Semana 29 de octubre: EFECTOS DE LA MEDITACIÓN

DESCUBREN POR QUÉ FUNCIONA LA MEDITACIÓN

 Modifica las zonas cerebrales relacionadas con los objetivos de las técnicas empleadas

La práctica de la meditación modifica las zonas del cerebro vinculadas a la atención, las competencias socio-afectivas y socio-cognitivas dependiendo de las técnicas mentales empleadas, ha comprobado un estudio. Es la primera vez que se determina qué tipo de práctica mental produce qué efecto y cuáles son los procesos cerebrales implicados en cada técnica.

          La meditación cambia la arquitectura de algunas zonas del cerebro y consigue mejorar las habilidades sociales y reducir los niveles de ansiedad, ha descubierto un nuevo estudio realizado por científicos del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en Leipzig, Alemania, cuyos resultados se publican en Science Advances.

Ya se sabía que la meditación se desarrolla mediante una variedad de técnicas de entrenamiento mental que, en principio, pueden ser practicadas por cualquier persona. También se ha demostrado repetidamente que la meditación puede tener un efecto positivo en determinados aspectos de la salud y del bienestar. 

Sin embargo, hasta ahora, no estaba claro qué tipo de práctica mental produce qué efecto y cuáles son los procesos subyacentes de los efectos detectados, y es lo que aporta de nuevo esta investigación.

En esta investigación participaron 160 personas que realizaron tres programas de entrenamiento,  cada uno de ellos de tres meses de duración y centrados en un área específica de habilidades.

El primer programa estuvo dedicado los factores de conciencia y atención plena, en el cual los participantes realizaron técnicas básicas de meditación, respiración y atención a las sensaciones.

El segundo programa se centró en las competencias socio-afectivas, como la compasión, la gratitud, la empatía o la gestión de emociones difíciles. En este programa los participantes tuvieron que trabajar en parejas para compartir sus emociones.

 Actividades socio-cognitivas

En el tercer programa, centrado en actividades socio-cognitivas, como la autopercepción y adquirir la perspectiva de los otros, los participantes aprendieron a tomar diferentes perspectivas de aspectos de su personalidad a partir de experiencias subjetivas, que compartían a través de ejercicios específicos y en parejas.

Las 160 personas realizaron los ejercicios descritos para cada grupo durante 30 minutos al día, seis días a la semana. Al finalizar cada programa, los científicos registraron el estado de los participantes mediante test psicológicos, la medición de la actividad cerebral a través de resonancia magnética y también mediante diferentes análisis para establecer niveles de estrés en el cuerpo, como la liberación de cortisol.

Al concluir el primer programa,  los investigadores observaron cambios en áreas en la corteza cerebral vinculadas a la atención, mientras que al acabar los otros dos, centrados en las competencias socio-afectivas y socio-cognitivas, se vieron mejoras en aspectos como la compasión o la toma de perspectiva, con cambios en las regiones del cerebro donde se desarrollan esas habilidades. 

Por último, mediante un examen de estrés psicosocial, se descubrió que la secreción de cortisol, la hormona del estrés, disminuyó más de un 51%, aunque solo tras acabar los dos programas centrados en desarrollar competencias sociales. No se percibió esa bajada al acabar el primer programa, destinado a fomentar la atención. Sin embargo, al terminar cada uno de los tres programas, sí se había reducido la percepción subjetiva del estrés.

Cambios estructurales en el cerebro

“Nuestros descubrimientos muestran claramente que el entrenamiento mental diario, breve y específico puede producir cambios estructurales en el cerebro, lo que a su vez conduce a una mejora en la inteligencia social”, explica la investigadora Tania Singer, en un comunicado del Instituto Max Planck. 

Singer destaca la relevancia de estos descubrimientos para el sistema educativo y la aplicación clínica, teniendo en cuenta que “la empatía, la compasión y la toma de perspectiva son competencias cruciales para el éxito de las interacciones sociales, la resolución de conflictos y la cooperación”.

Los resultados, concluye Singer, muestran que cualquier adulto sano pueden mejorar competencias sociales cruciales necesarias para el éxito de la interacción social y la cooperación reduciendo el estrés a través de la meditación, y que cada ejercicio mental tiene un efecto diferente en el cerebro, la salud y el comportamiento.

“Dependiendo de la técnica de entrenamiento mental que se practique, cambiarán de forma significativa estructuras cerebrales específicas y los marcadores de comportamiento vinculados a ellas “, destaca Sofie Valk, autora principal del artículo. La investigación ha girado en torno al ReSource Project.

Referencia 

Structural plasticity of the social brain: Differential change after socio-affective and cognitive mental training. Science Advances  04 Oct 2017:Vol. 3, no. 10, e1700489. DOI:10.1126/sciadv.1700489

Fuente: http://www.tendencias21.net/Descubren-por-que-funciona-la-meditacion_a44202.html

Semana 15 de octubre: FLOTAR SOBRE LOS DESEOS

Algunos creyeron que la mejor forma de desapegarse era huir. Simeón el Estilita escogió una columna en el desierto para alejarse del mundo. Pero la cueva y el desierto no privaron a san Antonio de las tentaciones. Nos llevamos con nosotros el saco de los deseos a la calle, al monasterio o a las antípodas de nuestro planeta.

         Por eso el camino no es escapar, sino flotar como el pato en la superficie de los deseos. Muchas veces la renuncia ascética origina más deseos, los convierte en asignatura pendiente. Y el teóricamente santo se convierte en una persona con genio inaguantable, o la intachable virgen en una histérica a flor de piel.

         El día en que te aceptes con tus deseos, sin pretender responder al “superego” (tu personaje, creado por la educación, la cultura), ese día habrás dado el primer paso.

         Vivir sin apego es vivir con todo y sin nada, como de viaje por las cosas, mirando su transparencia, su sabor a más, su índole de trasunto, su perfume efímero, su canto de patria lejana que llama a seguir el camino, sin asir nada, sin anclarse definitivamente en nada. Por otra parte, ¿cómo aniquilar los deseos, que son facetas tan apetecibles de la vida? ¿Valdría la pena vivir sin pasión, sin risas ni lágrimas? ¿No sería mejor incluso sufrir y hasta el desengaño, después de haber gozado y tocado con la punta de los dedos la gran ilusión? Ayuda, para nadar en aguas medias, cambiar las adicciones por preferencias.

         Sueñas con tener un piso de tales características. Bien, pones los medios para conseguirlo y, dentro de ti, prefieres esa posesión a no tenerla. Pero si la vida o las circunstancias no te lo permiten, entonces te quedas bien porque tú eres mucho más que tu piso. Y tú solo lo preferías. Además sabes que vendrán otros regalos y satisfacciones, porque el chorro de la vida es inagotable.

         No se trata de no desear, sino de flotar sobre los deseos.

Pedro Miguel LAMET, en Revista 21, abril 2016, p. 53.

 

Semana 8 de octubre: ¿Libertad versus determinismo?

Cuando tratamos de resolver el enfrentamiento libertad versus determinismo, por lo que poco voy viendo, o mejor dicho, por lo poco que se me va regalando, nuestra respuesta dependerá radicalmente de dónde nos situemos para contestar a la pregunta.

Cuando nos situamos en el yo -en la persona separada- o estado mental, desde la identificación con la mente y sus mensajes, de entrada es habitual experimentar una sensación aparente de libertad de decidir, de control sobre las acciones o reacciones ante los eventos que nos suceden en el presente y de poseer también cierto control sobre los que nos aguardan en el futuro. Así, decidimos cerrar la puerta con llave en lugar de dejarla abierta, elegir la ropa que creemos nos sienta mejor, o beber agua y no coca-cola. Sin embargo, en una indagación más profunda, una posible explicación a estas acciones podría ser la de que hemos cerrado la casa porque creemos que es más seguro, elegimos la ropa creyendo que seremos mejor aceptados, más valorados por los demás, y seleccionamos agua porque creemos que es más saludable, por ejemplo.

Estas creencias mentales de las que tan seguros estamos son, pues, las que realmente controlan nuestras decisiones. Pero, ¿decidimos nuestras creencias libremente? Estas pueden tener su origen en experiencias previas, las opiniones de nuestros padres, el entorno, etc. Estos condicionamientos internos nos hacen, por tanto, repetir una y otra vez nuestras respuestas ante la vida aun sin ser conscientes de ello. De hecho, sin esas creencias grabadas en el subconsciente, nos resultaría imposible tomar decisiones desde la mente; quedaríamos paralizados en la eterna duda, pues la mente bien examinada nunca puede saber nada con certeza: ¿qué es mejor o qué es peor? En los acontecimientos dolorosos a menudo aprendemos más que en los placenteros, por tanto: ¿qué nos conviene? ¿Qué va a ocurrir en el futuro? La mente no sabe, solamente juega a saberlo, especula, pero es todo una ilusión, pues toda creencia es siempre relativa. Sin embargo, al no hacernos conscientes de ese relativismo mental, absolutizamos las creencias intentando que la realidad se ajuste a ellas, constituyendo nuestra principal fuente de sufrimiento: la distancia entre lo que es y lo que debería ser. En cambio, fuera del nivel mental, las cosas son lo que son, sin etiquetas ni juicios. Esto no quiere decir que la mente sea mala o dañina, que sería otro juicio mental más, sino solamente una herramienta adecuada para funcionar en el mundo de los objetos.

Si vamos todavía más lejos, al no tener ninguna certeza, el propio “yo” se convierte en otra creencia más, aunque la hayamos absolutizado aferrándonos a ella. De hecho, cuando silenciamos la mente y tomamos distancia de ella, este se diluye. Pero, incluso dándonos cuenta de ello, desde el estado mental la ilusión perdura debido a la gran inercia que llevamos y al refuerzo que esta idea recibe del exterior.

Otra pregunta interesante sería: ¿nuestros pensamientos son realmente nuestros o sencillamente aparecen? ¿Podemos saber lo que pensaremos el próximo minuto? ¿Sabía hace cinco minutos lo que iba a escribir en estas líneas o simplemente este texto se ha ido escribiendo? Si somos honestos, vemos que tampoco tenemos capacidad para pensar libremente. Luego si no podemos decidir sin condicionamientos y nuestros pensamientos no son libres, la conclusión aparente es que nuestra persona está completamente determinada.

Esta conclusión leída desde la mente puede producirnos cierto agobio. Sin embargo, al salir del estado mental y situarnos en el testigo o estado de presencia, la sensación del yo se diluye y desde ahí podemos, por ejemplo, mover conscientemente cualquier parte de nuestro cuerpo, caminar, sonreír, expresarnos corporalmente con total libertad en cada instante, con total espontaneidad. Fuera de la mente no se experimenta determinismo, sino todo contrario, “no hay quien controle”. Las acciones, los movimientos, brotan en un flujo incesante y espontáneo.

En mi opinión, la Totalidad, el YO, se expresa en la multiplicidad de las formas que lo constituyen -entre ellas nuestros yoes-, y desde el estado de presencia permitimos que esta expresión se haga a través de nosotros, haciéndonos además uno con ella. Desde ahí no tenemos libertad sino que somos Libertad. Esta forma de expresión de la Totalidad mediante el movimiento espontáneo de los seres es, a mi juicio, una de las maneras en que lo hace, pero también creo que los condicionamientos de los que hablábamos, todas las leyes físicas y biológicas que rigen el universo, la relación que existe de todo con todo, el instinto, los pensamientos, las emociones, el arte y quizá también incluso la aleatoriedad son otras maneras igualmente válidas en las que se expresa. En definitiva, no queda nada fuera, ni siquiera lo que nos es aún desconocido. No hay nada que condicione a la Totalidad, aunque sus formas analizadas por separado sí estén condicionadas igual que mi mano no es libre para hacer lo que quiera, sino que está condicionada al resto del cuerpo. El problema surgiría si mi mano tratara de reflexionar acerca de su libertad como ente independiente, ya que entonces se vería determinada, enjaulada, dependiente del resto. Cuando nos sintamos encerrados en el estado mental, la única salida posible es, por tanto, comprender y abandonarlo.

Lo que sí me parece legítimo es que desde la mente, desde la parte y no desde el todo, nos formulemos la pregunta, ahora ya curiosa y no angustiosa, sobre cuáles son las leyes que lo rigen todo y que rigen a nuestro pequeño yo, de qué parte del universo funciona mediante leyes matemáticas, qué parte es simple y pura espontaneidad, qué parte es aleatoriedad, etc. La ciencia, la intuición o la deducción mental tratan de ayudarnos en este cometido. Seguro que poco a poco vamos creciendo en comprensión de los entresijos de este “teatro” en el que nos encontramos inmersos. Pero no como otro instrumento de control, sino porque sí.

Javier Prieto Mateos