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Semana 17 de junio: LO DECISIVO ES EL “DESDE DÓNDE”

EN TORNO AL “PROBLEMA DEL MAL”

18. Lo decisivo es el “desde dónde”

Ante lo que llamamos “mal”, la mente se queda sin respuesta. Ni lo sabe explicar ni sabe qué hacer ante él. Se ve incluso incapaz de aceptarlo. Por lo que, ante ello, solo le quedan dos salidas: hundirse en la desesperanza o instalarse en la resistencia que vive rebelada contra el “mal”.

          La lucha contra el mal –aun vivida desde una actitud noble y compasiva– suele esconder motivaciones no tan limpias: desde la incapacidad de aceptar la realidad como es hasta la necesidad de paliar inconscientes sentimientos de culpabilidad, desde el afán de autoafirmación en un compromiso “noble” hasta la búsqueda de reconocimiento por parte de los demás.

          Cuando tomamos distancia de la mente (del yo), todo se modifica. La comprensión no nos dirá qué tenemos que hacer, pero nos situará en la actitud y el “lugar” adecuado para que la acción que brote en cada momento sea también la ajustada.

          Gracias a ella nos hacemos conscientes de que lo realmente decisivo es el desde dónde: desde dónde acojo el “mal” y desde dónde brota mi acción frente a él. Si estoy identificado con el yo, lo más probable es que, tanto mi percepción como mi acción (o mejor, reacción) no consigan otra cosa que incrementar el sufrimiento y, en último término, la locura del mundo.

        Únicamente la comprensión de quién soy hará posible que me viva desde la Sabiduría que –aunque mi mente no lo entienda– rige todo el proceso. Es esa misma sabiduría la que nos muestra que somos Vida, Plenitud y Totalidad.

          Eso significa, en primer lugar, que el “mal” nunca puede afectarnos decisivamente en lo que somos. Sentiremos dolor, miedo, tristeza, angustia…, porque somos seres sintientes y dotados de una rica sensibilidad. Pero, aun en medio de toda esa vorágine de sentimientos que parecen desbordarnos, lo que somos –Lo que es– se halla siempre a salvo.

          Tal comprensión me capacita para acoger mi propio dolor desde la aceptación limpia, como oportunidad de aprendizaje, en una actitud equilibrada entre la resistencia estéril y la resignación paralizadora.

        La misma comprensión me hace ver que todo sin excepción es la Totalidad misma desplegándose. Por lo que no caigo en la trampa de imaginar una Totalidad “al margen” o “más allá” de lo que en este mismo momento se está produciendo. Yo mismo soy –con todos los seres– esa misma Totalidad, también en este momento en que siento dolor, soledad, vacío… Todo, sin excepción, es la Totalidad una expresándose o manifestándose bajo todo tipo de “disfraces”. Carece de sentido querer encontrarme con la Totalidad después de que supere este sentimiento doloroso o aquella situación de injusticia: todo ello es ya, en este mismo instante, la Totalidad.

         Lo que de ahí se deriva es una aceptación profunda, que no nace de algún tipo de voluntarismo, sino del hecho mismo de comprender que somos esa misma Totalidad. La aceptación es, sencillamente, alineación con lo Real, tal como han expresado los sabios en algunos textos que reproducía en una entrega anterior: “La esencia de la sabiduría –afirmaba Nisargadatta– es la total aceptación del momento presente”. “¿Cómo deberíamos vivir?” –se preguntaba la beguina Matilde de Magdeburgo–. Y ella misma respondía: “Vive dándole la bienvenida a todo”. San Juan de la Cruz apunta a esa misma clave: “Me parece que el secreto de la vida consiste simplemente en aceptarla tal cual es”. Y el propio Nietzsche, desde un marco ideológico aparentemente bien distante, expresa así en anhelo de su corazón: “«Amor fati»: ¡que ese sea en adelante mi amor!… Y, en definitiva, y en grande, ¡quiero ser, un día, uno que solo dice sí”. El sabio adopta la actitud que Ortega y Gasset expresara con estas palabras: “A ser juez de las cosas, voy prefiriendo ser su amante”.  Y vive la rendición lúcida que pregonaba Marco Aurelio: “Todo se me acomoda, oh Cosmos, lo que a ti se te acomoda”. La sabiduría es, por decirlo brevemente, amar lo que es.

      La acción brotará también de esa misma comprensión, que me hace ver que todo otro soy yo. No será un yo que hace algo por los demás, sino la Totalidad que, en mí, se ofrece amorosa y servicial, comprometida y solidaria, a los demás. No sé lo que tendré que hacer, pero sé que se hará, a través de mí, en cada momento lo adecuado.

Semana 17 de junio: SOBRE EL ABANDONO

Deja de intentar cambiar al mundo. Ama al mundo. Eso lo cambia todo”.

No puedes saltar hacia el siguiente momento. Ya estás Aquí (Jeff Foster).

Puedes sentirte abandonado, sí. 
Te puedes sentir solo, alejado del amor, de la vida y la calidez.

Otros pueden detonar sentimientos poderosos en ti, sí.

Pero haz a un lado la palabra, el concepto, la historia, 
y regresa a la realidad del cuerpo vivo.

¿Cómo se siente ese abandono? 
¿Cómo sabes que te han abandonado?

Pon atención a las sensaciones que surgen ahora en tu vientre, pecho, garganta.

Siente el aleteo, el pulso, la punzada de cada sensación. 
Deja que crezcan en intensidad, o que se tranquilicen y se muevan. 
Imprégnalas de curiosa, amorosa atención. 
Ofréceles un espacio; ábrete suavemente a ellas.

Tienes que respirar en ti mismo ahora, amigo,
porque no hay nadie aquí que pueda respirar por ti, 
y no podrían hacerlo, de todos modos.

El sueño del amor ha muerto;
estás despertando a la realidad del amor.

El amor no viene de fuera. Nunca lo hace. 
Siempre estuvo dentro de ti. Ese fue tu poder.

Ese fue siempre tu trabajo, amarte a ti mismo, 
no mendigar amor, o buscarlo externamente, 
o esperarlo, o tratar de aferrarte a él,
sino empaparte con él, momento a momento precioso.

No te abandones a ti mismo cuando te sientas abandonado, 
porque hay un dolor que es peor que el abandono mismo:
abandonarte a ti mismo, huir de la presencia.

La culpa no funciona aquí. 
Enfócate en ‘quien te ha abandonado’, y te vuelves impotente.

Rompe el ciclo del abandono, entonces. 
Enfócate en ‘el abandonado’, este precioso niño que llevas dentro. 
Invita a que tu amorosa atención vaya a lo profundo de tu vientre, corazón, cabeza. 
Respira en el propio suelo. Siente tu propia vitalidad.

Tú no has sido abandonado.

La vida está aquí. Tú estás aquí. 
Y desde aquí, una nueva vida crece.

Y mientras aprendes a no abandonarte a ti mismo, 
con el tiempo, atraerás a otros 
que tampoco se abandonan a sí mismos; 
otros que no te abandonarán.

Porque ahora tú no puedes ser abandonado:
Te niegas a abandonarte a ti mismo.
El abandono es una vieja palabra para ti ahora. 
Demasiado dramática para tu cuerpo.

Nadie puede abandonarte:
ellos sólo pueden irse 
a otro lugar, 
con su dolor.

El abandono es la historia de un amor perdido, 
una vieja historia, porque el amor no puede perderse, 
sólo puede ser descubierto de nuevo en lo profundo de nosotros.

Eres lo suficientemente valiente para estar presente ahora. 
Has roto la adicción de toda una vida: 
Has descubierto la profunda alegría 
de estar solo.

Jeff FOSTER.

MADRID: Encuentro de fin de semana

CRISIS Y NO-DUALIDAD.
VIVIR LAS CRISIS DESDE EL ESTADO DE PRESENCIA

 “La vida es lo que queda del naufragio de nuestros planes”
(Guillermo del Toro, en la película “La forma del agua”).

 Frustraciones, atención y no-dualidad.

  1. La atención y la vivencia de no-dualidad
  2. Del estado mental al estado de presencia
  3. Vivir las crisis desde el estado de presencia

FECHA:

Sábado 8 septiembre: de 10-14 h, y de 16.30-20h (apertura y acogida a las 9).

Domingo 9 septiembre: de 10 a 14.

LUGAR: 

IES “Cardenal Cisneros”, MADRID . Entrada por Calle de los Reyes esquina con calle Amaniel (por Plaza de España).

EN RÉGIMEN DE EXTERNADO

INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES

ORGANIZADO POR:  www.silenciartemeditar.com

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CONVERTIRSE EN LAGO

Un anciano maestro hindú, cansado de las quejas de su discípulo, le mandó una mañana a por sal. Cuando hubo regresado, le ordenó echar un puñado en un vaso de agua y que se lo bebiera todo. Entonces le preguntó qué tal sabía.

— ¡Muy fuerte! —, respondió el joven.

El maestro sonrió y, acto seguido, le dijo que echase la misma cantidad de sal en el lago. Los dos caminaron en silencio hasta allí y el joven tiró la sal en el agua. El anciano le ordenó que bebiera del lago. Y después de un largo trago, le preguntó qué tal sabia.

— Mucho más rica y refrescante.

— ¿No notas la sal? —, le preguntó el maestro.

— No —, respondió el discípulo.

El anciano se sentó entonces junto al joven y con mucha ternura le explicó:

— El dolor de esta vida es sal pura. La cantidad de dolor es la misma, pero la amargura depende del recipiente donde lo metemos. Así, cuando experimentes dolor, lo único que tienes que hacer es ampliar la comprensión de las cosas. Puedes dejar de ser un vaso para convertirte en un lago.

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