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Semana 16 de julio: LA CIENCIA Y LOS CIENTÍFICOS (Y III)

LA CIENCIA ES SABIDURÍA; LOS CIENTÍFICOS A VECES SON DOGMÁTICOS

III

     El equilibrio, decía, siempre es delicado. Porque el reconocimiento de la apertura ilimitada de lo real no puede servir de pretexto para la irracionalidad ni de soporte para charlatanes que se aprovechan de la credulidad ajena.

      Entre ambos extremos –el dogmatismo científico y la propaganda pseudocientífica e irracional- parece que tendría que moverse la búsqueda desapropiada de la verdad. De hecho, si nos escuchamos con limpieza, tal vez podamos advertir que tanto un extremo como el otro nos chirrían interiormente.

      Es lo que me ocurre al leer artículos como el de Javier Sampedro, titulado Ofensiva contra la ciencia ­–en una versión digital del mismo, se hablaba de “un ataque sin precedentes contra la ciencia” (cómo recuerda a los “ataques contra la religión”, de los que se queja periódicamente la jerarquía eclesiástica-, en el diario El País, del 16 de junio pasado[i].

         Rescato todas sus valiosas aportaciones, así como su espíritu crítico frente a cualquier tipo de charlatanería pseudocientífica, pero me apena comprobar el reduccionismo estrecho en el que se mueve.

         Algo parecido puede decirse sobre la anteriormente citada lista de “terapias pseudocientíficas”, elaborada por la APETP[ii]. También en este caso es de valorar la aproximación crítica a cada una de esas terapias o supuestas terapias. Bienvenido sea todo esfuerzo por someter a crítica cualquier teoría o método que aparezca en el mercado, sobre todo cuando se presentan de manera igualmente “dogmática”. Sin embargo, el error parece estar de nuevo en el dogmatismo de base según el cual no puede ser verdadero sino aquello que previamente –y desde un reductor paradigma cientificista- se ha decidido.

         ¿Acaso no hay nada verdadero y valioso en cada de las terapias mencionadas? ¿Puede descartarse la ancestral sabiduría china o india con el pretexto de que no se acomoda a los estándares occidentales? ¿Quién negaría hoy que los bloqueos emocionales repercuten en la salud o que las experiencias afectivas de la infancia repercuten decisivamente en el futuro de la persona?…

         Sin duda, es preciso estar atentos a todo lo que se nos quiera “vender”, particularmente cuando se presente como remedio mágico o panacea definitiva para resolver nuestros problemas. Pero tal lucidez crítica no tiene nada que ver con el rechazo dogmático, cuando no pueril, de lo que previamente se ha descartado como “no científico”.

         El error de base parece fácil de detectar: debido al proceso cultural de Occidente, se llegó a identificar la “ciencia” con el “materialismo (o positivismo) científico”. Pero, mientras la primera es camino de sabiduría, el segundo no pasa de ser una creencia acientífica que, en no pocos casos, se ha llegado a asumir como verdadera y, por tanto, incuestionable. Con ello, se ha caído en una trampa cargada de ironía: se otorga carácter científico a lo que solo es una creencia acientífica (indemostrable).

         Para terminar, quiero señalar un detalle que me parece significativo y que viene a confirmar el dicho de que “los extremos se tocan”: tanto este perfil de científicos como los obispos –a los que aquellos acusan de “dogmáticos” y enfrentados a la ciencia- muestran su rechazo a las mismas expresiones. Así, en un documento reciente, los obispos vascos exigían a los colegios católicos que “huyan de las nuevas formas de espiritualidad como el yoga, el reiki o el zen”[iii]. También aquí se hace manifiesta, no solo la descalificación gratuita, sino la ignorancia de quienes llaman “nuevas” a tradiciones milenarias.

         ¿De dónde puede nacer esa actitud ultradefensiva en unos y otros? Tal vez –aun hallándose en paradigmas completamente diferentes- todos ellos tienen algo en común: la defensa dogmática de sus creencias o posiciones mentales, que consideran como la “única verdad”. Lo curioso es que, mientras se está en esa actitud, no se la reconoce. Es necesario tomar distancia –a veces por el simple paso del tiempo- para comprobar la cerrazón y los peligros que encierra.

       Y para contribuir al debate en torno a una cuestión concreta -la homeopatía, que tantas diatribas está provocando-, dejo un resumen escrito sobre lo que fue la I Jornada sobre Evidencias Científicas en Homeopatía, celebrada en San Sebastián, el pasado mes de junio: “Homeopatía: la evidencia científica que necesitan los escépticos”, en:

http://www.saludnutricionbienestar.com/homeopatia-evidencia-cientifica-necesitan-escepticos/

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[i] http://elpais.com/elpais/2017/06/16/ciencia/1497616571_649155.html

[ii] http://www.apetp.com/index.php/lista-de-terapias-pseudocientificas/

[iii] http://www.elizagipuzkoa.org/adjuntos/pastoralobispos2017JUNIO.pdf

Semana 16 de julio: OBSERVAR LA MENTE

La mujer que aparece en esta imagen muestra una ligera sonrisa en su rostro. En realidad, simplemente está observando las travesuras de su mente, sin juzgar, sin tratar de detenerlas, sin identificarse; simplemente las observa, como si se tratara del tráfico en una carretera, o de las ondas en la superficie de un pozo. Y las travesuras de la mente resultan, incluso, algo divertidas: saltan arriba y abajo y dan vueltas de mil maneras tratando de captar tu atención y de meterte en el juego. Desarrollar el don de desapegarse de la mente es una de las bendiciones más grandes que hay. Realmente es el meollo de la meditación. No se trata de cantar un mantra o de repetir una afirmación, sino simplemente de observar, como si la mente perteneciera a alguien diferente. Ahora estás listo para tomar esa distancia y observar el espectáculo sin quedarte atrapado en él. Abandónate a la simple libertad de ir “hacia dentro” cada vez que puedas e irás pillando el “tranquillo” a la meditación, cada vez más y mejor.

         Ir hacia dentro no es para nada cambiar de dirección. Ir hacia dentro no es para nada un “ir”. Ir hacia dentro simplemente significa que has estado corriendo detrás de este y aquel deseo, corriendo y corriendo, y una vez tras otra has llegado a la frustración; que cada deseo trae desdicha, que no hay plenitud a través de él, que nunca llegas a ninguna parte, que la satisfacción es imposible. Al ver esta verdad, que correr tras los deseos no te lleva a ninguna parte, te detienes. No se trata de que hagas ningún esfuerzo para detenerte. Si haces algún esfuerzo para detenerte, vuelves otra vez a correr. De una forma sutil aún estás deseando: quizás ahora lo que deseas es no desear.

         Si estás haciendo algún esfuerzo para ir hacia dentro, aún estás yendo fuera. Cualquier esfuerzo solo puede llevarte hacia fuera, al exterior.

         ¿Cómo puedes tener un viaje hacia dentro? Ya estás ahí, no tiene sentido ir. Cuando el ir se detiene, los viajes desaparecen; cuando los deseos ya no ensombrecen tu mente, estás dentro; esto es lo que se llama ir hacia dentro, pero no es un ir en absoluto, es simplemente no salir.

OSHO

Semana 9 de julio: LA CIENCIA Y LOS CIENTÍFICOS (II)

LA CIENCIA ES SABIDURÍA; LOS CIENTÍFICOS A VECES SON DOGMÁTICOS

II

        El dogmatismo –como la intolerancia- es una actitud que acecha constantemente a los humanos, hambrientos de seguridad. A falta de aquella seguridad que nace de la comprensión de lo que somos, es prácticamente inevitable que se proyecte a las propias “creencias” o ideas, a las que se identifica con “la verdad”.

        Tal fenómeno ha sido una constante en las religiones instituidas que, creyéndose en posesión de la verdad, descalificaban a todo disidente. Así nacieron, por ejemplo, en la Iglesia, el “Índice de libros prohibidos” o las listas de herejes cuyas opiniones eran condenadas en su integridad.

     Sin embargo, ese “tic” no es exclusivo de las religiones. Aparece en científicos fundamentalistas que hacen de la ciencia una pseudo-religión para, desde ahí, dedicarse a condenar, sin matices, todo aquello que no se corresponde con sus propios presupuestos.

        Es lo que puede apreciarse en la lista elaborada por la “Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas” (APETP), en la que se enumeran más de setenta y cinco –así etiquetadas- “terapias pseudocientíficas”, y que según ellos van de la acupuntura a la sonoterapia, incluyendo igualmente al ayurveda o el psicoanálisis, la osteopatía y la psicología transpersonal[i].

        Me parece que la salida de la trampa únicamente podrá venir de la mano de una formulación más completa y adecuada, que podría expresarse de este modo: “Todo lo demostrable científicamente es verdadero, pero no todo lo que es verdadero es demostrable científicamente”. O por decirlo de otro modo: aparte de lo “irracional” y lo “racional” –disyuntiva en la que estos científicos se mueven sin cuestionarla-, existe otra dimensión “trans-racional”.

      La misma formulación nos hace ver su frágil equilibrio: ¿cómo distinguir lo uno de lo otro? ¿Cómo saber si nos encontramos ante algo verdadero cuando no es científicamente demostrable? ¿Cómo evitar confundir lo que es “irracional” –erróneo y peligroso- con lo que es genuinamente “trans-racional” y, por ello, verdadero?

       Aceptar ese interrogante abierto requiere humildad, amor a la verdad y búsqueda honesta de la sabiduría. Es más cómodo desechar cualquier cosa que cuestione los supuestos previos…, pero más dogmático y, a la postre, caduco.

      Es lo que ocurre con algunos científicos que, aun sin reconocerlo, se ven desbordados por los nuevos avances científicos, que están dejando obsoletas afirmaciones anteriormente consideradas inmutables. Una vez más, es la misma ciencia la que nos vuelve a la humildad, cuando nos hace ver que apenas si conocemos un 4% de la realidad que sabemos que existe, o cuando nos muestra que las leyes por las que se regía la física clásica saltan por los aires desde la perspectiva de la mecánica cuántica. Si sabemos que, en última instancia, la realidad es energía e información –que el origen de la materia es inmaterial-, ¿cómo se puede seguir manteniendo sin rubor que solo es verdadero lo que hoy es científicamente demostrable?

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[i] http://www.apetp.com/index.php/lista-de-terapias-pseudocientificas/

Semana 9 de julio: EL YO Y LA TOTALIDAD

“Un ser humano es parte de un todo llamado por nosotros «universo», una parte limitada en el tiempo y el espacio. Él se experimenta a sí mismo, y a sus pensamientos como algo que lo separa del resto, pero esta es una especie de ilusión óptica de la conciencia.

Esta ilusión es como una prisión para nosotros, que limita nuestros deseos personales y nuestro afecto a unas pocas personas cercanas a nosotros. Nuestra verdadera tarea debe ser liberarnos de esta cárcel, ampliando nuestro circulo de compasión y nuestra custodia a todos los seres y a toda la naturaleza”.

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“El autentico valor de un ser humano depende, en un principio, de en qué medida y en qué sentido haya logrado liberarse del yo”.

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“La más hermosa experiencia que podemos tener es la del misterio. Quien no la conoce ni puede ya admirarse, es como si estuviera muerto”.

(Albert Einstein, Mis ideas y opiniones, Antoni Bosch editor, Barcelona 2011, p.23).