Todas las entradas de: Enrique Martínez Lozano

BILBAO: Encuentro de fin de semana

NUESTRAS RELACIONES: 
ESPEJO DE LO QUE SOMOS Y OPORTUNIDAD DE CRECIMIENTO

Claves de comprensión y prácticas meditativas

  1. El narcisismo, fuente de dificultades relacionales
  2. El complejo campo de las relaciones humanas
  3. Las relaciones, “juego de espejos” y escuela de aprendizaje permanente.

Lugar: Casa de Espiritualidad “Ntra. Sra. de Begoña”, BILBAO

Fechas: 7-8 de abril.

Inscripciones: Íñigoenekovelasco@hotmail.com

Semana 21 de enero: NARCISISMO, CONTRASTE Y REACTIVIDAD

El yo –y quien se halla identificado con él–, al percibirse como separado, necesita del contraste y de la reactividad para afirmarse. El contraste, la comparación, el afán competitivo y la reactividad forman parte de sus señas de identidad.

      Al carecer de sustancia –el yo no es sino un pensamiento, mero producto de la mente, sin consistencia propia–, necesita autoafirmarse constantemente, generar una “sensación” de existencia, para lo cual es imprescindible el  contraste: siente que existe porque se compara –contrasta– con otro.

          Es justamente esa necesidad egoica la que lleva a la creación de enemigos. “Tener un enemigo –escribía con acierto Umberto Eco– es importante, no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo”. Porque, como afirma Ignacio Morgado, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona, “la hostilidad hacia un grupo diferente incrementa la solidaridad y cohesión en el propio grupo”.

          El psiquiatra Enrique Baca va todavía más allá al explicar que “la construcción del enemigo consiste en un proceso de despojamiento del otro –potencial objetivo de la agresión– de toda característica humana. Eso supone la eliminación de cualquier rasgo personal que lo haga aparecer como otro-yo, que pueda despertar rasgos de piedad, solidaridad o identificación”. En otras palabras, el enemigo construido debe ser algo a eliminar.

    De la misma manera, es la necesidad de autoafirmación la que establece la dinámica reactiva. El yo es incapaz de responder a las circunstancias desde la desapropiación, porque en ese movimiento quedaría diluido; lo único que le resulta posible es reaccionar: es su propia inconsistencia la que lo lleva a buscar sostenerse reaccionando contra la realidad, sean personas o circunstancias. Y cuanto más fuerte la reacción, más siente que existe. (Esto explicaría también que la personalidad más insegura y la más narcisista sea la más reactiva, la que tenga reacciones más exageradas).

          Esta constatación básica acerca de la naturaleza de la mente y del nacimiento del yo permite comprender no pocos mecanismos que caracterizan el comportamiento humano y el funcionamiento de colectivos de todo tipo.

          La identificación con el yo lleva de la mano, entre otras, las siguientes actitudes: narcisismo, egocentrismo, apropiación y absolutización de lo propio, descalificación del otro –que llega hasta la xenofobia–, victimismo…, todo lo cual queda sintetizado en una expresión que, reconocida o no, se cuela siempre como trasfondo en personas y grupos que permanecen anclados en la identificación con el yo: “Quien no está conmigo, está contra mí”. Expresión que define con precisión el modo de funcionar del ego y que no es difícil encontrar en grupos religiosos y políticos de todo tipo.

        Desde ahí, es inevitable que se hagan lecturas erradas de la realidad. Porque, como escribiera Erich Fromm, “en la orientación narcisista se experimenta como real solo lo que existe en nuestro interior”. Lo exterior se evalúa únicamente desde el punto de vista de su utilidad o peligro para uno mismo. Para el perfil narcisista, lo importante es siempre lo propio, por lo que se descalifica sin contemplaciones a quien no lo reconozca o simplemente discrepe.

          Encontramos aquí un criterio (o síntoma, según se mire) capaz de cuestionarnos dónde nos encontramos: a mayor ignorancia acerca de quienes somos, mayor necesidad de crearnos enemigos o de descalificar a otros, para de ese modo –a través del contraste o contraposición– sostener el yo y su sensación de existir; por el contrario, a mayor comprensión, más libertad interior, más ecuanimidad y más compasión: hemos comprendido que “el que no está conmigo” forma también parte de “mí” (de lo que somos realmente, más allá del personaje que pensamos ser).

Semana 14 de enero: ESTADO MENTAL Y SEPARATIVIDAD

“Hay una sola Realidad. Pero no la vivimos directamente, sino a través de la mente, y la mente la fracciona: cuando la ve dentro, la llama «yo»; cuando la ve fuera, la llama «mundo»; cuando la ve arriba, la llama «Dios»” (Antonio Blay).

         Las actitudes y conductas humanas son deudoras del nivel de comprensión en el que cada persona se encuentra. Aunque sea un tanto simplista, en cierto modo podríamos hablar de dos niveles o estados de consciencia: el “estado mental” y el “estado de presencia”. El primero está regido por la identificación con el yo o ego, que implica reducción a la mente y absolutización de su modo de ver. El segundo, por el contrario, requiere, de entrada, una toma de distancia de la mente, que se traduce en una –mayor o menor– desidentificación del yo. Pues bien, según predomine en una persona uno u otro de esos estados, sus actitudes y conductas vendrán coloreadas por el ego más o menos narcisista –ego es sinónimo de narcisismo– o bien por una consciencia ampliada, caracterizada por la desapropiación.

          La identificación con la mente –que nos sitúa automáticamente en el llamado “estado mental”, del que provenimos como especie– conlleva consecuencias que marcarán de manera crucial nuestro modo de situarnos en todos los ámbitos de la existencia.

     Características básicas de la mente son la separatividad, el contraste y la reactividad. Pensar equivale a delimitar, es decir, a separar, a partir de aquella primera separación (sujeto/objeto) que hace posible el pensamiento. Lo que ocurre después es bien conocido: su propia naturaleza separadora lleva a la mente a creer que la realidad es una suma de objetos separados…, y a actuar en consecuencia.

          Esta errónea creencia de base condicionará todo lo demás. Olvidamos que lo real es radicalmente uno y que es solo la mente la que nos induce a una percepción equivocada. E ignoramos igualmente que, aun siendo diferentes, somos lo mismo que todo lo que es.

      Asumida aquella creencia, nos equivocaremos también a la hora de comprendernos a nosotros mismos, hasta el punto de confundir nuestra identidad –una con todo lo que es– con nuestra personalidad, la “forma” (personaje) que nuestra mente delimita. Ha nacido el “yo” como entidad separada y hemos puesto en él nuestra identidad. De esta manera, desconectamos de lo que somos y nos tomamos por lo que no somos. A partir de ahí, juzgamos como ilusión lo real, y lo real como ilusorio. Y ese es realmente nuestro “pecado original”, en cuanto constituye el origen de nuestra confusión, extravío y sufrimiento.

Semana 14 de enero: CEREBRO Y BONDAD

“La base de un cerebro sano es la bondad”.

Entrevista de Ima Sanchís a Richard Davidson, doctor en Neuropsicología, investigador en neurociencia afectiva, en La Contra,  de La Vanguardia, 27 de marzo de 2017.

Nací en Nueva York y vivo en Madison (Wisconsin), donde soy profesor de Psicología y Psiquiatría en la universidad. La política debe basarse en lo que nos une, solo así podremos reducir el sufrimiento en el mundo. Creo en la amabilidad, en la ternura y en la bondad, pero debemos entrenarnos en ello.

Ciencia y amabilidad

Su investigación se centra en las bases neuronales de la emoción y los métodos para promover desde la ciencia el florecimiento humano, incluyendo la meditación y las prácticas contemplativas. Fundó y preside el Centro de Investigación de Mentes Saludables en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde se llevan a cabo investigaciones interdisciplinarias con rigurosidad científica sobre las cualidades positivas de la mente, como la amabilidad y la compasión. Ha cosechado importantes premios y está considerado una de las cien personas más influyentes del mundo según la revista Time. Tiene multitud de investigaciones y varios libros publicados. Ha ofrecido un seminario para Estudios Contemplativos en Barcelona.

Yo investigaba los mecanismos cerebrales implicados en la depresión y en la ansiedad.

…Y acabó fundando el Centro de Investigación de Mentes Saludables.

Cuando estaba en mi segundo año en Harvard se cruzó en mi camino la meditación y me fui a la India a investigar cómo entrenar mi mente. Obviamente mis profesores me dijeron que estaba loco, pero aquel viaje marcó mi futuro.

…Así empiezan las grandes historias.

Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Y cuando desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan solo dos horas.

¡En dos horas!

Hoy podemos medirlo con precisión. Llevamos a meditadores al laboratorio; y antes y después de meditar les tomamos una muestra de sangre para analizar la expresión de los genes.

¿Y la expresión de los genes cambia?

Sí, y vemos como en las zonas en las que había inflamación o tendencia a ella, esta des­ciende abruptamente. Fueron descubrimientos muy útiles para tratar la depresión. Pero en 1992 ­conocí al Dalai Lama y mi vida cambió.

Un hombre muy nutridor.

“Admiro vuestro trabajo, me dijo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la ansiedad y la depresión; ¿no te has planteado enfocar tus estudios neurocientíficos en la amabilidad, la ternura y la compasión?”.

Un enfoque sutil y radicalmente distinto.

Le hice la promesa al Dalai Lama de que haría todo lo posible para que la amabilidad, la ternura y la compasión estuvieran en el centro de la investigación. Palabras jamás nombradas en ningún estudio científico.

¿Qué ha descubierto?

Que hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento.

¿Y qué tiene que ver eso con el cerebro?

Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes.

¿Y la ternura?

Forma parte del circuito de la compasión. Una de las cosas más importantes que he descubierto sobre la amabilidad y la ternura es que se pueden entrenar a cualquier edad. Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud.

¿Y cómo se entrena?

Les hacemos llevar a su mente a una persona próxima a la que aman, revivir una época en la que esta sufrió y cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego ampliamos el foco a personas que no les importan y finalmente a aquellas que les irritan. Estos ejercicios reducen sustancialmente el bullying en las escuelas.

De meditar a actuar hay un trecho.

Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento.

Ahora quiere implementar en el mundo el programa Healthy minds (mentes sanas).

Fue otro de los retos que me lanzó el Dalai Lama, y hemos diseñado una plataforma mundial para diseminarlo. El programa tiene cuatro pilares: la atención; el cuidado y la conexión con los otros; la apreciación de ser una persona saludable (encerrarse en los propios sentimientos y pensamientos es causa de depresión)…

…Hay que estar abierto y expuesto.

Sí. Y por último tener un propósito en la vida, algo que está intrínsecamente relacionado con el bienestar. He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico, algo que no se había hecho nunca.

¿Cómo se puede aplicar a nivel global?

A través de distintos sectores: educación, sanidad, gobiernos, empresas internacionales…

¿A través de los que han potenciado este mundo oprimido en el que vivimos?

Tiene razón, por eso soy miembro del consejo del Foro Económico Mundial de Davos, para convencer a los líderes de que hay que hacer accesible lo que sabe la ciencia sobre el bienestar.

¿Y cómo les convence?

Mediante pruebas científicas. Les expongo, por ejemplo, una investigación que hemos realizado en distintas culturas: si interactúas con un bebé de seis meses a través de dos marionetas, una que se comporta de forma egoísta y otra amable y generosa, el 99% de los niños prefieren el muñeco cooperativo.

Cooperación y amabilidad son innatas.

Sí, pero frágiles, si no se cultivan se pierden, por eso yo, que viajo muchísimo (una fuente de estrés), aprovecho los aeropuertos para enviar mentalmente a la gente con la que me cruzo buenos deseos, y eso cambia la calidad de la experiencia. El cerebro del otro lo percibe.

Apenas un segundo para seguir en lo suyo.

La vida son solo secuencias de momentos. Si encadenas esas secuencias, la vida cambia.

El mindfulness es hoy un negocio.

Cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo. Son circuitos cerebrales distintos. A mí no me interesa la meditación en sí misma sino cómo acceder a los circuitos neuronales para cambiar tu día a día, y sabemos cómo hacerlo.