que está bien o mal y empezamos a ver las cosas tal y como son.

  1. La paciencia es primordial

Es imprescindible practicar cada día mindfulness. No obstante, esto no quiere decir que deba hacerse deprisa, corriendo y de malas maneras, pues la paciencia es primordial. Aunque sean 5 minutos al día, tenemos que detenernos de verdad y ser conscientes del momento presente. Esto no lo haremos con el objetivo de “cumplir con ese día más de mindfulness”, sino porque en verdad estamos comprometidos con esta práctica.

  1. La curiosidad abre muchas puertas

Esta es una de las actitudes mentales que tenemos de pequeños, pero que perdemos cuando nos convertimos en adultos. La curiosidad puede abrirnos muchas puertas, sobre todo practicando mindfulness. Dejar a un lado el miedo al evadirse de todo, al no pensar en nada, al observar sin juzgar… Sentir esa sed de curiosidad que nos lleve a ir más allá, a explorar nuestros límites con respecto a esta práctica, será muy enriquecedor.

  1. Confiar en los instintos

¿En qué momento empezamos a dejarnos llevar solo por nuestra mente racional y abandonamos nuestros instintos? El equilibrio entre estos dos elementos es esencial, por eso tenemos que educarnos de nuevo para confiar otra vez en nuestro “sexto sentido.

  • Al principio puede ser complicado, pues conectaremos con nuestras emociones.
  • No obstante, no darles la espalda, mirarlas, comprenderlas e identificar el camino que nos están señalando no hará abrir los ojos ante la realidad que experimentamos.
  1. El abandono de los apegos

En la primera de las actitudes mentales para practicar mindfulness hablábamos sobre la importancia de derrocar al “yo” y al “mío”. No obstante, esto va más allá.

  • Hay que dejar de apegarse a lo material, a las personas, incluso a los pensamientos.
  • Tenemos una necesidad imperante de pertenecer a un grupo, de adquirir riquezas, de saber qué pensamos en realidad.
  • Sin embargo, es importante aprender a fluir, pues todo cambia: las relaciones, las cosas, incluso nuestras formas de pensar, con el tiempo, cambian.
  1. Mostrar gratitud

Dar las gracias no es solo una fórmula para ser dicha, sino para ser sentida. Debemos sentirnos agradecidos por ese agua caliente con la que podemos ducharnos cada mañana, esa deliciosa comida que nos espera en la mesa o ese abrazo que nos ha dado nuestra madre. Sentir verdadera gratitud por poder estar vivo, hacer lo que nos gusta, tenerlo todo… ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar en todo esto?

Para practicar mindfulness es necesario desprendernos del piloto automático y empezar a estar agradecidos por todo en el momento presente. Hasta por aquello que consideramos más nimio.

Semana 1 de abril: IMPOTENCIA / FLUIR

EN TORNO AL “PROBLEMA DEL MAL”

7. Impotencia / Fluir

      El yo busca el “sentimiento de omnipotencia” porque lo necesita, tanto para reafirmarse en su sensación de existencia, como para mantener la creencia de que es él quien controla y dirige lo que sucede. Si a eso le añadimos que, mientras lo siente, mantiene alejada la frustración, podremos comprender el valor que representa.

      Se trata, incluso, de algo que todos hemos vivido y con lo que hemos soñado en nuestra infancia, tal como supo verlo Freud al hablar del “sentimiento infantil de omnipotencia” que, más tarde, se proyectará en la figura del padre y después, tal vez, en alguna otra persona, grupo o incluso en una deidad. El ser humano prefiere mantenerlo de cualquier manera, antes que renunciar a él.

      Sin embargo, antes o después, la vida se encargará de sacarnos del sueño o engaño –esa es la función de los des-engaños, en cualquiera de las dimensiones de nuestra existencia- y habremos de topar con la realidad, es decir, con nuestra impotencia.

     La impotencia conlleva el reconocimiento de los propios límites y carencias y la necesidad de los otros para salir adelante. Así, nos baja del pedestal que nuestra fantasía había construido, nos muestra la falacia de la idea de omnipotencia que nos habíamos forjado y nos invita a soltar las riendas y abandonar el control. Soltamos las riendas porque comprendemos que nunca habían estado conectadas a nada, excepto en nuestro sueño ilusorio; abandonamos el control, porque sabemos que no controlamos absolutamente nada. No hay un yo separado que lleve las riendas, ni que controle, ni que haga algo. No existe tal cosa como un “yo hacedor”.

     Bien leído, el sentimiento de impotencia es capaz de conducirnos a nuestra verdad: no somos el yo separado que se creía poderoso, sino la totalidad que fluye constantemente en las formas y que se manifiesta también en esto que llamamos “yo”.

     Ese reconocimiento nos hace pasar de controlar a fluir. Soltamos la tensión y nos abandonamos a la sabiduría mayor que rige todo el proceso, cuyo desarrollo nuestra mente limitada es incapaz de captar. Al comprenderlo, nos anclamos en la verdad de lo que somos y experimentamos, ahora sí, la libertad.

     La totalidad se manifiesta en la forma de una inmensa corriente que fluye con sabiduría. La persona, antes de la comprensión, es como un remolino que hubiera olvidado que es agua, y se empeñara en controlar las circunstancias para no perder su forma retorcida. La fuerza de los hechos podrá hacerle ver que no es el remolino que pensaba ser, sino la misma agua que ha tomado una forma concreta. Mientras se creía remolino, alardeaba de control y de libertad. Pero era solo un espejismo pasajero. Al reconocerse como agua, recupera la libertad.

    ¿Río o remolino? Los humanos somos paradójicos: participamos de ese “doble nivel”: totalidad y forma limitada, identidad y personalidad, consciencia y yo… ¿Cómo vivirlo con sabiduría? Los filósofos estoicos nos dejaron una clave que me parece profundamente sabia: distinguir lo que depende de nosotros y lo que no depende nosotros. En esto último no tenemos nada que hacer, pero al mismo tiempo, lo que no depende de nosotros no puede dañar lo que somos en lo más profundo, porque afectará únicamente a la forma (persona) que tenemos. Nuestra capacidad de maniobra queda limitada a lo que depende de nosotros. Y eso no es otra cosa que nuestra mente, es decir, el modo como interpretamos todo lo que nos sucede. Lo cual encierra un certero mensaje: lo decisivo –también en las crisis– no es lo que nos ocurre, sino cómo interpretamos lo que nos ocurre. Mientras crea ser un yo separado, será imposible superar la sensación de impotencia y abandonar el control; cuando, por el contrario, comprenda que soy uno con todo, mi existencia se convertirá en un canto a la Vida, en la que me dejaré fluir, consciente de ser uno con ella.