Todas las entradas de: Enrique Martínez Lozano

Semana 23 de septiembre: NO-DUALIDAD Y SABIDURÍA PERENNE

NO-DUALIDAD: ¿UNA MODA?

Segunda Clave: No-dualidad y sabiduría perenne.

La no-dualidad pertenece al núcleo de la sabiduría de la humanidad, en sus distintas tradiciones y expresiones. Es, por tanto, lo más opuesto a una moda pasajera. Los sabios –algunos de los cuales se hallan en el inicio de las diferentes tradiciones religiosas– han comprendido la naturaleza no-dual de lo Real.

        Las diferencias entre ellos provienen de las distintas representaciones mentales en las que se movían. La vivencia y la comprensión puede ser idéntica y, sin embargo, variar la interpretación que cada persona hace de la misma. Porque toda interpretación o lectura es ya un fenómeno mental que echa mano de los esquemas –sociales, culturales, educacionales…– o “mapas” con los que cada mente se maneja.

       Ahora bien, siendo cierto que la comprensión no-dual ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad, no lo es menos que, en la actualidad, pareciera que tal comprensión se está “expandiendo”, es decir, alcanza cada vez a más personas y colectivos. Y es esto precisamente lo que permite hablar de una “revolución” de la no-dualidad.

       Ante este fenómeno, habrá quien hable de “moda” y hay incluso quien directamente la descalifica, negando valor a estas nuevas –y cada vez más extendidas y frecuentes– expresiones, tachándolas de “superficiales” y negándoles el valor que atribuye a la de aquellos que considera sabios o místicos “oficiales”. No entiendo el motivo, a no ser que se trate únicamente de un pre-juicio, por el que alguien afirma la validez de la experiencia vivida por “Santa Teresa, Ibn Arabi, Hakuin, San Juan de la Cruz (místicos auténticos)” mientras descalifica a “conocidos neoadvaitas (Tony Parsons, Jeff Foster, Eckhart Tolle, David Carse o Yolande Duran)”, con el pretexto de que es una “corriente declarada como pseudoespiritual por los advaitas tradicionales”. El mismo crítico llega a escribir que “si esta moda se impone es de esperar que va a ser muy difícil distinguir la verdadera no dualidad o mística de lo que son «pseudonodualidades»”.

    Me resulta llamativa la propensión a conceder “certificados de calidad”, según los cuales se validan determinadas experiencias, mientras se descalifican otras, a tenor de los propios pre-juicios. Más aún cuando eso se repite al otorgar credenciales de “persona comprometida” a quien responde a un determinado cliché sobre lo que tendría que ser el “compromiso”.

       Y ya que ha surgido la cuestión del compromiso, me parece relevante señalar que es bueno cuestionar el compromiso que no nace del amor y de la desapropiación del yo. En el modo como a veces se plantea, creo percibir lo que podría designarse como un cierto moralismo mesiánico de corte judeocristiano, con todo lo que tiene de exigencia, autoafirmación egoica (o fariseísmo) y culpabilización (hacia quienes no lo viven de ese modo). No es casual que sea precisamente en esos ámbitos donde se hable de una “espiritualidad política”. El compromiso se plantea ahí, fundamentalmente, como una “exigencia” –por más que luego se le añada el calificativo de “ética” o “moral”–, como algo que “tengo que” o “debemos” hacer, en un planteamiento típicamente mental o egoico, que suele esconder no pocos equívocos peligrosos.

     Me parece sensato, al menos, sospechar de los posicionamientos de quienes creen que es el yo quien construye y dirige la historia. Creo que late ahí un disimulado narcisismo y un innegable antropocentrismo, peligroso precisamente por ser falso.

      Considero importante mantener el espíritu crítico para prevenir la credulidad o incluso la irracionalidad. Pero no me parece ajustado que, a la hora de ejercitarlo, se recurra a “argumentos de autoridad” o a criterios basados en las propias preferencias. Y eso ocurre cuando se confunde la no-dualidad con la propia idea acerca de ella.

Semana 16 de septiembre: DE PARADOJAS Y MALENTENDIDOS

NO-DUALIDAD: ¿UNA MODA?

Primera Clave: La Realidad es no-dual (2).

De paradojas y malentendidos

  Los malentendidos –si bien sostenidos, inconscientemente, por la necesidad de defender el propio posicionamiento– surgen cuando se leen desde el estado mental afirmaciones nacidas del estado de presencia. Se olvida entonces –porque no se ha experimentado– que comprender no es justificar, aceptar no es resignarse y no-decidir no es indolencia ni inacción.

         Más allá de las trampas de las que nadie estamos a salvo, el sabio comprende todo pero no todo le da igual; acepta y vive alineado con lo real, pero no resignado, sino siempre creativo desde aquella aceptación de base; sabe que “no decide” y vive una docilidad exquisita a lo que la Vida (“Dios”) quiere en todo momento, gracias a la desapropiación de su propio yo. Y se realiza entonces la sabiduría que proclama el Tao Te King: “Nadie hace nada y, sin embargo, nada queda sin hacer”, que explicita el sabio Chuang Tzú: “Es el Tao quien actúa en los diez mil seres”, y que aparece también bellamente formulada en un aforismo zen: “En todo lo que hagas, no hagas nada”. Si eres “tú” el que (cree que) lo hace, la acción nacerá contaminada por la apropiación y, lo que es más grave, por la ignorancia que sostiene la creencia errónea de que hay un “yo” hacedor.

              Y es aquella misma sabiduría la que trasluce en las palabras de Jesús de Nazaret: “Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha”. Palabras que no inducen a ningún tipo de falsa humildad –que suele esconder un orgullo soterrado–, sino que invitan a la comprensión de que “tú” no has hecho nada, que no hay “nadie” que haga nada; todo, sencillamente, se hace y, cuando no caemos en la trampa primera de identificarnos con el ego, fluye a través de nosotros.

         El sabio se comprende como cauce desapropiado y humilde que no presume de “sus” logros ni de “su” compromiso. Pero esto únicamente es posible cuando se vive, no desde el estado mental (o del ego), sino desde la Presencia consciente que somos.

          Todo lo profundo lleva el sello de la paradoja, y el ser humano también. Ello significa que nos movemos constantemente en “dos niveles” –el de la “personalidad” y el de la “identidad”–, por lo que es inevitable recurrir a un lenguaje paradójico. Leídas desde la mente, esas expresiones podrían descalificarse como “contradictorias”; sin embargo, la contradicción es solo aparente. En lo más hondo ocurre que, como dijera el físico Niels Bohr, “lo contrario de una verdad profunda es otra verdad profunda”.   

         Lo real es de tal complejidad que expresiones en apariencia contradictorias son ambas verdaderas. Solo la estrechez de la mente las ve como irreductiblemente opuestas. Los sabios se han expresado con frecuencia de ese modo. Por ejemplo, el mismo Jesús que dijo: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división” (Lc 12,51), es el que aseguraba: “La paz os dejo, mi paz os doy (Jn 14,27). Si tomamos distancia de la mente lineal y acertamos a comprender desde dónde está dicha cada una de esas afirmaciones, advertiremos la verdad de ambas; la contradicción es solo aparente.  

Semana 16 de septiembre: ARCILLA (J.L. Borges)

Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin, y esto tiene que ser más fuerte en el caso del artista.

          Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo.

          Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia.

          Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos, de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiran a serlo.

Jorge Luis BORGES.