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LOGROÑO: Encuentro de fin de semana

Logroño, 6-7 de abril

DE LA ANSIEDAD A LA PRESENCIA

Hemos olvidado cómo aparecería el mundo a los ojos de una persona que no hubiera conocido el miedo” (M. Heidegger).

Eres Plenitud de Presencia. ¿Desde dónde te vives?

    1. Ansiedad: hambre y miedo; prisa, estrés y rumiación; carencia y adicciones
    2. La ansiedad, como síntoma de nuestro tiempo
    3. Ansiedad y vacío afectivo
    4. Ansiedad e ignorancia
    5. Superar o gestionar la ansiedad (1): Un trabajo psicológico para afrontar el vacío afectivo
    6. Superar o gestionar la ansiedad (2): Un trabajo espiritual para favorecer la comprensión y vivir en estado de presencia.

Conclusión: vivir desde la carencia o desde la plenitud.

Prácticas meditativas.

MÁS INFORMACIÓN

MADRID: SilenciartEmeditaR, lugar de meditación y encuentros

Queridos amigos y amigas:

Centro SilenciartEmeditaR:
Se acaba de abrir en Madrid un centro que propicia el encuentro, la meditación y el crecimiento personal. Se llama “SilenciartEmeditaR”.

Dirección: C/ Princesa 30, 1º iz.
Web: http://www.silenciartemeditar.com/

Ofrece, además de retiros y encuentros, posibilidad de meditar en grupo:

MARTES: meditación en movimiento a través de la danza contemplativa y mindfulness. De 19.30 a 20.30 en Calle Princesa 30, 1º izda. Yoly 606 73 63 51 Aportación Voluntaria.

MIÉRCOLES: meditación en quietud. De 19:30 a 20:30 en Calle Princesa 30, 1º izda. Yoly 606736351 Aportación Voluntaria.

TALLER: Para los días 23 y 24 de febrero ofrecen un taller con Fidel Delgado, bajo el título de “Egolosinas y la Sabiduría”. Clic aquí para toda la información.

FELICIDAD Y POBREZA

Domingo VI del Tiempo Ordinario

17 febrero 2019

Lc  6, 17.20-26

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón…

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas”.

FELICIDAD Y POBREZA

          En Lucas, las llamadas “bienaventuranzas” las proclama Jesús en el “llano” –en Mateo, por motivos teológicos, será en la “montaña”–, se reducen a cuatro –en Mateo serán ocho–, se centran en situaciones que están viviendo los discípulos –en Mateo se hablará de actitudes– y van acompañadas de las mal llamadas “malaventuranzas”.

          A los discípulos, que son pobres, pasan hambre, lloran y son perseguidos se les llama “bienaventurados” (dichosos) porque esa situación va a cambiar. Por el contrario, se advierte seriamente a quienes ahora gozan de riqueza, de dicha y de aplauso social, equiparándolos a los “falsos profetas”.

          Empecemos por el final. En la tradición bíblica, los “falsos profetas” buscan su propio beneficio. Eso les lleva a pronunciar una palabra que no busca la verdad, sino contentar a quienes los escuchan, sean el rey o el pueblo, para obtener reconocimiento y prebendas de todo tipo. Se comprende que, para quienes son perseguidos por ser fieles, la figura del “falso profeta” aparezca particularmente detestable.

          El mensaje de las Bienaventuranzas es parcial: muestra a un Dios que toma partido a favor de los pobres y los que sufren. Otra cosa es que, en la vida cotidiana, esto no parezca producirse. Tal vez ese haya sido el motivo por el que se ha proyectado la dicha o felicidad al “más allá” de la muerte. En realidad, plantear la dicha en clave de “recompensa” conduce a un callejón que no tiene salida. Si hubiera que leerla literalmente, el lector se preguntaría por qué Dios no actúa inmediatamente y realiza lo que la bienaventuranza promete.

          La lectura adecuada parece ser otra y se desdobla en dos direcciones: por un lado, “pone en valor” la dignidad y la primacía del pobre; por otro, como luego vería Mateo, advierte que es imposible la felicidad mientras no adoptemos la pobreza –desapropiación, desidentificación del yo– como actitud básica en la que sustentar nuestra existencia.

         El pobre es no-separado de mí. Solo la comprensión vivencial de este hecho, que implica una radical transformación de la consciencia, hará eficaz el compromiso a favor de la justicia, de la igualdad y del reconocimiento de todo ser humano. Únicamente el compromiso que nace de la comprensión es genuinamente transformador.

          Ser pobre es vivir la desapropiación. La creencia que nos identifica con el yo o ego nos convierte en personas egocentradas, girando en torno a nosotros mismos, en la búsqueda ansiosa de aquello en lo que hemos proyectado nuestra supuesta felicidad: bienes, poder, imagen… Sin embargo, todo ello promete lo que no puede dar, dando lugar a la “noria hedonista”, en la que la búsqueda de placer se convierte en fuente de sufrimiento, porque no hay forma de burlar el vacío y la insatisfacción cuando se liga la propia identidad a la idea del “yo”.

          El sabio comprende que no es el yo. Y es esa comprensión la que, en medio de cualquier circunstancia, lo ancla en la ecuanimidad y la paz. Sabe que lo que somos se halla siempre a salvo. Y que podemos tener cosas –somos seres necesitados–, pero no ser esclavos de ellas.

          El sabio es compasivo. Y esto es justamente lo que vemos en Jesús. La compasión marcó toda su existencia porque se vivía desde la comprensión de su (nuestra) verdadera identidad. Cuando se vive desde ahí, la compasión brota en gratuidad y de manera desapropiada. Y, en cierto modo, constituye el test definitivo de la vida espiritual. De ahí que el propio Jesús resumiera todo el secreto del comportamiento ético adecuado en una sola frase, tras relatar la parábola del “buen samaritano”: “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). No hay más principio moral.

¿Qué significa la pobreza para mí? ¿Cómo me posiciono ante ella?

Semana 10 de febrero: ESPEJO (Pedro Miguel LAMET)

¿Quién es ese que me mira desde el espejo y que cambia cada día como una crisálida? ¿Se parece al niño que se contemplaba en otro espejo de la infancia, pegado quizás al rostro de mamá? ¿Se parece al adolescente que se peinó calibrando los matices de su rostro por primera vez? Podría ser una máscara de quita y pon, como las que los griegos usaban para el teatro y llamaban ‟persona”. 

          Este ego que soy, el que nació en tal sitio, estudió en tal otro y hoy tiene esta profesión, aquella novia, amigo, casa o esposa/o, ese pequeño o gran nombre se desvanece como un plano cinematográfico en la pantalla, para dar paso a otro y otro y otro…en el cambio que implacablemente marca el reloj.

          Hoy he descubierto que no soy ese; que esa es mi cáscara, mi apariencia, mi ego humano que se transforma sin parar y siempre se queda insatisfecho. 

       Ese es mi personaje en competencia conmigo mismo, siempre creyéndose centro del universo.

          Hoy he mirado más allá del espejo y percibí otra mirada sin rostro que desde el fondo de mí me daba paz y decía: Descansa. Lo tienes todo, eres todo”. Aquí y ahora.

Pedro Miguel LAMET